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EL EFECTO SALF

El aguafiestas Alvise ‘regala’ tres escaños al PSOE y amarga la noche electoral a VOX

La candidatura 'ardillesca' aunque sin representación en las instituciones, fragmentó el voto de derecha y facilitó que los socialistas se llevaran tres procuradores  más en Valladolid, Segovia y Zamora

Mario Lima 16 Mar 2026 - 07:31 CET
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La victoria de Mañueco en Castilla y León destapa la negociación para los pactos PP-VOX en Extremadura y Aragón

Es el ejemplo perfecto de eso que se etiqueta como ‘ni come ni deja comer’.

Pura frivolidad.

Carlos Martínez no fue el único artífice de los tres escaños que el PSOE logró arrebatar a VOX en las elecciones del 15 de marzo.

Detrás de este triunfo parcial socialista se encuentra la figura de Alvise Pérez y su partido Se Acabó La Fiesta (SALF), un eurodiputado carismático que, a pesar de no conseguir representación parlamentaria, actuó como un verdadero aguafiestas en la contienda electoral castellanoleonesa.

Las cifras hablan por sí solas: en tres provincias clave —Valladolid, Segovia y Zamora— los votos obtenidos por la candidatura de Pérez superaron la diferencia exacta que le faltaba a Santiago Abascal para lograr un escaño adicional en cada una.

Este fenómeno electoral pone de manifiesto una realidad incómoda para la derecha radical. Vox ha consolidado su crecimiento en la región con 14 procuradores, uno más que en 2022, alcanzando el 19% de los votos con 233.757 apoyos. Sin embargo, esa cifra podría haber sido notablemente más alta si no fuera por la fragmentación del voto conservador.

En Valladolid, donde el PSOE obtuvo seis procuradores, los sufragios de SALF superaron el margen que separaba a Vox de un escaño extra.

Lo mismo ocurrió en Segovia y Zamora, donde la formación de Pérez se comportó como un espejo roto que reflejaba el descontento de un electorado disperso, incapaz de materializarse en representación efectiva. La ironía es palpable: mientras Abascal celebraba que Vox no tiene límite en España, sus aspiraciones en Castilla y León topaban con el obstáculo que le imponía un competidor que ni siquiera logró entrar al parlamento autonómico.

Lo que debería preocupar más en la sede de VOX, situada en la calle Bambú, es que esta situación podría repetirse. Con las elecciones andaluzas asomando en el horizonte, el efecto fragmentador de SALF se presenta como una amenaza constante para los seguidores de Abascal. Aunque marginal en términos de representación, la formación de Pérez actúa como un disolvente del voto conservador, capturando a electores que, bajo otras circunstancias, habrían reforzado las filas de Vox. Este fenómeno no es casualidad; responde a una estrategia consciente de Alvise para posicionarse como una alternativa ante la derecha tradicional, ofreciendo un discurso más provocador y menos institucional que el del propio Abascal.

El Partido Popular liderado por Alfonso Fernández Mañueco ha devuelto el optimismo a los conservadores con 33 procuradores y el 35% del total de votos, consolidando así su dominio regional. Por su parte, el PSOE ha resistido mejor de lo esperado con 30 escaños y un 31% del apoyo popular, ganando dos procuradores respecto a 2022. Pero esos dos escaños socialistas no cuentan toda la historia. En realidad, tres fueron regalos amargos provenientes de Alvise, quien con apenas 17.351 votos (1,4% del total) logró lo que muchos partidos más consolidados no pudieron: alterar el mapa del poder autonómico sin estar presente.

La presencia de SALF también ayuda a entender por qué Ciudadanos ha desaparecido del hemiciclo tras dos décadas en la política española. La formación naranja, que aún contaba con un procurador en 2022, se vio atrapada entre el avance imparable de Vox por la derecha y el surgimiento de candidaturas como la de Pérez que capturaban ese voto descontento. Unión del Pueblo Leonés mantuvo sus tres escaños intactos, mientras que Por Ávila logró conservar su único representante. En contraste, Soria ¡Ya! sufrió una dura caída al perder dos de sus tres procuradores y quedarse con solo uno.

La participación electoral alcanzó un notable 65,66%, superior a la registrada en 2022, lo cual indica que los ciudadanos castellanoleoneses respondieron con cierto entusiasmo al llamado a las urnas. Sin embargo, esta mayor afluencia no benefició equitativamente a todos los actores políticos. Mientras PP y PSOE sumaban escaños, Vox veía cómo su potencial crecimiento se limitaba por la fragmentación del voto conservador. Y Alvise, aunque sin asiento en el parlamento, lograba algo quizás más valioso: demostrar que su capacidad para influir va más allá de la representación institucional y actúa como un factor disruptivo dentro del panorama electoral español.

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