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Ayer, defensa a capa y espada. Hoy, recogida de cable.
El portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, ha tenido una patética intervención en la sesión de control al Gobierno de Pedro Sánchez, centrada en la bomba que supone la imputación del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero.
El independentista ha cambiado de posición tras su defensa férrea de la “Zeja”. Apenas se conoció la resolución, publicó una intervención suya en la que enaltecía al líder del PSOE mejor que cualquier socialista. Pero no se quedó ahí. Además, publicó un mensaje en el que replica el bulo lanzado por la portavoz del Gobierno, Elma Saiz, de que el juez imputa a Zapatero «a petición de Manos Limpias», cuando la medida parte de una investigación de Anticorrupción.
Rufián cuestiona ahora su apoyo incondicional a Zapatero y estima que «el auto está muy bien escrito». Lo ha hecho al preguntarle en el Parlamento al propio Pedro Sánchez qué plan tenía «ante todo esto».
Tras las evasivas del líder del PSOE, Rufián volvió al asunto ZP.
Tiró de victimismo al afirmar que no se encontraba bien emocionalmente tras conocer la imputación: «Yo hoy estoy, reconozco, estoy jodido».
Después vino el esperpento, con una retahíla sin sentido en la que hubo de todo: por un lado, ensalzó al expresidente y reconoció su labor para que nueve «de los nuestros» estén en la calle; al mismo tiempo puso en valor el auto; pero, a su vez, denunció una «cacería judicial». También aprovechó para atacar a Felipe González, José María Aznar y Mariano Rajoy, criticó a los lobbies y, para completar, tiró de esa falsa superioridad moral que tanto gusta exhibir a la izquierda.
«Yo no sé si ustedes están fastidiados. 88 páginas, 88. Tráfico de influencias, organización criminal, blanqueo de capitales. Yo reconozco que no soy objetivo, yo no soy objetivo. Yo le tengo un enorme respeto y un enorme afecto a Zapatero. Nueve de los nuestros están en la calle, duermen en su casa, en gran parte, por él.
Pero también tengo ojos en la cara. También tengo ojos en la cara. ¿Que esto no existiría si Zapatero no fuera un enorme activo electoral para la izquierda? Sí. Y tanto. ¿Que existe una cacería judicial? Sí. Y tanto. ¿Que Felipe, Aznar y Rajoy se lo merecen mucho más? No 88, sino 188. Sí, también.
Pero, señorías, la izquierda es otra cosa. Somos otra cosa. Así que la pregunta que yo les hago, señor presidente, es: ¿dónde acaba el “lobby” y empieza el tráfico de influencias? ¿Dónde? Si esto es verdad, es una mierda. Es una mierda. Si esto es mentira, es una mierda aún mayor, que hemos visto muchas veces, demasiadas veces. Pero merece una respuesta. Tienen que entender que hay mucha gente de izquierdas en este país, más allá de sus banderas, que esto les rompe el corazón».
Para terminar el ridículo, iba a plantear una pregunta para la izquierda, pero no pudo hacerlo porque se le agotó el tiempo de intervención.
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