Bastó que el ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, hablara de cambios legislativos para que los centros concertados que separen los alumnos por sexos puedan ser subvencionados, para que el PSOE se lanzara a degüello.
La Secretaria de Política Social del PSOE, Trinidad Jiménez, vió «tremendo» que el ministro de Educación, Cultura y Deporte, «justifique la discriminación por razón de sexo» en el sistema educativo y diga que «no está de acuerdo» con la sentencia del Tribunal Supremo (TS), en la que rechaza los conciertos a dos colegios de educación diferenciada.
Pero, la educación diferenciada por sexos, ¿supone una discriminación?
El acerado y genial Salvador Sostres dedica su columna en El Mundo al tema, titulada ‘Un chico y una chica’, y lo tiene muy claro:
Diferenciar no es discriminar, sino todo lo contrario. Es personalizar la educación y humanizarla. Por mucho que la propaganda feminista se obstine en sus mentiras, no es lo mismo un niño que una niña, ni una chica que un chico. La educación mezclada puede provocar situaciones difíciles y desagradables para los alumnos de ambos sexos.
El nivel educativo es y tiene que ser igual para los dos grupos, pero todo el mundo puede entender que, sobre todo a partir de una cierta edad, con las hormonas disparadas, estar en una misma aula con personas del sexo contrario distrae considerable e innecesariamente a los alumnos de sus objetivos académicos.
Chicas y chicos tienen un ritmo de maduración distinto, y es preciso que, por lo tanto, sean tratados distintamente; y huir de este modo y con diligencia de los promedios y de las estadísticas que convierten a las niñas en camioneros y a los niños en amanerados, llevando a ambos a la desfiguración de su personalidad, al relativismo y a la confusión.
En la edad en que de manera inconsciente pero muy intensa se forjan las inseguridades y los complejos que te acompañarán toda la vida, es fundamental evitar que un maestro, al reñir a un chico, pueda humillarle ante la chica que le gusta o ante las chicas en general, y viceversa. Los maestros tienen que poder ser rigurosos y severos sin el temor de crear traumas.
Para la izquierda, todo se resuelve poniendo máquinas de preservativos en los colegios. Dejadez y paternalismo. Te abandono en alta mar pero me hago el comprensivo regalándote una botella de agua. ¿No sería más comprensivo no abandonarte? Hemos renunciado tanto, nos hemos dejado derrotar por el facilismo y sus espectros con tanta holgazanería e irresponsabilidad que hemos acabado creyendo que la solución es acompañar a nuestro crío a comprar un gramo de cocaína para que nos considere su amigo en lugar de explicarle que no tiene que drogarse para que sepa que tiene un padre.
Tal vez podríamos esforzarnos un poco más y dar a nuestros hijos y alumnos una formación integral y ambiciosa, basada en lo que son y en lo que aspiren a ser, e instruyéndoles en el respeto a sí mismos, a su alma y a su cuerpo, para que aprendan a respetar también las almas y los cuerpos de los demás.
Tal vez podríamos ser más valientes y no tener miedo de razonarles que no existe una explicación sexual del mundo. Tal vez podríamos hacerlo mejor de lo que lo hicieron con nosotros y admitir que el sexo sin amor es un vicio como cualquier otra debilidad y que sólo conduce al vacío, a la angustia y a la soledad.
Tal vez podríamos ser mejores padres y mejores maestros y no abandonar a los chicos a su suerte. La educación separada de chicos y chicas no es aberrante ni discriminatoria, aunque sea más fácil meter a todos en la misma olla y despreocuparse del resultado final. Así han acabado de moralmente destruidas las sociedades gobernadas por la corrección política y por la socialdemocracia, valga la redundancia. Esta crisis no es casualidad.
Nuestro sistema educativo es el peor de todos los tiempos; y ha quedado demostrado que siempre que intentamos avanzar sin Dios nos perdemos. La libertad no tiene nada que ver con la dejación, ni con el colegueo, ni con la permisividad. Hemos fracasado y tenemos que volver a empezar.
LA POSICIÓN DEL MINISTRO WERT
El ministro de Educación ha apuntado la posibilidad de que la ley explicite, en la futura reforma educativa, que la enseñanza diferenciada por sexos no tiene por qué suponer discriminación ni segregación en «determinadas condiciones».
«Quizás una clarificación del marco legislativo en el que se resuelve esta cuestión ayude o dé lugar a resoluciones en otro sentido», ha comentado en alusión a la sentencia y al proyecto de ley de mejora de la calidad educativa que el Gobierno enviará al Congreso entre finales de octubre y primeros de noviembre de 2012.
Según el ministro, si en un debate articulado y argumental, libre de prejuicios ideológicos, se determina que la posibilidad de ofrecer educación diferenciada no implica discriminación, «no habría ninguna razón» para que esos centros no sean sostenidos con fondos públicos.
Esta posición le ha valido al ministro y al PP críticas desde la oposición socialista y desde IU y, así, el secretario general del grupo socialista en el Congreso, Eduardo Madina, ha asegurado que el PP vive en «el siglo XIX».
Madina ha aseverado que el problema no está en los colegios que segregan, sino en que el Gobierno pretenda que la financiación a estos centros «salga de los bolsillos de todos los españoles».
La secretaria de Política Social del PSOE, Trinidad Jiménez, ha considerado «tremendo» y una «auténtica barbaridad» que el Gobierno intente justificar la segregación por sexo en las escuelas, ya que, para Jiménez, se trata de una «regresión al pasado».
«Cuando veo justificar a un miembro del Gobierno del PP este tipo de escuela me llama la atención, porque esto significa una vuelta al pasado», ha asegurado Jiménez, quien ha opinado que, además, este tipo de educación «atenta contra la igualdad de las mujeres».
IU ha registrado en el Congreso una petición para que comparezca el ministro de Educación, Jose Ignacio Wert, y explique cómo piensa cumplir con las sentencias del Supremo que niegan la ayuda del Estado a los colegios que segregan por sexo.
Para la portavoz de esta formación en la Comisión de Educación, Caridad García Álvarez, el ministro no está en su cargo para decir que «acata o valora» en mayor medida una sentencia, sino para hacerlas cumplir, «le gusten o no».
Otras organizaciones han insistido también en la obligación de que se cumpla la sentencia del Supremo en las comunidades autónomas que deciden a qué colegios se incluye en el concierto (es decir, a cuáles se subvenciona con dinero público).
Así, la Federación de la Enseñanza de CCOO va a recurrir ante los tribunales la concesión de conciertos educativos a centros que segreguen a sus alumnos por sexo, porque entiende que estas subvenciones «vulneran» la ley y los derechos de los alumnos.
La Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (CEAPA) ha pedido a las Comunidades Autónomas que apliquen la doctrina del Tribunal Supremo y retiren los conciertos con los centros privados que discriminan al alumnado por razón de sexo.
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