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Si no tuviera trasfondo político tanta guarrería, uno tendría la impresión de que nos movemos por un mix de ‘Tinder’, ‘Follamigos’ y ‘Hola’.
Mires donde mires, vicio, corrupción y enredos sexuales.
No tanto por las tórridas fotografías de Jessica, reveladas por Ketty Garat y Teresa Gómez en ‘The Objective’, que llevaba Koldo en su teléfono móvil y sirvieron al entonces ministro Ábalos para elegir novia de pago y colocarla en la Administración, sino por el resto de affaires.
Porque ha querido la fortuna que la noticia de que el juez sentencia a Rubiales a pagar 10.000 euros, por darle un beso-sorpresa a la futbolista Jennifer Hermoso, haya coincidido con el reventón del ‘Caso Monedero’.
Tres días les ha costado a ‘El País’ y a la Cadena SER enterarse de que el baboso fundador de Podemos es acusado en tropel de abusos sexuales y se han hecho del asunto cuando la adocenada Universidad Complutense, tras una década de vergonzoso silencio, ha puesto en marcha un protocolo para investigar las denuncias de una alumna.
RTVE y otros miembros de la ‘Brunete Pedrete’ periodística todavía no se han enterado y siguen erre que erre tratando de tiznar a Ayuso y repitiendo que Trump y Milei son muy malos.
Lo de Rubiales, que era patanegra del PSOE y rendido admirador del marido de Begoña hasta que le cayó encima la mundial, es un escándalo artificial, una cortina de humo.
Ella declaró que no había dado permiso para el ‘piquito’ y como sigue vigente esa memez de la Ley del Si es Si, el juez se cubre el trasero tirando por la vía del medio con una multa. Punto.
Lo de Monedero, Pablo Iglesias, Irene Montero, Ione Belarra y compadres es una impudicia, una inmoralidad, una estafa, un bochinche repugnante.
Campeones del feminismo, del ‘hermana, yo sí te creo‘, resulta que taparon las denuncias de acoso sexual que implicaban a uno de sus machos alfa.
Eso unos, porque otros como ese Iglesias a quien Sánchez hizo vicepresidente del Gobierno de España, hace tiempo que carga en la chepa con indicios de que siempre ha estado en el mismo juego.
Como soltó hace unos días en pleno prime time televisivo la abrasiva Macarena Olona, esta panda infame, que arropada por el PSOE se las arregló para llevar al BOE en forma de leyes los húmedos sueños que alimentaron a golpe de porros y cervezas en el bar de la facultad, eligió para su tenderete el nombre de ‘Podemos’, porque los de ‘Trinquemos’ o ‘Follemos’ les parecieron demasiado explícitos.
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