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Enganchón tremendo.
El empresario Marcos De Quinto y el activista Ramón Espinar han incendiado el plató de En boca de todos a cuenta de la manifestación de este sábado en contra de la nefasta gestión del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con la invasión de Ceuta.
De Quinto respondía a las declaraciones del ministro Óscar López, que despreció la protesta que se solidarizaba con Ceuta y, tras reivindicar la protesta, fue el turno del expodemita, que afirmó que habían ido cuatro gatos, a diferencia de las manifestaciones por la emergencia habitacional y en contra del desahucio de Maricarmen.
Todo pese a que las cifras de la Delegación del Gobierno situaron en 25.000 los asistentes a la protesta convocada por Sociedad Civil, una cifra similar a la asistencia a las otras manifestaciones.
Tras este feo, el empresario atizó con ironía que en la mesa había un «experto en vivienda pública», haciendo referencia a Espinar y al escándalo de 2010 que le señala por haber comprado y revendido una vivienda pública asignada sin sorteo público, con 23 años, estando en el paro y sin ocuparla. En la operación habría ganado unos 30.000 euros.
De Quinto achacó eso al cargo que desempeñaba el padre de Espinar -fallecido hace unas semanas- en ese momento. Al hacer alusión al caso, la cosa escaló rápidamente.
Espinar afirmó que intentaban usar algo del pasado para «desprestigiarlo», aunque cuando estaba en política ya había dado explicaciones y que no se le puede achacar ningún delito porque la vivienda era pública, pero no protegida, y porque la compró y vendió a «precio de tasación».
Tras esto, acusó a De Quinto de tener una catadura moral de «fascista miserable». Al escuchar estas palabras, el empresario estalló y comenzó el enganchón.
«A mí no me llamas fascista, pedazo de imbécil. Llámale fascista a tu padre, estoy harto de los rojos de mierda como tú».
En mitad de los gritos y de la intervención de Nacho Abad, que pidió respeto, los dos seguían descalificándose, con De Quinto retando a Espinar a decirle fascista a la cara. «Cuando quieras, monstruo», soltó el expodemita.
«Trabaja en algo honrado», «ladrón», «fascista», «miserable» se soltaron el uno al otro hasta que Abad consideró que la cosa «no valía la pena» y cortó la conexión.
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