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El popular Juanma Moreno entra en precampaña con el viento a favor pero ni puede ni debe tenerlas todas consigo.
La última encuesta de Sigma Dos para El Mundo le da entre 55 y 57 escaños, prácticamente los mismos que obtuvo en 2022, cuando logró la mayoría absoluta con 58.
El PSOE se hunde por debajo de los 30 diputados, el peor resultado de su historia en Andalucía. Y VOX parece haber frenado el ascenso que algunas proyecciones anteriores le auguraban.
El cuadro, sobre el papel, es favorable al presidente de la Junta. Pero Moreno lleva semanas repitiendo el mismo aviso en todas las entrevistas: «Va a estar muy ajustado».
Y no lo dice por modestia.
Los 15.000 votos que lo deciden todo
La diferencia entre gobernar con mayoría absoluta y depender de otros se puede medir con una precisión inusual en política: unos 15.000 votos sobre un total de millón y medio. Así lo reconoce el propio Moreno, que ha pedido a sus votantes que no se confíen, que no piensen en irse «a la playa» el día de las elecciones y que entiendan que hay una mayoría social favorable al PP en Andalucía que solo se convierte en escaños si se moviliza.
El recuerdo de 2022 está presente: entonces también las encuestas daban al PP una ventaja cómoda y el resultado fue una mayoría absoluta que pocos habían pronosticado con esa amplitud. Pero también está el recuerdo de lo que ocurre cuando esa mayoría no se alcanza: seis meses de bloqueo en Extremadura, donde la Asamblea se disolvió en octubre sin que PP y VOX llegaran a un acuerdo. Y situaciones similares en Aragón y Castilla y León, donde las negociaciones siguen enquistadas.
«Elegid entre estabilidad o caer en el lío», repite Moreno. Es el eje de su campaña en pocas palabras.
Montero y el peso del pasado
María Jesús Montero llega a estas elecciones con un lastre que ningún relato de campaña puede neutralizar del todo: el recuerdo de 37 años de socialismo andaluz, los ERE, la trama Ábalos que se juzga en el Supremo mientras ella hace campaña, y una imagen nacional de ministra de Hacienda que en Andalucía se asocia con subidas de impuestos y con la financiación autonómica pendiente de reforma.
Moreno la describe como la «gran recaudadora» y sostiene que carece de «cualquier opción real» para gobernar y que solo pretende captar votos desde la izquierda para erosionar su mayoría. Su estrategia se centra en las listas de espera sanitarias, el argumento más sólido que tiene para atacar al Ejecutivo autonómico del PP.
Aunque Montero ha propuesto un debate cara a cara con Moreno, este prefiere un formato más amplio que evite el duelo bipartidista que favorecería al PSOE en términos de visibilidad. Una decisión que revela que Moreno no quiere regalarle el protagonismo que necesita.
Vox y la incógnita que los sondeos no resuelven
Y aquí está el factor que las encuestas capturan peor y que puede ser determinante el 17 de mayo: Santiago Abascal y la capacidad de movilización de Vox en campaña.
Los sondeos sitúan a VOX estancado en torno a los 16 escaños. Pero VOX tiene un historial documentado de rendir mejor en las urnas que en las encuestas previas. El voto de VOX es un voto que se activa en el calor de la campaña, que responde a la intensidad del discurso y que los modelos estadísticos tienden a subestimar porque captura mal a electores que no participan en encuestas telefónicas o que son reacios a declarar su intención de voto.
Abascal tiene prevista una campaña «pueblo a pueblo», con presencia en todas las provincias y un discurso centrado en inmigración, seguridad e identidad. Cuando Abascal se pone en modo campaña, su partido rinde más de lo que los sondeos previos sugieren. Eso es un hecho demostrado en varias citas electorales anteriores.
El desgaste por los bloqueos en Extremadura, Aragón y Castilla y León puede jugar en su contra. Desde dentro del partido reconocen una «ralentización» del apoyo que interpretan como el precio de haber intentado alcanzar acuerdos sin obtenerlos. Tres de cada diez votantes de VOX en 2022 podrían transferir su apoyo al PP, según algunos sondeos. Pero el 65% de fidelidad que mantiene también significa que hay un núcleo duro que no se va.
El sesgo mediático que nadie nombra
Hay un elemento en este debate que raramente se menciona con claridad pero que tiene consecuencias reales sobre cómo se interpreta el panorama electoral: los grandes medios de comunicación clásicos, tanto los de derechas como los de izquierdas, tienden a favorecer el bipartidismo en su cobertura, en detrimento de VOX.
No siempre de forma consciente ni coordinada. Pero el resultado es sistemático. Los debates electorales se diseñan para favorecer el duelo PP-PSOE. Los análisis de portada se centran en la batalla entre los dos grandes. Las encuestas que se publican con mayor prominencia son las que dan resultado más nítidos para los partidos del establishment. Y cuando VOX sube en un sondeo, la cobertura tiende a relativizarlo; cuando baja, se subraya.
Ese sesgo tiene consecuencias prácticas. Un elector indeciso entre PP y VOX que consume información principalmente a través de los grandes medios recibe sistemáticamente la señal de que Vox es una fuerza marginal en declive y que el voto útil es el del PP. Lo cual puede ser correcto en algunos contextos. Pero no siempre refleja la realidad del terreno, donde Vox mantiene una implantación local y una capacidad de movilización que las encuestas y los titulares tienden a subestimar.
Abascal lo sabe. Por eso hace campaña «pueblo a pueblo», al margen de los focos mediáticos que no le son favorables. Por eso construye su mensaje en las redes sociales y en los actos directos. Y por eso, en más de una ocasión, el resultado el día de las elecciones ha sorprendido a quienes solo leían las encuestas publicadas por los medios convencionales.
El mapa provincial: donde se juega todo
Moreno lo sabe mejor que nadie: los 15.000 votos que necesita no son una cifra agregada, sino una distribución provincial que hay que ganar en los lugares exactos. En Almería, Cádiz, Málaga y Jaén, los últimos escaños se deciden por márgenes ridículos. Un movimiento de unos cientos de votos puede cambiar quién se lleva el escaño que hace la diferencia.
En ese escenario, la capacidad de VOX para retener a su electorado o perderlo hacia el PP es la variable más importante del mapa. Si VOX sube aunque sea ligeramente en provincias clave, puede robarle escaños tanto al PP como al PSOE y convertir la aritmética en un problema para todos. Si baja y esos votos van al PP, Moreno tiene la mayoría absoluta más o menos garantizada.
La pregunta que ninguna encuesta puede responder todavía con certeza es cuál de los dos escenarios va a ocurrir. Y la respuesta depende en buena medida de lo que Abascal haga en las próximas semanas sobre el terreno.
Andalucía como laboratorio nacional
Lo que ocurra el 17 de mayo en Andalucía tendrá consecuencias que van mucho más allá de la política regional. Si Moreno logra la mayoría absoluta, demostrará que el PP puede ganar sin depender de VOX y reforzará la estrategia de Feijóo de mantener distancia del partido de Abascal. Si no la logra y necesita negociar, el debate sobre cómo gestionar esa relación volverá al centro de la política nacional.
Si VOX sorprende al alza a pesar de los sondeos adversos, el argumento de que los grandes medios subestiman sistemáticamente su apoyo real recibirá una confirmación empírica difícil de ignorar.
Y si el PSOE registra el peor resultado de su historia en Andalucía mientras se juzga en el Supremo la corrupción del sanchismo, la señal que enviará a Madrid será la que los estrategas de Ferraz más temen: que el juicio tiene consecuencias electorales reales y que esas consecuencias pueden repetirse en las generales de 2027.
Andalucía vota el 17 de mayo. Y lo que pase en esas urnas se leerá en todo el país.
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