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The Economist

Varapalo de la prensa internacional a la peregrina idea de poner un impuesto sobre los beneficios inexistentes de las empresas eléctricas españolas

La ministra de Trabajo española se le ha ocurrido, sin embargo, gravar a la víctima (las eléctricas) y mirar para otro lado con las que verdaderamente se están aprovechando (las petroleras).

Mario Lima 18 Mar 2022 - 21:35 CET
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El mayor precio del gas ha supuesto unos beneficios extraordinarios para las petroleras y las gasistas, y mayores costes y menos beneficios para la industria y el sector eléctrico.

La ministra de Trabajo española se le ha ocurrido, sin embargo, gravar a la víctima (las eléctricas) y mirar para otro lado con las que verdaderamente se están aprovechando (las petroleras).

The Economist (19.03.2022) ha dejado claro que los impuestos sobre los beneficios caídos del cielo de las energéticas son una mala idea. Y cita aquellos gobiernos que se les ha ocurrido introducir gravámenes sobre los supuestos beneficios caídos del cielo como son España, Italia, Bulgaria y Rumanía. En el caso de España, para mayor gravedad, sobre unos beneficios inexistentes de las eléctricas que, lejos de ganar más, han visto reducir sus resultados en España por el aumento de sus costes (gas) al mantener el 75% de las ventas a un precio invariablemente fijo.

Sin embargo, doce senadores demócratas han propuesto que, si hay que gravar los beneficios caídos del cielo es a aquellas compañías que los tienen, como las petroleras o las gasistas, no las que no los tienen, como las eléctricas.

El Financial Times recomienda, empero…”gravar los beneficios caídos del cielo de las empresas de petróleo y gas del Mar del Norte (página 19 de la edición del viernes, 18.03.2022). Es el columnista Chris Giles quien opina que la invasión rusa de Ucrania ha elevado tanto los precios del crudo que son las petroleras, gasistas y otras contaminantes las que han obtenido beneficios caídos del cielo en su caso en el Mar del Norte. Para lo cual justifica el columnista un impuesto.

Lo cierto y verdad es que el mayor precio del gas ha supuesto unos beneficios extraordinarios para las petroleras y las gasistas, y mayores costes y menos beneficios para la industria y el sector eléctrico. Sólo en España se les ocurre gravar a la víctima (las eléctricas) y mirar para otro lado con las petroleras.

Para The Economist:

“Cada vez que el petróleo y el gas son caros, los ojos de los políticos se vuelven ávidamente hacia las ganancias de las empresas de energía. Desde que los precios de la energía comenzaron a subir el año pasado, Bulgaria, Italia, Rumanía y España han introducido nuevos impuestos en la industria. El 8 de marzo la Comisión Europea recomendó a los gobiernos intentar “capturar una parte de los rendimientos” que realizan las generadoras eléctricas. Y en Estados Unidos, 12 senadores demócratas, incluida Elizabeth Warren, una vez candidata presidencial, han propuesto un impuesto sobre cada barril de petróleo que producen o importan las grandes empresas, equivalente a la mitad de la diferencia entre el precio actual del petróleo y el promedio de 2015-2019”.

En ese sentido The Economist señala que lo que quieren los gobiernos, como el español, es simplemente sacar dinero para gastar:

“El impulso de recaudar “impuestos sobre las ganancias inesperadas” es particularmente fuerte hoy en día porque la invasión de Ucrania por parte de Rusia, ha provocado que los precios del petróleo y el gas natural se disparen y luego giren salvajemente, dando la impresión de que las empresas se están beneficiando del derramamiento de sangre. Los gobiernos, que se han endeudado enormemente durante la pandemia, ahora deben encontrar más efectivo para proteger a los consumidores pobres de las facturas de energía vertiginosas y para impulsar el gasto en defensa”.

The Economist advierte del riesgo de que “…corren el riesgo de disuadir futuras inversiones…”.. Y aclara:

“Sin embargo, imponer impuestos sobre las ganancias inesperadas es un error. Primero por el hecho de que los mercados energéticos pasan por ciclos de auge y caída. Los años que Warren ha elegido como punto de referencia no fueron buenos: en dos de ellos, 2015 y 2016, el margen operativo neto de la industria energética global cotizada fue negativo. Hubo otro año de pérdidas operativas en 2020, durante el cual el precio del petróleo cayó brevemente por debajo de cero debido a la pandemia. Si las empresas deben soportar los malos tiempos pero descubren que parte de sus ganancias se les queda sin dinero cuando suben los precios, sus negocios pierden viabilidad”.

 

En cualquier caso nunca a las eléctricas, que tienen menos beneficios o simplemente pérdidas en un buen número de operaciones de mercado al elevarse el precio del gas. The Economist recoge las declaraciones del CEO de BP diciendo:

“…quieren sacar del negocio a empresas como BP, cuyo jefe dijo recientemente que los altos precios habían convertido a la empresa en una «máquina de dinero». Pero la crisis energética de hoy muestra que el mundo necesita una eliminación gradual de las emisiones de carbono cuidadosamente gestionada, no una interrupción repentina de la inversión en combustibles fósiles, especialmente si Europa quiere dejar el gas ruso”.

Para The Economist:

“Las energías renovables no pueden reemplazar inmediatamente al gas para algunas tareas, como calentar hogares con calderas de gas. Incluso si la infraestructura para hacer funcionar economías enteras con electricidad estuviera en su lugar, el almacenamiento en baterías sigue siendo incapaz de llenar los vacíos cuando el viento no sopla y el sol no brilla. Las plantas de energía nuclear proporcionan un suministro constante, pero tardan años en construirse”.

Por eso en España, sin embargo, las renovables convierten a nuestro país en la Arabia Saudí del siglo XXI. Y por eso, empresas como Iberdrola, se han transformado en la segunda compañía eléctrica privada del mundo.

Para The Economist es incomprensible la actitud europea en tanto en cuanto:

“La Comisión Europea dice que los productores renovables, que también se benefician de los altos precios, también deberían pagar. Esto es doblemente equivocado. Si incluso a las empresas de energía limpia se les confiscan sus ganancias durante los períodos de escasez, el incentivo para resolver el problema de la intermitencia de las energías renovables, por ejemplo, mejorando las baterías o almacenando energía como hidrógeno, se debilitará. Y no es solo la escasez de energía lo que debe solucionarse a medida que las economías se mueven hacia cero neto. El sector privado deberá encontrar formas de evitar la escasez de todo, desde los minerales utilizados en los automóviles eléctricos hasta la madera de balsa utilizada en las turbinas eólicas. Es una fantasía pensar que las grandes inversiones que son necesarias sucederán si las empresas más innovadoras se preocupan de que sus ganancias puedan ser embargadas cuando sus apuestas pague”n.

El varapalo de The Economist va más allá:

“El argumento más espinoso es que las empresas se están beneficiando de la guerra. Los impuestos sobre las ganancias inesperadas hacen honor a su nombre cuando las empresas no se han beneficiado de decisiones sabias, sino de eventos imprevisibles que no están relacionados con sus opciones de inversión. Sin embargo, la geopolítica es una de las principales preocupaciones de las grandes empresas de energía, que deben instalar oleoductos que crucen fronteras y anticipar las necesidades energéticas mundiales con mucha anticipación. No hay nada inusual en que un conflicto afecte sus ganancias, y los riesgos que representa para Europa el gas ruso han sido obvios durante años. Renunciar a las recompensas que se ofrecen por el suministro de energía durante la escasez de hoy solo hará que la próxima escasez de suministro, incluso una predecible, sea peor”.

En el caso español es aún peor: las eléctricas, a las que el Gobierno de España quiere gravar, ni siquiera tienen beneficios extraordinarios, sino pérdidas extraordinarias en algunas operaciones derivadas del incremento del precio del gas. ¡Vaya desatino de gobierno!

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