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Seres Humanos

La agresividad es cuestión de feromonas

El entorno en el que una persona crece y vive influye significativamente en su comportamiento.

Miguel Pato Actualizado: 10 Nov 2024 - 07:40 CET
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Un grupo de científicos de EE UU ha conseguido identificar las moléculas responsables de la agresividad que provoca las peleas entre machos de una misma especie.

Este hallazgo es fruto de una investigación con ratones, en cuyo organismo se ha conseguido identificar las feromonas -sustancias químicas segregadas para provocar un comportamiento en otro individuo de la misma especie- que están involucradas en los enfrentamientos agresivos entre los machos.

«En nuestro estudio mostramos que dos moléculas distintas son suficientes para provocar la agresión de macho a macho».

Las feromonas llegan al sistema neuronal de los seres vivos por dos órganos nasales: el vomeronasal y el epitelio olfativo principal.

Según publica la revista Nature, una de esas moléculas causantes de esas peleas animales se encontraría en una proteína de la orina.

«En nuestro estudio mostramos que dos moléculas distintas son suficientes para provocar la agresión de macho a macho».

Uno de los responsables de la investigación explica que las feromonas llegan al sistema neuronal de los seres vivos por dos órganos nasales: el vomeronasal y el epitelio olfativo principal.

Según publica la revista Nature, una de esas moléculas causantes de esas peleas animales se encontraría en una proteína de la orina.

La agresividad humana es un tema que ha intrigado a científicos y filósofos durante siglos.

Comprender sus orígenes y manifestaciones es esencial para abordar problemas sociales y de salud mental.

La agresividad se define como un comportamiento que busca causar daño o perjuicio a otros. Puede manifestarse de diversas formas, desde la violencia física hasta el abuso verbal o psicológico.

La genética desempeña un papel en la predisposición a comportamientos agresivos.

Estudios han identificado genes asociados con la agresividad, como el MAOA, conocido como el «gen del guerrero». Una mutación en este gen puede afectar la regulación de neurotransmisores como la dopamina, influyendo en el control de los impulsos y aumentando la propensión a la agresividad.

Además, niveles bajos de serotonina se han relacionado con comportamientos impulsivos y agresivos. La serotonina es un neurotransmisor que ayuda a regular el estado de ánimo y el comportamiento social.

Factores ambientales

El entorno en el que una persona crece y vive influye significativamente en su comportamiento.

Experiencias de abuso, negligencia o exposición a violencia durante la infancia pueden aumentar la probabilidad de conductas agresivas en la edad adulta.

La neuropsicóloga Feggy Ostrosky señala que «la violencia es una conducta aprendida», indicando que el entorno social y familiar es crucial en el desarrollo de comportamientos agresivos.

Influencia de los medios y la tecnología

La exposición a contenidos violentos en medios de comunicación y videojuegos ha sido objeto de debate.

Algunos estudios sugieren que los videojuegos violentos pueden desensibilizar a los jugadores y aumentar la agresividad. Sin embargo, metaanálisis recientes indican que el impacto de estos juegos en el comportamiento agresivo es mínimo y no permiten establecer una relación causal directa.

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