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CAMBIO DE ESCENARIO POLÍTICO

Barómetro de Encuestas: El suelo tiembla bajo PP y PSOE mientras VOX se encarama al 20%

El partido de Abascal capitaliza el descontento en barrios populares, usando la inmigración ilegal como bandera.

Mario Lima 07 Mar 2026 - 08:49 CET
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No se puede tapar el sol con un dedo.

Están cambiando las cosas.

Los trabajadores de Occidente, los jóvenes europeos de formas particular, han comenzado a percibir con crudeza una realidad inquietante: su poder adquisitivo se erosiona y crece el temor fundado de que sus hijos vayan a vivir peor que ellos.

Se desvanece así la vieja promesa del crecimiento perpetuo —aquella ilusión de prosperidad lineal e indefinida que marcó las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial— y se instala, en su lugar, un malestar social difuso pero cada vez más profundo.

Este malestar no surge en el vacío. Se ve agravado por tres grandes transformaciones estructurales que actúan como catalizadores y enconan las heridas:

  1. La llegada masiva y desordenada de flujos migratorios a países occidentales ha alterado el paisaje cotidiano de muchas ciudades y barrios. Las calles «de siempre» cambian de fisonomía, la percepción de inseguridad se extiende entre amplios sectores de la población, los servicios sociales y sanitarios sufren sobrecargas notables y surgen fricciones evidentes en materia de integración cultural y convivencia. Fenómenos que, lejos de ser marginales, han pasado a ocupar un lugar central en el debate público europeo.
  2. El aumento de la desigualdad, impulsado en buena medida por el modelo de la economía digital. Esta nueva fase productiva, dominada por plataformas y gigantes tecnológicos, concentra riqueza y beneficios en manos de muy pocos, mientras genera empleos precarios, menos redistributivos y con menor capacidad de ascenso social que los sectores industriales tradicionales.
  3. El desconcierto generalizado ante la globalización. Millones de ciudadanos de clase media y trabajadora sienten que el sistema los ha dejado atrás: las cadenas de valor se deslocalizan, las decisiones estratégicas se toman en consejos de administración lejanos y una élite globalizada —los nuevos amos del universo, como algunos analistas los han denominado— parece levitar por encima de las preocupaciones de la gente corriente, olvidada por completo.

En España, este malestar adquiere un matiz adicional y particularmente intenso.

A los factores anteriores se suma un cuarto elemento de profundo malestar ciudadano: la indignación —ampliamente compartida y, para muchos, plenamente justificada— ante la percepción de que el país está siendo sometido a la influencia desquiciada e insultante de formaciones separatistas.

Estas fuerzas, minoritarias en el conjunto de la nación y abiertamente hostiles a la idea de una España unida, condicionan decisiones clave de gobierno gracias a su papel pivotal en la aritmética parlamentaria. Para una parte significativa de la opinión pública, se trata de una auténtica anomalía democrática que genera resentimiento y sensación de agravio territorial y nacional.

En definitiva, Occidente —y muy especialmente España— atraviesa una etapa de transición incierta en la que convergen el hartazgo de los chavales, la fatiga económica de las clases medias, la disrupción tecnológica, los desafíos de la movilidad humana global y, en el caso español, tensiones identitarias y políticas que erosionan la cohesión. El resultado es un caldo de cultivo propicio para un partido directo y rompedor como VOX, como reflejan todas las encuestas.

La política española parece un viejo ascensor que no ha recibido el mantenimiento adecuado: los partidos del bipartidismo caen, el terreno electoral se agrieta y, en ese vacío, un nuevo jugador emerge con fuerza.

El último barómetro de encuestas coloca a PP y PSOE en sus niveles más bajos de la legislatura, mientras VOX se acerca al 20 % de intención de voto, un porcentaje que supera con creces sus resultados en las elecciones generales y presenta un patrón territorial y sociológico que genera inquietud tanto en Génova como en Ferraz.

Lo que realmente importa no es solo la instantánea actual, sino la dirección que toman las cosas: la media de los principales sondeos indica que el partido de Santiago Abascal podría duplicar su apoyo respecto a elecciones anteriores, algo que ya ha sucedido en varios comicios autonómicos.

Tanto la derecha tradicional como la izquierda del Gobierno Frankenstein se desgastan simultáneamente; el partido verde convierte el descontento en un recurso político muy valioso.

Un bipartidismo agotado frente a un electorado cada vez más inestable

El dato clave del barómetro es contundente:

Este nuevo equilibrio se sustenta en tres elementos:

  1. Desafección hacia el “bloqueo permanente”: muchos votantes creen que PP y PSOE son incapaces de proporcionar estabilidad ni acuerdos significativos, pero sí destacan por su habilidad para intercambiar vetos y descalificaciones.
  2. Castigo cruzado:
    • El PP enfrenta críticas por sus pactos autonómicos con Vox y por no ofrecer una alternativa clara al sanchismo.
    • El PSOE asume las consecuencias de la amnistía, una gestión económica desigual entre territorios y la percepción de que son sus socios más radicales quienes marcan la agenda.
  3. Recompensa al discurso claro: quienes abordan temas candentes –como inmigración, seguridad, vivienda o pérdida del poder adquisitivo– son premiados por los votantes.

Jóvenes, barrios y clases populares: el nuevo mapa electoral de VOX

El crecimiento de Vox ya no se limita al voto de protesta proveniente de clases medias o zonas rurales en declive. Las encuestas recientes indican un cambio significativo en el perfil de sus votantes:

En estos contextos, el mensaje de Vox llega a través de tres vías:

PP y PSOE intentan contener esta fuga con mensajes sectoriales –bonos para alquileres, rebajas fiscales o apelaciones a la estabilidad– pero el desgaste acumulado junto a una saturación informativa dificultan que sus propuestas logren calar hondo.

La inmigración ilegal como arma política para Abascal

En este escenario, la inmigración ilegal se ha transformado en el principal argumento retórico utilizado por Abascal.

En las últimas semanas, Vox ha lanzado una ofensiva bien coordinada:

Este enfoque resuena con sentimientos crecientes en ciertos barrios: hay una percepción generalizada sobre cómo se gestiona la competencia por recursos limitados (vivienda pública, plazas escolares o citas médicas) sin transparencia ni prioridad para aquellos que llevan más tiempo aquí. Aunque las estadísticas globales no siempre respaldan esa sensación, lo cierto es que las experiencias cotidianas pesan más políticamente que cualquier dato frío.

Impacto en los pactos políticos y la agenda nacional

Si esta tendencia se consolida y Vox alcanza cifras cercanas al 20 %:

Además, el ascenso de Vox ya está forzando una reciente centralización temática del debate nacional:

Mientras tanto, en barrios donde hace unos años las conversaciones giraban alrededor del empleo o los recortes presupuestarios hoy se discute sobre temas como pisos patera, ocupaciones ilegales o menores extranjeros no acompañados (MENA), conceptos que han saltado del ámbito informal al centro del debate electoral.

Como suele ocurrir en política española, todo dependerá ahora de quién logre conectar con ese vecino que regresa tarde tras una larga jornada laboral, viajando apretujado en un tren abarrotado.

Al encender su televisor reconoce más su propio enfado reflejado en los discursos provocadores de Vox que en las llamadas a “la responsabilidad institucional” del PP o los intentos del PSOE por establecer un “cordón sanitario”. Ahí es donde realmente se está definiendo el próximo ciclo electoral.

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