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l Grupo Rocacho Desembarca en la Castellana con su Cuarto Restaurante

Aleteo, el Mar de Rocacho: Donde las Brasas Encuentran el Alma del Mar en Madrid

Marisco Vivo, Pescado a la Brasa y el Culto a la Sobremesa en un espacio elegante y acogedor

Ana Rojo 25 Ene 2026 - 14:39 CET
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El Grupo Rocacho tiene ese punto que muchos buscan y pocos encuentran: la capacidad de crear restaurantes con alma. Lugares que no son solo comedores, sino extensiones de una filosofía muy clara: producto excepcional, técnica precisa y, sobre todo, la convicción de que una buena comida es un viaje en el tiempo que merece ser disfrutado sin reloj. Con esa carta de presentación, no es de extrañar que cada nueva apertura sea un acontecimiento. Y su cuarto proyecto, Aleteo, el Mar de Rocacho, no es la excepción. Es, quizás, su apuesta más ambiciosa y personal: un viaje sensorial directo al litoral, anclado en el corazón de Madrid.

Situado en un emblemático edificio renovado en la confluencia de la calle María de Molina, 4 con el Paseo de la CastellanaAleteo nace con una declaración de intenciones tan clara como el agua de una ría gallega en un día de calma. Aquí, el protagonista absoluto es el mar. Pero no un mar lejano y abstracto, sino el nuestro, el de las costas españolas, traído a diario con una obsesión casi reverencial por la frescura.

Lo primero que llama la atención, más allá de la elegante fachada, es el concepto que lo vertebra. Si en sus otros locales las brasas ya eran un sello distintivo, aquí elevan el juego. La parrilla de carbón se convierte en el instrumento perfecto para realzar la pureza de pescados y mariscos. Hablamos de una cocina construida desde el sabor, sin artificios, donde la calidad de la materia prima es la verdadera estrella.

Para entenderlo, solo hay que acercarse a su vitrina de pescados del día o a la impresionante pecera central. Es un espectáculo vivo. Rodaballos, corvinas, merluzas, lenguados… y, como tesoros en su hábitat, cigalas de Marín, bogavantes nacionales y langostas. Este cuidado diario garantiza que cada bocado transporte al comensal directamente a la orilla. No es marketing, es una práctica tangible.

Y de esa filosofía nacen platos que son ya emblemas desde su apertura. Tome nota de dos que no debería perderse. Por un lado, la nécora gallega a la sal, una elaboración que afirman es única en Madrid. La técnica, aparentemente simple, requiere una maestría enorme para lograr que el crustáceo quede en su punto justo de cocción, jugoso y concentrando todo su sabor marino. Un manjar que justifica por sí solo la visita.

El otro gran abanderado es el bogavante azul nacional a la ibicenca. Aquí, la brasa trabaja su magia sobre una pieza excelente, probablemente la mejor que pueda encontrar lejos de la costa. El resultado es carne firme, dulce y con ese inconfundible aroma a carbón que realza sin enmascarar. Son estos platos los que definen el ADN de Aleteo: respeto máximo al producto y un savoir-faire técnico que lo celebra.

Pero la carta, claro, es mucho más que eso. Es un recorrido bien pensado que invita a compartir y descubrir. Puede empezar por la barra, disfrutando de algo rápido pero igualmente exquisito, como un ceviche de corvina o un tiradito de mero nacional con perlas de leche de tigre. O sumergirse en una ensaladilla de cigala y langostino que reinventa un clásico.

Los entrantes son pequeñas joyas. El bombón de anchoa y vieira, disponible con o sin caviar, es un ejercicio de equilibrio y lujo. La gilda de boquerón es un guiño perfecto a la tradición vasca, con un toque de modernidad. Y aunque el mar manda, hay guiños inteligentes para redondear la experiencia. Como su célebre chuleta de Buey a la brasa, para aquellos que, aún en un templo del pescado, no pueden resistir un corte de carne excelente. O las elaboraciones con huevos de ‘Cobardes y Gallinas’, como los increíbles huevos con puntilla y angulas.

Una mención aparte merecen sus arroces caldosos. En Aleteo entienden que un buen arroz marinero es un punto de encuentro social, un plato que se comparte y se recuerda. El bogavante, el carabinero o la langosta son los protagonistas de estas creaciones, donde el caldo, intenso y perfumado, es el alma del plato.

Todo esto se disfruta en un espacio que, desde el primer momento, envuelve y relaja. El comedor, distribuido en dos plantas y con capacidad para más de cien comensales, es elegante sin ser frío, amplio pero acogedor. Grandes ventanales inundan de luz natural el local, donde los azules marinos dialogan con tonos terracota y materiales nobles. Hay sitio para todos: para una comida de negocios en el salón principal, para una cena íntima en una esquina y, cómo no, para alargar la tarde en su terraza.

Porque ese es otro pilar fundamental del Grupo Rocacho y que Aleteo conserva con orgullo: el culto a la sobremesa. Aquí no le invitarán a irse una vez pagada la cuenta. Al contrario. Fomentan esa costumbre tan nuestra de alargar la comida, disfrutando de la compañía y de los buenos tragos. La cocina es ininterrumpida desde las 12:30 hasta la medianoche, lo que elimina cualquier presión horaria y convierte la visita en una experiencia flexible y desestresante.

Para acompañar este viaje, la bodega es un capítulo crucial. Han reunido una cuidada selección de más de 200 referencias, elegidas con un claro propósito: maridar a la perfección con la propuesta marina. Blancos minerales atlánticos, tintos con suficiente estructura para las brasas, cavas y rosados frescos… la carta de vinos es un mapa perfecto para navegar por la oferta gastronómica.

Y si el viaje continúa, la barra de cócteles y destilados tiene argumentos de peso. Entre ellos, un auténtico tesoro para los amantes del buen tequila: algunas de las últimas botellas que existen del tequila añejo Gran Patrón Burdeos. Un broche de lujo para una velada excepcional.

En definitiva, Aleteo, el Mar de Rocacho no es solo un nuevo restaurante en Madrid. Es la materialización de una idea muy concreta sobre cómo se debe disfrutar del producto del mar en la ciudad. Es la apuesta segura de un grupo que ya tiene un nombre ganado por la excelencia, pero que no se duerme en los laureles. Es un espacio para los que buscan el sabor auténtico, para los que creen que una buena comida es un ritual que merece tiempo, y para los que, aunque estén en el centro de la Castellana, quieren sentir por un momento la brisa del océano en cada bocado.

Aleteo, el Mar de Rocacho está en Calle de María de Molina, 4, Madrid. Puede reservar en el 910 192 725. El ticket medio ronda los 80 euros y están abiertos lunes a domingo, de 12.30 h a 00.00 h, con cocina ininterrumpida. Un nuevo destino gastronómico que ya ha echado el ancla. Y viene para quedarse.

Ana Rojo

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