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FILOSOFÍA, PSICOLOGÍA Y CURIOSIDADES EN CLAVE HUMANA

Vanidad: los soprendentes beneficios personales y sociales de ser presumido… según Rousseau y Adam Smith

La vanidad, lejos de ser un simple defecto, puede tener efectos positivos para el individuo y la sociedad según dos de los grandes pensadores de la Ilustración

Periodista Digital 06 Jul 2025 - 07:36 CET
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Quién no ha sentido alguna vez esa pequeña satisfacción cuando alguien alaba su nuevo corte de pelo, el resultado de una presentación o incluso su ingenio en una conversación.

Esa chispa interna, que solemos tildar de vanidad, ha sido tradicionalmente vista como un pecado capital o, en el mejor de los casos, una flaqueza humana.

Sin embargo, figuras históricas como Jean-Jacques Rousseau y Adam Smith sostuvieron ideas mucho más matizadas sobre el papel que juega la vanidad en nuestra vida personal y colectiva.

En pleno siglo XVIII, cuando la moral social miraba con recelo cualquier atisbo de autoafirmación excesiva, estos pensadores se atrevieron a explorar los posibles beneficios de la vanidad. No es poca cosa: según sus argumentos, ser un poco presumido podría ser incluso un motor para el progreso individual y social.

Palabras clave como vanidad, beneficios sociales, psicología y Rousseau aparecen cada vez más en debates actuales sobre salud mental y convivencia. ¿Será que hemos subestimado el poder transformador del amor propio?

Rousseau y Smith: dos formas distintas de mirar la vanidad

Para Rousseau, la vanidad se presenta como una consecuencia natural de la vida en sociedad. En sus reflexiones sobre el origen de la desigualdad humana, argumenta que el deseo de ser admirado por otros nos impulsa a desarrollar nuestras capacidades y a buscar reconocimiento. De alguna manera, esa inclinación a querer brillar ante los demás puede estimular el aprendizaje, la creatividad y hasta la empatía: queremos gustar… pero también agradar y contribuir.

Por su parte, Adam Smith —más conocido por su tratado sobre economía— defendía que el motor fundamental del comportamiento humano no es tanto la búsqueda del placer sino la necesidad de aprobación social. Para Smith, la vanidad es una expresión del amor propio que puede desencadenar acciones virtuosas cuando buscamos que otros aprueben nuestro comportamiento. Así, en lugar de verlo solo como narcisismo inútil, lo considera una fuerza útil para la cooperación social y el desarrollo moral.

Ambos coinciden en que sin ese pequeño toque de egocentrismo no existirían ni las grandes obras artísticas ni los avances sociales. La vanidad —en su justa medida— sería una especie de pegamento invisible que mantiene unida a la sociedad.

El lado científico: ¿qué dice hoy la psicología sobre los presumidos?

La neurociencia moderna ha empezado a arrojar luz sobre este fenómeno tan humano. Lejos de limitarse a catalogar la vanidad como un mero defecto narcisista, los estudios recientes demuestran que tener una buena dosis (controlada) de autoestima contribuye al bienestar psicológico y social.

Eso sí: no conviene confundir la sana vanidad con la arrogancia extrema o el narcisismo clínico. Los estudios muestran que quienes caen en este último extremo presentan menos materia gris en áreas cerebrales vinculadas a la empatía y las habilidades sociales. Pero si uno sabe dónde está el freno… presumir un poco puede ser más saludable de lo que pensamos.

Vanidosos ilustres: cuando presumir cambió la historia

La historia está repleta de personajes cuya vanidad fue mucho más allá del simple deseo de llamar la atención. Algunos ejemplos memorables:

En muchos casos, esa búsqueda incansable del reconocimiento fue clave para impulsar innovaciones, conquistar territorios o escribir páginas memorables.

Vanidad cotidiana: maquillaje, redes sociales y autoafirmación

En nuestra época, las expresiones de vanidad han encontrado nuevos canales. El uso del maquillaje —tan habitual como polémico— responde tanto a necesidades estéticas como emocionales. Según expertos en psicología contemporánea, maquillarse no es solo cuestión superficial: muchas mujeres (y hombres) lo utilizan para ganar confianza y proyectar seguridad ante presiones sociales o laborales.

Asimismo, las redes sociales han multiplicado los escenarios donde mostrar nuestros mejores ángulos. Aunque pueda parecer frívolo compartir selfies o logros personales online, estudios recientes indican que estos actos pueden fortalecer nuestro sentido de pertenencia e identidad.

Eso sí: igual que ocurría en tiempos de Rousseau o Smith, lo fundamental sigue siendo encontrar el equilibrio entre autoafirmación y empatía social.

Curiosidades científicas sobre la vanidad

Anécdotas y rarezas históricas

Para acabar con una sonrisa (y sin caer en conclusiones moralistas), aquí algunas perlas:

¿Vanidosos? Puede ser. Pero gracias a ellos —y a todos nosotros cuando nos dejamos llevar por ese impulso— el mundo resulta mucho más interesante.

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