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La peor ‘nube de polvo Gorila’ de los últimos 50 años está golpeando al Caribe.
Desde Cuba hasta México están sintiendo los efectos de la nube de polvo del Sáhara, un fenómeno que, aunque se presenta regularmente, este año ha llegado con una intensidad no vista en algunos de esos países en medio siglo.
Los expertos dicen que esta masa de aire caliente muy seca y cargada de polvo potencialmente dañino que se forma sobre el desierto del Sahara.
«Puede cubrir un área equivalente a la de Estados Unidos y extenderse verticalmente entre 1.500 y 6.000 metros de altura», explican.
Aunque es un fenómeno recurrente, Puerto Rico amaneció envuelto en una nube con una intensidad que no se veía desde hace 50 años y que llevó a las autoridades a catalogar la calidad del aire con un nivel “peligroso”.
La capa de polvo era tan densa que afectó la visibilidad en muchas partes de la isla y en algunas zonas la densidad era tal que el sol se veía difuso.
En México el polvo alcanzará su máxima concentración sobre Campeche, Quintana Roo y Yucatán, con efectos que incluyen reducción en la lluvia, incremento en las temperaturas, cielo brumoso y escasa nubosidad.
El Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) aseguró que las pequeñas cantidades del polvo «no representan un peligro significativo para la población”.
En el caso de Cuba, la intensidad es considerada pero también provocó que las autoridades emitieran alertas por el aumento de temperaturas y la proliferación de enfermedades respiratorias y de la piel asociadas.
En 2019, Cuba registró su mayor temperatura media anual desde 1951, con reportes superiores a los 28 grados Celsius como promedio en verano, en parte debido al polvo del Sahara.
Sus beneficios
Pese a los riesgos para la salud humana, los especialistas también hablan de impactos positivos del polvo del Sahara, particularmente para el medioambiente.
La calima suele transportar nutrientes minerales que son buenos para la fertilización del océano y otros expertos consideran que especialmente el hierro que contiene «suele ser positivo para la agricultura también».
Además, la reducción de formación de nubes, “habría menor posibilidad de que se desarrollen los ciclones tropicales en el Atlántico”, en una temporada como la de este año, que comenzó oficialmente el pasado 1 de junio, que se prevé con una actividad “por encima de lo normal”.
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