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París y Napoleón III

Revolución y urbanismo

La idea fue copiada posteriormente por los megalómanos sátrapas de  las diferentes repúblicas socialistas soviéticas

Antonio Gil-Terrón Puchades 07 Mar 2022 - 07:48 CET
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No es casualidad que el diseño urbano de interminables avenidas y descomunales plazas, en las principales ciudades europeas, coincidan en el tiempo con el surgimiento de las grandes revoluciones ciudadanas.

En 1853, un año después de la llegada al poder de Napoleón III, el nuevo emperador encarga al arquitecto Georges–Eugène Haussmann, el diseño ´faraonico´ del moderno París,  tal y como lo conocemos ahora.

Lo que ya no todo el mundo sabe es que la razón para la creación del nuevo París, fue más por practicidad policial-militar que por estética.

Hasta ese momento París era una ciudad fácil de amotinarse, por lo angosto de sus callejones, donde podían montarse -en un instante- barricadas, con cuatro enseres amontonados. Un laberinto de callejuelas de corte medieval, por las que se extendían como la pólvora las periódicas revueltas populares que desde la Revolución Francesa, en 1789, habían derrocado ya a varios gobiernos. Cada esquina del viejo París era una trampa mortal para las fuerzas policiales y militares del Gobierno. Las curvas y quiebros del trazado, hacían imposible las descargas de fusilería.

Con la Masacre de Peterloo, acaecida en agosto de 1819, en Manchester (Inglaterra), cuando el 15º regimiento de Húsares, cargó sable en mano, contra una manifestación pacífica de 70.000 personas que exigían reformas en la representación parlamentaria, se había demostrado que nada mejor que un gran espacio urbano abierto, para una ´buena ´carga de caballería.

Amén de un uso más eficiente de la caballería, y aprovechando el invento de la ametralladora, Napoleón III crea en París grandes avenidas y plazas, para que ´los revolucionarios´ puedan manifestarse ´a gusto´, y morir ´a sus anchas´.

Evidencia de lo que digo es que el emperador designó al ministro del interior Victor de Persigny, para que supervisara personalmente la nueva planificación urbanística de París que estaba desarrollando Haussmann, donde los trazados rectilíneos dificultaban la construcción de barricadas, táctica de las resistencias revolucionarias desde 1827.

La idea fue copiada posteriormente por los megalómanos sátrapas de  las diferentes repúblicas socialistas soviéticas, los cuales, una vez adueñados del poder, se dedicaron a crear grandes avenidas; tanto para sus fatuas exhibiciones militaristas, como para facilitar la represión de posibles revueltas y revoluciones. Y es que no hay peor puritana, que la que antes ha sido puta.

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