Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

ARTÍCULO PUBLICADO EN ‘DIARIO DE SEVILLA’

Del pirata Morgan al superpirata Trump: saqueo del Caribe a la era global

Jerónimo Páez establece un audaz paralelismo entre Henry Morgan y Donald Trump, dos piratas contemporáneos que transforman el pillaje en poder institucional desde el núcleo del sistema

Periodista Digital 22 Ene 2026 - 08:26 CET
Archivado en:

Más información

«Ahora está a prueba la capacidad de Trump para mantener unida a una inquieta coalición republicana»

Jerónimo Páez, con su habitual perspicacia, titula su última columna Del gran pirata Morgan del siglo XVII al superpirata del siglo XXI, Donald Trump:

«La historia está repleta de piratas. Algunos reales, otros glorificados con el tiempo. Todos, sin excepción, buscaron lo mismo: poder, botín y control».

En esta publicación de Diario de Sevilla, el autor desentraña su idea central: la piratería no ha desaparecido, simplemente ha cambiado hacia formas institucionales manifestadas en líderes como Trump, quien opera desde el corazón de Estados Unidos para saquear recursos a nivel global mediante sanciones y presiones en vez de galeones.

Páez comienza evocando el Caribe del siglo XVII como el centro neurálgico del saqueo mundial. Allí corsarios como Henry Morgan no eran simples delincuentes, sino instrumentos de imperios. «En el siglo XVII, el Caribe fue el gran tablero del saqueo global. En él convergieron corsarios ingleses, franceses y holandeses, alentados –y a veces financiados– por sus respectivas coronas». El autor destaca que Morgan elevó el pillaje a una estrategia: arrasó Portobelo, Maracaibo y Panamá, ocultando tesoros y eliminando testigos, para finalmente ser ennoblecido como gobernador. «Morgan no fue solo un pirata. Fue un estratega del pillaje. […] Murió ennoblecido, nombrado gobernador, integrado en el mismo orden que había violentado». Así, lo que era un crimen se convirtió en un mérito político; un saqueo transformado en sistema.

El salto al presente es sorprendente. Páez contrasta las limitaciones de Morgan –barcos de madera y violencia manifiesta– con la piratería actual, donde el botín son petróleo, gas, minerales y rutas comerciales gestionadas a través de mercados y diplomacia coercitiva. «Trump no actúa como un pirata al margen del sistema; lo hace desde dentro de él, utilizando el poder institucional de la mayor potencia del mundo para imponer su voluntad». Ejemplos como la codicia por Groenlandia –un enclave estratégico justificado por la «seguridad»– o las sanciones impuestas a Venezuela, Cuba y América Latina evidencian esta lógica: despojar países enteros sin cañones, solo con decretos que desestabilizan regiones.

Esta evolución plantea inquietudes sobre su legitimidad democrática. «Morgan operaba en la penumbra del imperio. Trump ha sido elegido por millones de ciudadanos. No gobierna contra el sistema; lo hace con el respaldo formal de las urnas». Páez advierte que esta forma de piratería socava normas internacionales, alianzas y derechos en favor de la fuerza bruta; un contagio histórico visible también en piratas asiáticos como Sandokán o en la estrategia china en el mar de China Meridional y el Ártico. China, aclara, lleva a cabo una versión más sofisticada: construye infraestructuras, crea deuda y establece presencia naval sin mostrar una bandera negra.

La reflexión se amplía hacia los riesgos globales. Líderes que normalizan el saqueo como forma de liderazgo convierten al mundo en un mar ingobernable, resonando con aquel Caribe morganiano pero ahora a escala planetaria. Páez concluye con una advertencia contundente: cuando la ambición desmedida sustituye al derecho, no solo están en peligro territorios; también se pone en jaque la reconfiguración misma del orden mundial.

Para analizar las claves de esta analogía, veamos sus pilares resumidos en esta tabla:

Aspecto Henry Morgan (s. XVII) Donald Trump (s. XXI)
Botín Oro, plata, ciudades como Panamá Recursos energéticos, Groenlandia, rutas comerciales
Método Galeones, violencia directa Sanciones, decretos, poder institucional
Legitimidad Corsario imperial que luego se convierte en gobernador Elegido democráticamente
Alcance Regional (Caribe) Global (países enteros y orden internacional)
Legado Crimen ennoblecido Erosión de normas y contagio a rivales como China

Esta comparación no solo revela patrones históricos; también interroga a las democracias actuales: ¿toleramos a los piratas en el poder porque riman con nuestras urnas? Páez magistralmente nos deja navegando en aguas turbulentas, cuestionando si este mapa del tesoro definitivo podría acabar hundiendo nuestro barco colectivo.

Más en Columnistas

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

CONTRIBUYE

Mobile Version Powered by