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Pedro Manuel Hernández: «¿Va Sánchez a declarar la guerra a Israel con el patrullero ‘Furor’ (P-46)…?»

Pedro Manuel Hernández López 26 Sep 2025 - 11:02 CET
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Sánchez le pone escolta de la Armada a la flotilla pro-Hamás: un patrullero con 46 tripulantes

El Gobierno de Pedro Sánchez acaba de escribir un nuevo capítulo surrealista en el manual de la política exterior improvisada, caprichosa y peligrosa. La noticia ha caído como un misil en la opinión pública: el patrullero de la Armada Española, «Furor»(P-46) –un buque de 93 metros de eslora y dotado con helipuerto, con un cañón, ametralladoras y un dron solar de vigilancia y que
puede participar en misiones de rescate pero también de escolta y protección de otros barcos–  ha sido movilizado desde Cartagena para “proteger” a la flotilla humanitaria que se dirige a Gaza por orden expresa de Sánchez al Ministerio de Defensa.Se trata de una flotilla de medio centenar de embarcaciones que navega hacia un territorio bajo asedio militar, en plena guerra abierta entre Israel y Hamás, y cuyo trayecto puede ser cualquier cosa, todo, menos un crucero de placer por el Mediterráneo organizado por «Costa Cruceros».

La primera pregunta es obvia: ¿qué significa “proteger” en este contexto…? ¿Se trata de escoltar, de vigilar, de disuadir o de intervenir militarmente en caso de que la marina israelí bloquee, intercepte o aborde a alguno de los barcos…? ¿Con qué reglas de enfrentamiento…? ¿Acaso los marineros españoles tienen orden de abrir fuego contra unidades israelíes, una de las marinas más potentes y tecnológicamente avanzadas del mundo…? Y si la respuesta es sí, ¿es consciente Sánchez de que eso equivale a declarar la guerra de España a Israel de manera formal y sin pasar por el Parlamento, en una operación improvisada y de dudosa legalidad internacional…?

Si la respuesta es no, es decir, que el buque ‘Furor » P-46 no hará absolutamente nada en caso de conflicto, entonces la decisión se convierte en una mera maniobra propagandística, otra pose de Sánchez para presumir de humanidad a costa de exponer a los militares españoles a una misión sin sentido y sin reglas claras. ¿Para qué movilizar entonces un buque de guerra, con todo el gasto logístico, de combustible, de personal y de armamento, si no hay intención de usarlo? ¿España puede permitirse este lujo en medio de un déficit público disparado, una sanidad colapsada y una deuda que nos asfixia?

El problema es que, en ambos escenarios, España pierde. Si dispara, se convierte en un acto de guerra con consecuencias políticas,socioeconómicas, diplomáticas y militares incalculables. Si no dispara, se convierte en el hazmerreír internacional: una Armada desplegada para nada, un símbolo vacío y típico de la megalomanía de un presidente que confunde la política exterior con un plató de televisión.

Conviene recordar que el «Furor» P-46 no es un portaviones ni una fragata de guerra de última generación, sino un patrullero oceánico –armado con cañones, ametralladoras y subfusiles diseñado exclusivamente para misiones de vigilancia y control marítimo– no para enfrentarse a unidades de combate de una marina con submarinos nucleares, corbetas de última generacion y misiles teleguiados.. En otras palabras, Sánchez está mandando a nuestros marinos con pistolas a una partida de ajedrez nuclear.

¿Se ha preguntado el presidente qué ocurrirá si Israel, fiel a su política de bloqueo naval a Gaza, decide abordar uno de los barcos de la flotilla y el «Furor» se interpone…? ¿Qué ocurrirá si hay disparos al aire, si alguien resulta herido o si se produce un choque…? ¿Responderá España con fuego real…? ¿Ordenará Sánchez desde Moncloa el primer ataque bélico contra Israel en la historia de nuestro país…? Y si no lo hace, ¿qué cara pondrán los tripulantes del «Furor» sabiendo que han sido enviados a una «misión imposible» con el riesgo de ser humillados internacionalmente?

Todo esto, además, sin que nadie haya explicado con rigor y claridad qué base legal ampara esta misión. No hay mandato de la ONU. No hay acuerdo de la OTAN. No hay consenso europeo. Es una decisión unilateral, nacida de la vanidad de Sánchez y de su obsesión por figurar en los titulares internacionales como el gran defensor de la causa palestina, aunque para ello tenga que poner en riesgo la seguridad de militares españoles y, de paso comprometer muy seriamente la posición diplomática de España en Oriente Medio.

La pregunta final es inevitable: ¿España puede permitirse este lujo económico…? Mantener en misión un patrullero cuesta cientos de miles de euros en combustible, víveres, munición, mantenimiento y horas extra de la tripulación. ¿ Y el lujo político…? porque este gesto politico prepotente e improvisado puede romper oficialmente las relaciones con Israel, enemistarnos con Estados Unidos —el gran aliado histórico de Tel Aviv— y descolocarnos dentro de la Unión Europea, donde no todos los países comparten el «ardor guerrero» propagandístico de Sánchez.

Mientras los españoles de apie seguimos pagando la fiesta, Sánchez convierte la Armada en un decorado propagandístico de su «autárquico ego» y a nuestros bravis marinos en figurantes involuntarios y el dinero público en el combustible de su megalomanía. ¿Qué pasará si mañana otro país aliado nos pide explicaciones…? ¿Qué pasará si Israel decide usar su derecho a defenderse y responder con firmeza a la provocación? ¿Qué pasará si, en medio de este delirio, uno o varios soldado españoles resultan heridos o muertos…?

La respuesta es clara: Sánchez no tiene plan, ni estrategia ni respuesta, porquenno tiene ni idea de lo que está haciendo. Sólo tiene un objetivo: perpetuarse como “estadista internacional” aunque para ello arrastre a España a un conflicto que ni nos corresponde ni podemos ganar. Lo único que sí sabemos es que, como siempre, el precio lo pagaremos nosotros y él, posiblemente, acabará sentado en el sillón presidencial de ACNUR, que, al parecer, es su próximo objetivo, a pesar de que no deja de repetir –para disimular o egañarnos– que se volverá a presentar a las Elecciones Generales para ser de nuevo presidente.

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