Este fenómeno desconcertante es conocido como el síndrome de la cabeza explosiva (EHS, por sus siglas en inglés), una parasomnia que, aunque parece sacada de una novela de terror, es más común de lo que podríamos imaginar. Sin embargo, a pesar de que fue reconocido por la medicina en 1876, el EHS sigue siendo un misterio mal comprendido y poco estudiado.
El síndrome de la cabeza explosiva pertenece a la misma familia de trastornos del sueño que incluye fenómenos como la parálisis del sueño o los espasmos mioclónicos, esas bruscas sacudidas que sentimos justo cuando nos estamos quedando dormidos. Sin embargo, el EHS tiene características propias que lo hacen particularmente perturbador: quienes lo padecen suelen describir un estallido súbito, comparable al disparo de un arma o el portazo de una puerta, justo en el momento en que el sueño comienza a apoderarse de ellos.
Afortunadamente, aunque el nombre suene alarmante, el EHS no es peligroso. Los episodios son breves, suelen durar solo unos segundos, y no hay dolor asociado. Pero el susto no deja de ser real: el miedo, la ansiedad y la confusión que genera la experiencia son sentimientos comunes en quienes la sufren. De hecho, un estudio reciente reveló que el 45% de las personas que han experimentado este fenómeno reportaron niveles de miedo moderado a severo.
Lo curioso es que, a pesar de lo común que es (algunos estudios estiman que hasta un 30% de la población puede experimentar EHS al menos una vez en la vida), se sabe muy poco sobre sus causas. La teoría más aceptada sugiere que el EHS es el resultado de una interrupción en los procesos cerebrales que apagan nuestros sentidos al quedarnos dormidos. Esta falla en el sistema de “apagado” podría explicar por qué percibimos esos sonidos tan intensos que en realidad no existen.
Si bien la ciencia no ha logrado aún descifrar todos los misterios del EHS, la buena noticia es que existen algunas estrategias simples para manejarlo. Mejorar los hábitos de sueño, evitar dormir boca arriba o reducir el estrés pueden ser medidas efectivas para prevenir estos episodios. Más importante aún, entender que se trata de una condición inofensiva puede ayudar a disminuir la angustia asociada.
Al final, lo más importante es no caer en el pánico: aunque el EHS puede ser desconcertante, no es más que un pequeño truco de nuestra mente al desconectarse para descansar. Con un poco de consciencia y cambios en la rutina de sueño, este molesto fenómeno puede quedar simplemente en una anécdota más de las muchas rarezas que el cerebro humano nos regala.