Más información
Dice el refrán que la vida es del color del cristal con que se mira y lo mismo ocurre con la realidad, cuando la cuenta la Prensa.
Basta ver lo que ha ocurrido este 16 de septiembre de 2012 con la manifestación convocada la víspera en Madrid por los sindicatos y otras organizaciones sociales contra los recortes del Gobierno Rajoy y en favor de un referéndum.
El diario ‘El País’ titula en portada «La gran marcha sobre Madrid abre un otoño sindical caliente».
El diario ‘El Mundo’, a cuatro columnas, abre con la frase «Sindicalistas acarreados en 850 autobuses piden un referéndum».
El ‘ABC‘, que lleva el espinoso independentismo catalán como gran tema de su primera, reduce la marcha a un titulito descripotivo en la parte baja de su primera: «Miles de manifestantes piden un referéndum sobre los recortes».
Algo parecido hace ‘La Razón’, que sentencia en portada, en un recuadro, con la frase «Batacazo sindical».
‘La Gaceta’ lo lleva en portada, a tres, pero debajo de la foto del Papa y con un casi neutro «Los sindicatos exigen otro referéndum a Rajoy», aunque dentro da una vuelta de tuerca: «Cortes de tráfico innecesarios por la escasez de manifestantes».
‘La Vanguardia’, quizá porque la concentración sindical no tuvo como escenario Barcelona, ni lleva el tema en portada y ‘El Periódico’ abre a toda página con foto y un titular impactante «Consulta o huelga«, debajo de un antetitulo en el que asegura la respuesta al «hachazo de Rajoy» ha sido masiva.
Nosotros, en Periodista Digital, también hacemos nuestra valoración y si tuvieramos que titular iriamos por el lado del «pinchazo en hueso».
Por mucho que los sindicatos la presenten como un éxito, la manifestación de este 15 de septiembre en madrid reunió mucha menos gente de la que habían previsto los organizadores.
La delegación del Gobierno estima que apenas sacaron a la calle a unas 65.000 personas, lo cual es muy poco teniendo en cuenta que habían fletado 850 autobuses que venían de otras comunidades.
La asistencia seguiría siendo escasa aunque la cifra final fuera algunas decenas de miles mayor que la estimación oficial, dado que unas 40.000 personas fueron acarreadas -dicho de «una persona que es llevada en autobús a un lugar para que participe en una manifestación o para que vote», según la RAE- desde otros puntos de la geografía española.
Ello pone en evidencia que los sindicatos se han convertido en un poder fáctico, que defiende los intereses de su aparato y de sus liberados, que dispone de una engrasada maquinaria propagandística, pero con una implantación social cada vez menor.
Ayer desfilaron uniformados por secciones y coreando consignas por el centro de Madrid en un acto perfectamente planificado, pero con una estética que sólo atrae a sus seguidores más adictos. El discurso de sus líderes resultó igual de anacrónico que el vestuario.
UGT y CCOO pidieron una consulta popular para que los ciudadanos se pronuncien sobre los ajustes del Gobierno, lo cual es absurdo porque nadie va a votar a favor de que le recorten el sueldo, congelen las pensiones y se reduzca el gasto en sanidad y educación.
Lo que plantean Méndez y Toxo no se ha hecho en ningún país del mundo. Evidentemente, el Gobierno no debe ceder a sus reivindicaciones, que están fuera de la realidad.
Mientras UGT y CCOO lanzaban el mensaje de que harán todo lo posible -sin descartar una huelga general- para frenar las reformas del Gobierno, la reunión de ministros de Economía en Chipre concluyó también con malas noticias para Rajoy porque quedó en evidencia que el camino hacia la Unión Bancaria será largo y plagado de obstáculos.
Francia, Italia y España pretendían poner en marcha la primera fase de la Unión Bancaria antes de acabar este año, con la implantación de una supervisión de las entidades financieras a nivel europeo, que sería ejercida por el BCE.
Alemania se opuso a la iniciativa con el argumento que es imposible que una única autoridad supervisora pueda controlar los cientos de bancos que hay en la zona euro. El Gobierno de Berlín propone que la Unión Bancaria se inicie de una forma más modesta, limitada al control de los grandes bancos de carácter sistémico.
Alemania tampoco quiere hablar de crear un fondo de garantía europea de los depósitos ni otro para intervenir y reflotar a los bancos en crisis, que supondría aportaciones adicionales de fondos.
Lo sucedido en Chipre frustra las esperanzas de Rajoy, que estaba muy interesado en acelerar esa Unión Bancaria que permitiría inyectar ayudas a la banca española sin contabilizarlas como deuda pública. Eso no será posible hasta dentro de bastante tiempo.
El fiasco de este 15 de septiembre de 2012 puede hacer surgir nuevas dudas sobre una unión económica que parece dar un paso adelante y otro hacia atrás.
Más en Política
CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL
QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE
Buscamos personas comprometidas que nos apoyen
CONTRIBUYE
Home