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Desde hace dos décadas, decir “buscar en Internet” es, casi siempre, decir “Googlear”.
Pero 2025 ha traído un giro inesperado y radical.
Con la llegada del Modo IA a Google Search, la experiencia tradicional de buscar enlaces ha dado paso a resúmenes generados por inteligencia artificial que responden directamente a nuestras preguntas.
¿Es este el avance definitivo que necesitábamos, o estamos ante el principio del fin de la web tal y como la conocemos?
La pregunta no es trivial.
La propia empresa lo presenta como un salto evolutivo: el buscador ahora es más inteligente, más útil y capaz de entender consultas complejas, dividirlas en subtemas y rastrear la web para ofrecer respuestas integradas.
Bajo el capó, Google utiliza su modelo Gemini 2.5, capaz de razonamiento avanzado y multimodalidad —es decir, puede comprender texto, imágenes y contexto al mismo tiempo— para profundizar más que nunca en los rincones del ciberespacio.
Sin embargo, este avance tiene un lado oscuro que inquieta tanto a editores digitales como a expertos en economía web.
El impacto del modo IA: ¿menos clics, menos diversidad?
Expertos en SEO y medios digitales advierten que esta nueva forma de buscar puede reducir drásticamente el tráfico hacia páginas web externas. Si el usuario ya obtiene una respuesta completa desde Google, ¿para qué hacer clic en los enlaces tradicionales? Lily Ray, responsable de estrategia SEO en una gran consultora, habla incluso de una posible “devastación” para los editores: menos visitas implica menos ingresos por publicidad, poniendo en jaque el modelo económico sobre el que se ha construido gran parte del contenido online.
Barry Adams, otro referente del sector digital, va más allá y predice que el tráfico a muchas webs podría reducirse a la mitad. El temor es que la IA acabe consolidando la información en unos pocos resúmenes sintéticos, disminuyendo los incentivos para crear contenido original y afectando a la pluralidad informativa. Gisele Navarro alerta de que “la diversidad informativa se contrae cuando la información se moldea solo para ser consumida por una IA”, algo que podría empobrecer el debate público y reducir las voces independientes.
Google defiende su apuesta argumentando que la IA fomentará nuevos formatos creativos y facilitará descubrir información más relevante y profunda gracias a su capacidad de analizar múltiples fuentes al instante. Nick Fox, vicepresidente sénior de Knowledge and Information en Google, sostiene que nunca se ha producido tanto contenido online como ahora y que el ecosistema digital sigue creciendo. Pero persisten las dudas: ¿podrán sobrevivir los medios pequeños si el tráfico se concentra aún más?
Un salto tecnológico sin precedentes: los asombrosos avances de la IA
El lanzamiento del Modo IA es solo la punta del iceberg. En 2025, la inteligencia artificial está logrando hitos asombrosos:
- Procesamiento multilingüe: Los modelos actuales comprenden y generan texto con precisión inédita en decenas de idiomas. Esto derriba barreras culturales y permite llegar a audiencias globales.
- Diagnóstico médico asistido: Algoritmos capaces de detectar enfermedades desde etapas tempranas están mejorando las tasas de supervivencia y reduciendo costes sanitarios.
- Automatización creativa: Desde música hasta arte digital generado por IA, las máquinas colaboran con humanos abriendo nuevas fronteras expresivas.
- Asistentes virtuales avanzados: Ahora reconocen emociones humanas, gestionan agendas o incluso negocian compras online sin intervención directa.
- Modelos centauro: Combinan análisis algorítmico con intuición humana para tomar decisiones complejas en sectores tan críticos como medicina o justicia.
- Sistemas autónomos: Vehículos inteligentes y drones navegan con mayor seguridad gracias a estos sistemas, acercándonos a una movilidad verdaderamente autónoma.
Estas capacidades no solo están redefiniendo sectores enteros —desde la educación hasta las finanzas— sino también la propia estructura de Internet.
La nueva economía digital: ¿quién paga por el contenido?
La disrupción no solo es tecnológica; es económica. Si Google responde a todo directamente con su IA, ¿qué incentivo tienen los creadores para seguir publicando contenidos? Matthew Prince (CEO de Cloudflare) propone un modelo donde los editores puedan bloquear el acceso a sus datos por parte de las IA si no reciben compensación justa. Wendy Hall aboga por estrategias adaptativas para proteger a los pequeños creadores mientras evoluciona el ecosistema digital.
Algunas voces sugieren mecanismos para garantizar una distribución más equitativa del valor generado por las plataformas tecnológicas. Sin embargo, hoy por hoy nadie tiene claro cómo lograrlo sin sacrificar innovación o accesibilidad.
El futuro cercano: ¿web fragmentada o renacimiento digital?
Lo único seguro es que nos enfrentamos a una etapa de cambio acelerado:
- Los algoritmos decidirán qué fuentes son citadas en los resúmenes IA.
- Las empresas deberán optimizar sus contenidos no solo para humanos sino también para máquinas.
- La batalla entre plataformas (Google, OpenAI, Perplexity…) fragmentará aún más el paisaje informativo.
En este nuevo entorno —donde los asistentes autónomos pueden reservarte mesa o gestionar tu agenda sin preguntarte—, las marcas tendrán que cuidar su reputación online porque será la IA quien decida si merecen aparecer… o ser ignoradas.
¿Está Google destruyendo la web? Quizá no sea tan dramático. Pero sí está forzando una transformación profunda donde solo sobrevivirán quienes entiendan rápido las reglas del juego… aunque estas reglas aún estén escribiéndose línea a línea por algoritmos cada vez más listos.
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