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Ramiro Grau Morancho: «Zapatero y sus chanchullos»

Ramiro Grau Morancho 13 May 2026 - 15:14 CET
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Establecen las leyes, dictadas por los Presidentes del Gobierno en su propio beneficio, que los ex presidentes tendrán derecho a una pensión vitalicia del  80% de lo que cobre en todo momento quien ejerza la Presidencia del Gobierno, a una oficina, a varios asesores y empleados administrativos, nombrados por ellos mismos, a dedo, a coche oficial, con chófer o chóferes, y a los escoltas que procedan, y cuyo número y categorías no se publican, por razones de seguridad.

Obviamente, todo pagado por el Estado, es decir por nosotros, los contribuyentes, con cargo a nuestros impuestos.

Zapatero dejó de ser presidente con 52 años, creo recordar, e hizo buena la frase, dicha a su esposa, según se ha publicado, de que “en España, cualquier imbécil puede llegar a presidente del   gobierno”.

Pero no satisfecho con todos estos privilegios y sinecuras, reformó la Ley del Consejo de Estado, para dar cabida en el  mismo a todos los ex presidentes, como Consejeros Natos, con el salario correspondiente, totalmente compatible, ¡faltaría más!, con la pensión vitalicia de ex presidentes del  gobierno.

Hoy por hoy, no creo que ningún Consejero de Estado cobre menos de ciento cincuenta mil euros anuales, euro arriba, o abajo…

No contento  con esa privilegiada situación, de por vida, auspició la reforma de la sede del Consejo de Estado, en la calle Mayor de Madrid, para construirle un despacho de categoría, con arreglo a su supuesta importancia como ex presidente del gobierno, etc., y se dedica a toda clase de “negocios”, chanchullos y tejemanejes, que espero den con sus huesos en el banquillo de los acusados, y más bien pronto que tarde.

De cualquier forma, y como  jurista que soy, creo en la presunción de inocencia, aunque en el caso de los políticos, más bien creo en la presunción de culpabilidad, salvo prueba en contrario, como sucede en el caso de la violencia sobre el sexo fuerte, mal llamado sexo débil, las mujeres.

Zapatero, quién no te conozca, ¡que te alquile!

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