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PIFIA EN EL PARLAMENTO

La ruptura con Sánchez duró un día: la derechona xenófoba y separatista de Junts da un balón de oxígeno en el Congreso

Junts evita la prórroga de Almaraz, Ascó I y Cofrentes, proporcionando un respiro a Sánchez y frustrando los planes del PP

Periodista Digital 13 Nov 2025 - 17:00 CET
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El portazo de Junts a Sánchez paraliza la agenda ideológica del régimen sanchista y adelanta elecciones

Algo habrán trincado y gordo.

Porque gratis no dan ni la hora.

Tras asegurar que no pactarían nada con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, la derechona xenófoba y separatista de Junts per Catalunya ha dado un auténtico balón de oxígeno al marido de Begoña, al abstenerse en la votación sobre la propuesta del Partido Popular que buscaba la ampliación de la vida de las centrales nucleares.

Mientras el PP buscaba facilitar la prórroga de las centrales nucleares de Almaraz, Ascó I y Cofrentes, la decisión de los diputados de Carles Puigdemont ha frustrado dicha intención pese a que va en contra precisamente de los intereses de Cataluña.

El resultado: el Gobierno de Pedro Sánchez respira tranquilo, y el debate sobre el rol de la energía nuclear en España entra en una nueva etapa.

La abstención de Junts ha dejado a muchos boquiabiertos y les retrata como unos jetas. Especialmente, después de que el día de ayer escenificaran una ruptura dramática durante la cual, la portavoz de los independentistas, Miriam Nogueras, le dijo al líder del PSOE que era «un cínico» y una persona «sin palabra» a la que solo le interesaba el poder. «Esta relación se ha acabado», afirmó tajantemente.

Sin embargo, la abstención les retrata.

El pulso político y la energía nuclear

La propuesta del PP tenía como objetivo extender la vida útil de estas tres centrales, consideradas esenciales para mantener la estabilidad de la red eléctrica nacional. Sin embargo, la abstención de Junts ha hecho trizas este plan, dejando a las instalaciones pendiendo de un hilo. Este movimiento político podría interpretarse como un “balón de oxígeno” para Sánchez, quien navega entre las exigencias de sus socios ecologistas y la realidad de un sistema eléctrico que todavía depende en gran medida de fuentes convencionales.

En este contexto, la decisión de Junts pone de manifiesto lo compleja que es la política energética española, donde alianzas y abstenciones pueden resultar tan decisivas como los votos favorables. El debate sobre energía nuclear se transforma así en un choque ideológico y estratégico. La abstención de Puigdemont ha frustrado las intenciones del PP por abrir paso a un futuro nuclear más prolongado, al tiempo que revitaliza las discusiones sobre qué modelo energético necesita realmente España.

España cuenta actualmente con siete reactores nucleares operativos, que generan alrededor del 20% de la electricidad nacional. La energía nuclear es apreciada por su capacidad para producir electricidad continuamente sin emitir carbono directamente. Sin embargo, estas centrales tienen una fecha límite y el cierre de Almaraz, Ascó I y Cofrentes representaría un desafío logístico y tecnológico para asegurar la estabilidad del sistema eléctrico, especialmente durante los picos de demanda.

El sistema eléctrico español atraviesa un momento crítico. La apuesta por energías renovables como la solar y eólica es decidida, pero estos recursos son intermitentes y dependen del clima. La nuclear ofrece esa estabilidad que las renovables aún no pueden garantizar. Los expertos advierten que sin una base sólida podría incrementarse nuestra dependencia del gas natural; además, en situaciones extremas podríamos revivir episodios como aquel gran apagón que dejó a España parcialmente a oscuras hace poco tiempo.

Las centrales nucleares en España operan bajo rigurosos protocolos de seguridad, con inspecciones frecuentes y personal altamente cualificado. El Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) supervisa su funcionamiento para asegurar que todos los riesgos estén bien controlados. A pesar de esto, muchos ciudadanos todavía sienten desconfianza ante este tipo de energía. Los accidentes ocurridos en Chernóbil y Fukushima están grabados a fuego en nuestra memoria colectiva; sin embargo, quienes trabajan en este sector subrayan los avances técnicos logrados y la baja probabilidad actual de incidentes graves.

Aunque España ha hecho progresos significativos en su encapsulación y almacenamiento seguro, encontrar soluciones definitivas para los residuos altamente radiactivos sigue siendo una tarea pendiente. A esta problemática se añade el coste elevado del desmantelamiento de las centrales nucleares, un proceso que no solo es costoso sino también requiere décadas para su seguimiento.

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