Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

“Aceptaré el Estatuto que apruebe el Parlamento de Cataluña”

Cataluña: 10º aniversario de la felonía ZP

Diario de un NO nacionalista

14 Nov 2013 - 08:10 CET
Archivado en:

ZP ignoró la auténtica naturaleza rupturista del nacionalismo incrustado en el PSC en forma de quinta columna, ignoró (o le daba igual) que el nacionalismo catalán únicamente cuestionase y cuestiona una nación: la española

Hay aniversarios que no son para celebrar, pero sí hay actos y declaraciones que no hay que olvidar, como es el caso de las que pronunció José Luis Rodríguez Zapatero el 13 de noviembre de 2003, quizás a sabiendas y convencido de la más que improbable posibilidad de ganar las elecciones Generales del año 2004 lanzó la soflama que titula este artículo convirtiéndose en el punto de partida de la espiral independentista que sufrimos en la actualidad.

Estas manifestaciones podrían ser el paradigma de una forma de entender la política desde una izquierda posfranquista huérfana de ideas y penosa en análisis, una política basada en el cortoplacismo, en el simulacro y el concepto vacío en forma de imagen redentora.

Una política del corto plazo a la que no parecía importarle hipotecar la futura acción de gobierno a un socialismo catalán rendido a las prácticas e ideologías nacionalistas –no hay que olvidar que el núcleo duro del maragallismo se ha pasado sin rubor al independentismo y alguno de ellos está bajo el paraguas de las generosas soldadas públicas con la que se recibe a todo converso-, todo ello en pos de los posibles réditos y apoyos electorales al PSC (ZP pronunció esas palabras en un mitin pocos días antes de las elecciones autonómicas) y de paso atraer las simpatías de los catalanes para las Generales del año siguiente.  

Este tacticismo político y analítico no sopesaba las consecuencias de las acciones más allá de las elecciones, esto lo podemos ver en cómo ZP ignoró la auténtica naturaleza rupturista del nacionalismo incrustado en el PSC en forma de quinta columna, ignoró (o le daba igual) que el nacionalismo únicamente cuestionase y cuestiona una nación: la española, que cualquier concesión era un paso más hacia el objetivo, y finalmente, que la validación de las tesis nacionalistas-socialistas vía aprobación del Estatuto legitimaba el núcleo fundamental del que parte la ideología nacionalista: Cataluña es una ente nacional atemporal y por tanto tiene derecho a exigir –en un momento en el tiempo- su soberanía.

Naturalmente Zapatero uso y abusó de la política del simulacro, de la forma sin fondo, del fenómeno sin nóumeno, creó un gobierno en el que sus miembros parecían responder más a un casting sociológico para Gran Hermano que a un grupo de expertos en áreas de gestión determinadas, y mientras gobernaba a ritmo de titulares y tensionamientos varios, el nacionalismo hacía una labor de zapa que él conscientemente ignoraba.

Esta política del simulacro, del corto plazo, esta deuda electoral con el socialismo catalán, esta dejación de la obligaciones de un buen gobernante, derivaron en omisiones como que a pesar de saber que en la escuelas catalanas se discriminaba el castellano al tratarlo como una lengua extranjera, pesaran más los cálculos partidistas que la defensa de los derechos de los ciudadanos catalanes.

Quisiera finalizar este artículo con una reflexión que creo es de mayor calado que lo expresado hasta aquí, opino que el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ha sido la constatación, el cénit, de una política de dejación del Gobierno de la Nación respecto a los asuntos públicos en Cataluña, Zapatero ha encarnado y repetido dicha política, con la diferencia que gracias a su total carencia de aptitudes ha emergido dicho comportamiento, ha envalentonado e hipertrofiado al soberanismo y ha constatado lo que toda la clase política sabía pero nadie decía (en voz alta, esto es, ante la ciudadanía): que los distintos gobiernos de la democracia han permitido –por acción u omisión- una escalada soberanista a la Generalitat en la que actúa como si de un país (casi) independiente se tratara.

Más información

Albert Montañés firma por la secesión de Cataluña y quiere equipo propio de Copa Davis

Los Mossos d’Esquadra, como síntoma del desastre general en Cataluña

Cataluña, la sociedad civil, Òmnium Cultural y su “país normal”

El frenazo del PSC sobre el referéndum independentista en Cataluña descoloca a CiU

Albert Rivera: “No queda más vía en Cataluña que pactar Ciutadans, PSC y PP”

Fernando Savater: «Si en Cataluña pueden hacer una consulta independentista, es que ya son independientes»

Más en Sin categoría

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

CONTRIBUYE

Mobile Version Powered by