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Quizá es buena chica y hasta responsable en su vida coridiana, pero lo que hizo es de tonta del bote.
Alegarará que todo era una broma, pero el asunto pudo acabar en tragedia.
A pesar de la alerta por el fuerte temporal que azotaba la costa cantábrica el pasado seis de enero, tres jóvenes decidieron darse un chapuzón en la segunda playa del Sardinero, en Santander.
Antes de abandonar la arena, una de ellas no duda en ponerse a bailar delante de una ola que está a punto de penetrar con fuerza en la tierra.
Cuando la lengua de agua rompe contra el muro y avanza con velocidad hacia ella, la joven corre pero no tiene tiempo de alcanzar la rampa.
Es entonces cuando la corriente la engulle y arrastra varios metros ante la mirada asustada de las personas que se encontraban asomadas desde el paseo marítimo.
Al final y gracias a Dios, la sacaron. A ver si ha aprendido algo.
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