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Entró al plató de El Hormiguero con una amplia sonrisa y los ojos iluminados.
Borja Sémper se sentó frente a Pablo Motos y dijo lo que llevaba meses esperando poder decir en voz alta: «Estoy libre de cáncer».
Se emocionó un poco. Lo reconoció él mismo. Y fue suficiente para que todos los presentes sintieran el peso de lo que ese hombre había cargado durante los últimos diez meses.
El diagnóstico que llegó por una tos nocturna
Todo comenzó por algo que Sémper atribuía a ser fumador: tosía por las noches. Su esposa, la actriz vasca Bárbara Goenaga, lo notó y le insistió en hacerse un chequeo. Él fue. Y los médicos encontraron un tumor de páncreas.
El cáncer de páncreas es uno de los más letales precisamente porque raramente produce síntomas en sus etapas iniciales. Cuando se detecta, con frecuencia ya está en fase avanzada. Sémper tuvo la fortuna de que la insistencia de su mujer llevó al diagnóstico en un momento en que el tumor podía operarse.
La quimioterapia que siguió a la operación le causó problemas renales y lo hundió en lo que él describe como un túnel oscuro. Diez meses después, los resultados de la última revisión confirmaron lo que esperaba escuchar: libre de cáncer.
Quién es Borja Sémper
Borja Sémper Pascual nació en Irún en 1975. Licenciado en Derecho por la Universidad del País Vasco, con especialización en Gestión Pública, construyó su carrera política en el PP vasco en uno de los entornos más hostiles que puede afrontar un político del partido: el País Vasco durante los años de mayor actividad de ETA.
Fue diputado en el Parlamento Vasco y presidió el PP de Guipúzcoa durante años en los que la amenaza terrorista era una realidad cotidiana. En El Hormiguero habló de las tres ocasiones en que ETA estuvo cerca de acabar con su vida. No es una exageración retórica: varios compañeros y conocidos suyos murieron asesinados por la organización terrorista.
Esa experiencia marcó su carácter y su manera de entender la política. Sémper siempre fue percibido como uno de los políticos del PP con más capacidad para hablar con el electorado vasco moderado, con un discurso que combinaba la firmeza ante el terrorismo con una voluntad de diálogo que no siempre fue bien recibida dentro de su propio partido.
En julio de 2025, con el diagnóstico encima, dejó sus responsabilidades políticas para centrarse en la recuperación. Ahora regresa como portavoz nacional del PP y diputado por Madrid, con una perspectiva sobre la vida y sobre la política que diez meses en el túnel han transformado inevitablemente.
Bárbara Goenaga y la familia que lo sostiene
Bárbara Goenaga, actriz guipuzcoana conocida por series y películas de gran éxito en el mercado español, es la mujer que detectó lo que ningún médico había buscado todavía. Lleva con Sémper desde 2014 y juntos han construido una familia compleja y sólida a la vez: Telmo (2016) y Eliot (2018), sus hijos en común; Pablo, hijo de Sémper de su primer matrimonio; y Arán, hija de Bárbara con el actor Óscar Jaenada.
Durante los meses de tratamiento, Goenaga fue el centro de gravedad de esa familia. Sémper lo reconoció sin rodeos en el programa: ella no solo jugó un papel fundamental en el diagnóstico. Ha sido su apoyo incondicional durante los momentos más difíciles.
Lo que más le dolió durante la enfermedad, dijo, no fue tanto el miedo a morir como la tristeza de imaginarse perdiéndose los momentos cotidianos con sus hijos. «Es generosidad y sacrificio», dijo sobre la paternidad. Y la enfermedad le había puesto delante la posibilidad de no estar para verlos crecer.
«El tiempo adquiere otro significado. Todo queda suspendido», confesó ante Motos.
Las vacaciones familiares en Mallorca antes de su reaparición pública marcaron el inicio de la nueva etapa: el regreso a la vida ordinaria después de meses en los que nada era ordinario.
El regreso y el mensaje
Sémper vuelve a la política con la actitud del que ha aprendido que nada es permanente y que el tiempo tiene un valor que solo se aprecia cuando se pone en riesgo. Habló de la situación política española con la contundencia de quien lleva meses mirando las cosas desde fuera: «España necesita un cambio».
Y envió un mensaje a las Fuerzas de Seguridad que para alguien con su historia personal en el País Vasco tiene un peso que va más allá de lo protocolario.
Su reaparición en El Hormiguero no fue un acto político. Fue algo más difícil: la exposición pública de una experiencia íntima que implica mostrarse vulnerable ante millones de personas. Lo hizo con la naturalidad de quien ya no tiene nada que demostrar porque ha pasado por algo que reordena las prioridades de forma irreversible.
Borja Sémper está libre de cáncer. Tiene cincuenta años, cuatro hijos, una mujer que le salvó la vida insistiendo en que fuera al médico y ganas de comerse lo que le queda por delante.
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