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Defender lo indefendible.
Esa es la misión de la ‘brunete pedrete’ ante cualquier evidencia que arrincone al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Y Afra Blanco es un miembro destacado de ese equipo de opinión sincronizada. Pero enfrente tenía a Ketty Garat. Y la periodista le paró los pies.
La activista sanchista intentó restar importancia a la exclusiva de la subdirectora de The Objective sobre los vídeos del Comité Federal del PSOE de 2016, durante el cual el líder de los socialistas intentó hacer un pucherazo para salirse con la suya y evitar que los de Ferraz hicieran presidente a Mariano Rajoy con su abstención, y que terminó con la salida de Sánchez —que vendió como «dimisión»— como secretario general tras la dimisión de la mitad más uno de la Ejecutiva para forzar su caída.
Para despreciar la noticia, intentó vender que se trataba de una estrategia para «tapar» la comparecencia como testigo de Rajoy en los juzgados en el caso Kitchen.
«Son no pocas las voces que no acaban de entender cuál era o cuál es la pretensión de por qué esta noticia sale justamente ayer, día en el que Mariano Rajoy se sienta en el banquillo como testigo, día en el que Cospedal se sienta en el banquillo (…)
¿La pretensión era opacar o generar una sombra de duda sobre las elecciones, como ya hay varios titulares, varios medios, o pseudomedios, o como se les quiera llamar, que están intentando situar la sombra del pucherazo?».
Sin embargo, Garat desmontó el argumentario de la activista sanchista al resaltar la importancia de la noticia y que es un disparate relacionar la publicación con una conspiración para intentar «opacar» otros eventos que se producen en paralelo.
«Yo no sé quién está sembrando sombra de sospecha sobre un pucherazo electoral; desde luego yo no, ni lo haría jamás. Esto es información, esto es verdad, esto es periodismo, y tenemos que respetar la información, la verdad y el periodismo, y el trabajo serio y riguroso que se hace para conseguir que unas imágenes como estas, de tanta importancia, salgan a la luz después de diez años.
Podemos hablar de conspiranoias, todo lo que queráis, de paranoias, de conspiraciones judeo-masónicas, de que esto se hace para tapar no sé qué. No tiene nada que ver. Yo hago una investigación».
En cuanto a quién ha podido filtrar la información, ha defendido el secreto de sus fuentes y el mimo con el que las trata para que sigan aportando datos exclusivos. Además, confiesa que esas teorías de la conspiración le hacían reír.
«Yo entiendo que tú no eres periodista, Afra, pero, independientemente de las conspiraciones de las redes, yo he visto alguna cosa. No he tenido mucho tiempo, porque desde ayer ha sido una locura, pero a mí todo esto casi me esboza una sonrisa. No tiene nada que ver ni con la Kitchen ni con nada».
Y, para zanjar el asunto, aclaró el motivo de por qué sale ahora la información:
«No tengo nada que ocultar. A mí me llega esta información cuatro días antes de que terminara la redacción de este libro, es decir, no me llega ‘antes de ayer’, porque el libro ya se ha impreso. Evidentemente, fue hace un tiempo, pero guardo el secreto porque no voy a reventar mi propio libro».
Por último, lanzó una reflexión con la que dejó descolocada a Blanco:
«Cualquiera que quiera buscarle una explicación oculta y diferente lo que está intentando es hacerle el juego al Partido Socialista para ocultar la verdad de esas imágenes: que ahí había un Pedro Sánchez que, efectivamente, como decía Caraballo, utilizaba tácticas de marrullería para intentar forzar una votación».
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