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¿Por qué toca ahora ensalzar a Guillermo Fernández Vara post mortem?

Guillermo Fernández Vara: la santificación cínica del legado de un mediocre.

Carolus Aurelius Cálidus Unionis 06 Oct 2025 - 09:14 CET
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No es cuestión de hacer leña del árbol caído ni de celebrar la muerte de nadie. Todo lo contrario. Pero resulta, cuando menos, chocante —por no decir insultante— el consenso unánime que ha suscitado la muerte de Guillermo Fernández Vara, el apadrinado de Juan Carlos Rodríguez Ibarra, heredero político del “régimen del ibarrismo” que durante casi medio siglo ha mantenido a Extremadura en un estado de subdesarrollo crónico.

Ambos, Ibarra y Vara, hijos del mismo molde ideológico y vecinos de las mismas tierras, compartían algo más que militancia en el PSOE y afición por el Fútbol Club Barcelona: compartían la convicción de que el intervencionismo, el clientelismo y la subvención eran el destino natural de los extremeños. La idea era perpetuar un sistema donde la dependencia se disfrazaba de protección, donde los fondos públicos se convertían en moneda de fidelidad política y donde la propaganda reemplazaba la acción real.

Un recuerdo personal

Conocí a quien muchos llamaban “Willy” en 2007, recién estrenado presidente de la Junta de Extremadura. Convocó entonces, en gesto que parecía abierto y prometedor, a los ciudadanos que quisieran hacerle llegar propuestas. Acudí a aquella cita en calidad de presidente de la Asociación de Padres y Madres Separados de Extremadura.

Le pedí que promoviera la mediación y orientación familiar, que garantizara la corresponsabilidad parental tras el divorcio: que los niños siguieran disfrutando de ambos progenitores, que los padres y las madres participaran por igual en la crianza de sus hijos.

Me escuchó con gesto compasivo y me aseguró que “cogería el toro por los cuernos”. Para mi sorpresa, ignoraba incluso la existencia del Centro de Orientación y Mediación Familiar de la Junta, un organismo que ya funcionaba desde años atrás.

Me prometió reformarlo, dotarlo de contenido y eficacia. Ingenuo de mí, le creí. Tal vez porque Vara se presentaba como un “católico convencido”, pensé que su palabra valdría algo. Todavía estoy esperando que cumpla una sola de aquellas promesas aunque, lógicamente ya es imposible…

En paralelo, la población extremeña siguió sumida en la rutina de la incompetencia política disfrazada de diálogo, con promesas vacías que se repetían año tras año.

Extremadura: el espejo roto del socialismo español

Si existe una muestra representativa del fracaso del socialismo en España, esa es Extremadura. Durante más de cuarenta años, la región ha sido el laboratorio perfecto de un modelo intervencionista, paternalista y dependiente, mantenido artificialmente por la subvención europea y el gasto público improductivo.

La Unión Europea considera a Extremadura región “pobre”, y la trata como tal: recibe trato preferente, ayudas estructurales, fondos FEDER, PER, FSE y todo tipo de transferencias compensatorias. Pero nada cambia. Ni el dinero ni las buenas palabras han servido para sacar a Extremadura del pozo.

Según el INE, el estudio sobre Condiciones de Vida (2018) ya señalaba que uno de cada cinco españoles estaba en riesgo de pobreza. En Extremadura, eran cinco de cada diez.

Casi cinco décadas de subvención y decadencia

Extremadura sigue siendo lo que ya era en 1981: la región más pobre de España. Entonces tenía 1.050.000 habitantes; hoy, apenas 1.080.000. Mientras España crecía hasta los 47 millones, Extremadura se estancaba. La región envejece, se vacía y emigra. Casi el 35% de los extremeños vive en municipios de menos de 5.000 habitantes, y los jóvenes huyen hacia Madrid o hacia el extranjero buscando lo que aquí no se les ofrece: empleo y dignidad.

El resultado es una taifa subsidiada, una región donde la Junta es la mayor empresa, cuyo negocio consiste en repartir subvenciones y fidelidades, mientras que el sector privado languidece: apenas 70.000 empresas, de las cuales el 90% tiene menos de seis trabajadores. La exportación extremeña representa solo el 0,6% del total nacional, inalterable desde hace tres décadas.

El “varismo”: clientelismo, propaganda y complicidad

El llamado “ibarrismo-varismo” ha sido mucho más que una ideología: ha sido un régimen clientelar. Un entramado de fidelidades políticas, cargos cruzados, observatorios inútiles y servidumbres voluntarias. El poder se sostiene sobre el control de los fondos públicos, la manipulación presupuestaria, la falta de fiscalización y el adoctrinamiento sentimental de una población acostumbrada a vivir bajo el hechizo del paternalismo socialista.

Como todo régimen populista, el ibarrismo-varismo ha necesitado enemigos permanentes: “la derecha egoísta”, “el franquismo”, “el caciquismo histórico”. Mientras tanto, Extremadura se vacía, envejece y se empobrece, pero la propaganda sigue funcionando. El discurso oficial repite que estamos “en una nueva etapa de transformación”. La enésima. Y quienes ayer aplaudían con fervor a Ibarra o a Vara hoy ocupan los mismos sillones, repitiendo los mismos vicios, amparados en la misma retórica de “igualdad” y “solidaridad”.

La pobreza planificada

Los datos del INE son elocuentes: Extremadura no solo es pobre; está planificada para seguir siéndolo.
El 70% de los asalariados son mileuristas.

El socialismo dice ser “amigo de los pobres”, pero cada vez que gobierna crea más pobreza. No emancipa: subsidia. No educa: adoctrina. No construye ciudadanos: produce súbditos agradecidos.

Algunas sabrosas anécdotas

Homenajes post mortem: el cinismo del consenso

Hoy se alaba al hombre “bueno y dialogante”, se ensalza su “moderación”, se oculta su complicidad con el sanchismo, y se ignora el balance devastador de su gestión. Se suman a las loas la derecha boba socialdemócrata, con María Guardiola al frente en Extremadura y su jefe Feijoo a escala nacional, intentando blanquear décadas de mediocridad.

No se trata de hacer leña del árbol caído: es imprescindible recordar la verdad histórica, los datos, los efectos de su gestión y el modelo de dependencia que consolidó.

Romper el círculo vicioso

Tras casi medio siglo de socialismo, Extremadura sigue en el vagón de cola de España. No por fatalidad, sino por diseño político. La única salida real sería recentralizar el Estado, recuperar las competencias esenciales (enseñanza, sanidad, justicia) y restituir la unidad de mercado y de gestión nacional. Solo así los ciudadanos dejarían de ser rehenes de los reinos de taifas autonómicos y recuperarían la igualdad real ante la ley y las oportunidades.

Epílogo: la dignidad pendiente

Extremadura es el resultado visible del modelo que la izquierda ha vendido a toda España: una región subsidiada, resignada y dependiente, rica en potencial y pobre en libertad. Y ahora se pretende que rindamos homenaje a quien la administró como un feudo, bajo la bandera de la igualdad y el clientelismo del siglo XXI.

Insisto: no se trata de hacer leña del árbol caído, sino de recordar que ese árbol, mientras estuvo en pie, no dio fruto alguno. La verdadera lealtad hacia Extremadura no consiste en aplaudir a sus verdugos, sino en decir la verdad sobre ellos.

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