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Si estamos contentos y lo exteriorizamos, haremos feliz a quien nos quiere, e infeliz a quien nos odia.
Por el contrario, si estamos tristes y lo exteriorizamos, haremos sufrir a quien nos quiere, y reír a quien nos detesta.
Resumiendo; aunque estemos con el corazón quebrado, deseando que la tierra se abra bajo nuestros pies, nunca hay que perder la sonrisa ni las maneras, salvo que queramos ver sonreír a las comadrejas.
¿Acaso es eso hipocresía?
Pues sí lo es, prefiero ser un hipócrita antes que hacer sufrir a aquellos que me aprecian.
Pero cuando ya no podáis más, y vuestra alma se desmadeje de desconsuelo y tristeza, como un muñeco de trapo abandonado en el cajón de los juguetes rotos, en ese momento recordad que para eso también sirven los cuartos de baño (wc), mudos testigos llantos y penas.
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