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INVESTIGADA POR CINCO DELITOS

Bochorno en los Goya: la pentaimputada Begoña Gómez se pasea por la alfombra roja como una estrella

La presencia institucional del matrimonio presidencial en plena oleada de casos de corrupción que salpican al entorno más cercano al PSOE, resultó indigesto para buena parte de la opinión pública

Cristina López Mantas 02 Mar 2026 - 07:19 CET
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Un año más, volvió a ser un esperpento.

Los premios Goya se convirtieron en un escaparate del descaro del sanchismo. La protagonista indiscutible de la noche no fue ninguna actriz ni directora, sino Begoña Gómez, la esposa del presidente del Gobierno, imputada por cinco delitos graves —tráfico de influencias, corrupción en los negocios, apropiación indebida, intrusismo profesional y malversación de caudales públicos— y que, lejos de mantener un perfil bajo, decidió desfilar por la alfombra roja como si fuera una estrella más.

Con una blazer de lentejuelas firmada por la diseñadora Teresa Helbig —una pieza de brillos dorados, negros y rojos que no pasó desapercibida—, pantalón sastre y pose de diva, Begoña Gómez posó en solitario ante los flashes, saludó a las cámaras con total naturalidad y recorrió la alfombra como una invitada de lujo. Todo ello mientras su marido, Pedro Sánchez, cumplía con el protocolo junto al resto de autoridades.

La mujer investigada por presunto uso indebido de su posición en La Moncloa y la Complutense se pavoneó en la fiesta del cine patrio como si los juzgados no existieran. Lo cierto es que el caso sigue abierto, con el juez Peinado habiendo prorrogado recientemente la instrucción y la Audiencia de Madrid corrigiendo algunos aspectos procesales, pero sin que ello haya supuesto el archivo de las pesquisas.

Lejos de eso, los indicios siguen sobre la mesa. Sin embargo, en la 40ª edición de los Goya, celebrada en Barcelona, nada de eso pareció importar.

La presencia institucional del matrimonio presidencial en plena oleada de casos de corrupción que salpican al entorno más cercano al PSOE, resultó indigesto para buena parte de la opinión pública. Los Goya, una vez más, sirvieron de escenario para que el sanchismo demostrara su capacidad de normalizar lo anormal. Y Begoña Gómez, con lentejuelas y sin pudor, fue la estrella indiscutible de tan bochornosa función.

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