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En las gasolineras de Estados Unidos, junto a los refrescos y los cargadores de móvil, es posible encontrar un producto que recuerda a un suplemento herbal.
Un reportaje de BBC Mundo arroja luz sobre por qué el kratom está en el punto de mira de las autoridades: se ofrece en cápsulas, polvos, gominolas y bebidas, muchas veces sin una información clara sobre su contenido.
Aunque este tipo de planta no es heroína, algunos de sus preparados más concentrados generan efectos similares a los de los opioides. Por eso se le ha otorgado el apodo de «heroína de las gasolineras», una etiqueta provocadora que mezcla una preocupación sanitaria genuina con una notable simplificación.
Una planta tradicional convertida en producto de consumo
El kratom proviene de las hojas de Mitragyna speciosa, un árbol nativo del sudeste asiático. En naciones como Tailandia, Malasia e Indonesia, se ha utilizado durante generaciones para combatir el cansancio y aliviar el dolor. Sus hojas contienen diversos alcaloides, entre ellos la mitraginina y la 7-hidroximitraginina, conocida como 7-OH.
La cantidad y el método de consumo modifican por completo la experiencia:
| Preparado o dosis | Efectos descritos |
|---|---|
| Cantidades bajas | Aumento de la energía, alerta y sensación similar a la cafeína |
| Cantidades mayores | Relajación, euforia, somnolencia y posibles alucinaciones |
| Extractos concentrados | Efectos opioides más fuertes, dependencia e intoxicación |
El inconveniente radica en que el comprador no siempre está al tanto de lo que contiene el recipiente. Algunos productos etiquetados como kratom pueden incluir niveles elevados de 7-OH, un compuesto que se encuentra de manera natural en proporciones muy reducidas en la hoja, pero que puede concentrarse o producirse para aumentar su potencia.
¿Por qué preocupa tanto a los médicos?
Los usuarios de kratom a menudo mencionan el dolor, la ansiedad, el cansancio o su búsqueda de alivio ante el síndrome de abstinencia de otros opioides. No obstante, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) no ha aprobado el kratom para ningún uso médico. Además, no existen las garantías de pureza, dosificación o eficacia que suelen acompañar a los medicamentos.
Los efectos adversos pueden variar desde molestias relativamente comunes hasta situaciones graves:
- Náuseas, estreñimiento, mareo y somnolencia.
- Confusión, temblores y convulsiones.
- Aumento de la presión arterial y alteraciones del ritmo cardiaco.
- Lesiones hepáticas.
- Respiración lenta y pérdida de consciencia.
- Tolerancia, un deseo intenso de consumir y síntomas de abstinencia.
El Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de Estados Unidos señala que se han reportado problemas psiquiátricos, cardiovasculares, gastrointestinales y respiratorios. Aunque las muertes vinculadas al kratom son poco comunes frente a las provocadas por otras sustancias, muchas veces se veía la presencia de otros compuestos o contaminantes. Este hecho complica la tarea de determinar el papel que efectivamente jugó la planta.
El verdadero foco rojo: la 7-OH
Las autoridades están comenzando a diferenciar entre la hoja tradicional y los productos con concentraciones artificialmente elevadas de 7-OH. Este compuesto activa los receptores opioides y puede ocasionar intoxicaciones, dependencia y síntomas de abstinencia. En el mercado se pueden encontrar en forma de comprimidos, polvos, caramelos y pequeños preparados líquidos.
En julio de 2026, la Agencia Antidroga de Estados Unidos anunció acciones para clasificar temporalmente ciertos productos altamente concentrados dentro de la categoría federal más estricta. En agosto, el gobierno anunció la categorización de varios derivados semisintéticos relacionados con el kratom como sustancias de Lista I, reservada para compuestos de alto potencial de abuso y sin un uso médico aprobado a nivel federal.
Esta medida no implica necesariamente una prohibición nacional de toda la planta. La regulación es fragmentada: el kratom está prohibido en ciertos estados, mientras que en otros se comercializa con escasas restricciones. La FDA, por su parte, afirma que no se vende legalmente como medicamento, suplemento dietético o aditivo alimentario.
Un mercado difícil de vigilar
El comercio de kratom se ha expandido en internet, tiendas de vapeo, comercios de conveniencia y estaciones de servicio. El envase puede presentarse como «natural», «energizante» o «producto para el bienestar», términos que no aseguran su seguridad. Además, a menudo se desconoce la concentración real o la posible presencia de contaminantes, como metales pesados o bacterias.
La investigación científica sigue en marcha. Los Institutos Nacionales de Salud han dado luz verde a estudios preliminares con mitraginina para determinar si algún compuesto del kratom podría ser útil frente al trastorno por consumo de opioides. Sin embargo, ese trabajo experimental no convierte a los productos que están disponibles en tratamientos validados.
Tres ideas para entender la polémica
- Natural no significa inocuo: la morfina también proviene de una planta.
- No todo el kratom es igual: una hoja pulverizada y un extracto ultraconcentrado no implican el mismo peligro.
- La etiqueta puede quedarse corta: la falta de controles complica la identificación de la dosis y los ingredientes reales.
Y no faltan curiosidades que explican el creciente interés por el tema. Este árbol puede alcanzar más de 15 metros en su entorno natural y pertenece a la misma familia botánica que el café. Sus hojas se han masticado tradicionalmente para mantenerse despierto en largas jornadas. El término «kratom» no define una molécula específica, sino una planta que contiene decenas de compuestos. Y la palabra que más aparece en sus envases —«herbal»— no garantiza que el hígado, el corazón o el cerebro se olviden de leer la letra pequeña.
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