Primero fueron los tres miembros del PSOE en la Mesa de la Diputación Permanente del Congreso los que facilitaron que el ministro de Fomento no se viera obligado a dar explicaciones sobre la acusación de cobro de comisiones que un empresario gallego ha lanzado contra él en sede judicial.
Este 14 de octubre de 2011, fue el propio José Blanco -ctuando como portavoz del Gobierno- quien corrió un tupido velo, ocultándose detrás de su condición de «creyente» y de su propio «examen de conciencia» para evitar aclarar las sospechas que se ciernen sobre él y su patrimonio.
Lo primero que llama la atención es la apelación a la fe de un miembro de un Gobierno de izquierdas que se jacta de laicismo y siente muy poca simpatía por los símbolos religiosos.
Blanco calificó de «falsedades» las acusaciones de cohecho del empesario Dorribo y justificó su no comparecencia en el Congreso por otros antecedentes del PP. También aseguró que Zapatero le envía «todos los días mensajes de ánimo y apoyo».
Pero el problema de Blanco no es de fe sino de números. El ministro debe comparecer en el Congreso o ante los medios de comunicación para explicar sus cuentas porque no cuadran sus ingresos con sus gastos. Es una cuestión de aritmética elemental y no de creencias éticas o religiosas.
Blanco ha revelado públicamente que gana unos 54.000 euros netos al año por su sueldo de ministro. A eso habría que sumar unos 12.000 euros que recibe como complementos a su actividad de diputado.
En total, 66.000 euros. Con esos ingresos, Blanco se ha comprado dos casas en dos años y medio. Una de ellas escriturada en 670.000 euros en Madrid. La otra está en la ría de Arosa.
El ministro de Fomento lleva a un hijo y a una hija a un centro privado de Majadahonda por el que paga 5.200 euros al trimestre por ambos sin incluir la ruta ni la comida.
Él mismo reconoció hace unos días que «la decisión» de dar una educación privada a su hijos le supuso «un gasto personal». Además, Blanco tiene dos coches, uno de ellos, de gama alta. Aun sumando los ingresos de su esposa, unos 1.600 euros al mes, las cuentas no salen.
Lo que se le exige a Blanco es algo tan elemental como una explicación pública, aportando documentación de sus ingresos y sus gastos para demostrar que las cuentas encajan.
Pero él prefirió ayer convertir este asunto en una cuestión de fe, como si creer en Dios fuera un privilegio que hace innecesario rendir cuentas a los ciudadanos.
Ni siquiera José Bono se atrevió a tanto. Ahora, el ministro de Fomento pretende que aceptemos su palabra sin más, pero el hecho es que Dorribo aportó documentos y estuvo cinco horas declarando el pasado jueves por segunda vez. Alguna credibilidad debe ofrecer lo que dice.
Al margen de sus creencias, lo que Blanco debe explicar es cómo resulta posible mantener ese nivel de vida con sus ingresos.
Más información
Más en Sin categoría
CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL
QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE
Buscamos personas comprometidas que nos apoyen
CONTRIBUYE
Home