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Desde hace miles de años, la miel lleva empleándose en la dieta de diversas culturas.
De hecho, la Biblia hace referencia a las propiedades de la miel en numerosos capítulos del Antiguo Testamento, a través de personajes con base histórica como el rey Salomón.
El cadáver de Alejandro Magno se embalsamó en miel para garantizar su conservación, según aseguraba el historiador E. A. Wallis Budge en el siglo XIX.
- Eterna durabilidad: La miel es uno de los pocos alimentos que nunca se echa a perder. Se han encontrado tarros de miel en tumbas egipcias de más de 3,000 años de antigüedad, y todavía eran comestibles. Esto se debe a su bajo contenido de agua y su alta acidez, lo que impide el crecimiento de bacterias y otros microorganismos.
- Diferentes colores y sabores: El color y el sabor de la miel dependen de las flores de las que proviene el néctar. Puede variar desde casi incolora hasta un marrón oscuro, y los sabores pueden ir desde muy suaves hasta bastante intensos. Por ejemplo, la miel de azahar es clara y suave, mientras que la miel de castaño es oscura y con un sabor más fuerte.
- Miel medicinal: Desde la antigüedad, la miel se ha utilizado en la medicina tradicional. Tiene propiedades antibacterianas y antiinflamatorias, por lo que es común usarla para tratar heridas y quemaduras. La miel de manuka, en particular, es famosa por sus potentes propiedades antimicrobianas.
- Productividad de las abejas: Una abeja obrera produce aproximadamente 1/12 de cucharadita de miel en toda su vida. Para producir un solo kilogramo de miel, las abejas tienen que visitar alrededor de 4 millones de flores y recorrer una distancia equivalente a dar la vuelta al mundo.
- La miel y las abejas en la historia: La apicultura (la práctica de criar abejas para obtener miel) es una de las actividades más antiguas de la humanidad. Existen pinturas rupestres en España que muestran personas recolectando miel y que datan de hace al menos 8,000 años.
- La miel en la cocina: La miel no solo se utiliza como edulcorante natural. También es un ingrediente clave en la elaboración de hidromiel, una de las bebidas alcohólicas más antiguas conocidas por la humanidad, y se utiliza en una variedad de recetas, desde adobos y salsas hasta postres.
- Tipología de miel: Existen diferentes tipos de miel, como la miel monofloral, que proviene de un solo tipo de flor, y la miel multifloral, que proviene de varias especies de flores. Además, hay mieles crudas, que no han sido procesadas ni pasteurizadas, conservando así todas sus propiedades naturales.
- Energía natural: La miel es una fuente rápida y natural de energía. Contiene azúcares naturales, principalmente glucosa y fructosa, que son fácilmente absorbidos por el cuerpo. Por esta razón, muchos atletas la utilizan como un suplemento energético.
- Cristalización: La miel pura eventualmente se cristaliza. Este es un proceso natural y no significa que la miel se haya estropeado. La cristalización ocurre cuando la glucosa se separa del agua y forma cristales. La miel puede volver a su estado líquido si se calienta suavemente al baño maría.
- Polinización: Además de producir miel, las abejas juegan un papel crucial en la polinización de muchas plantas, lo que es vital para la agricultura y la producción de alimentos. Se estima que un tercio de los alimentos que consumimos depende directamente de la polinización por abejas.
La miel es mejor que el azúcar
Su composición se basa en agua y azúcares, en un 80% glucosa y fructosa. Además aporta una energía rápida, sin incluir las ventajas de su contenido en vitamina B y otros nutrientes.
Es así como muchos pediatras recomiendan suministrárselo a los bebés, ya que es un producto fácil de digerir pese a la juventud de sus sistemas digestivos.
Sin embargo, la cultura popular asocian a este producto con unas propiedades que están muy lejos de realidad.
«La fama de saludable de la miel se la damos por su obtención natural, pero la realidad es que está compuesta por los mismos azúcares que el resto de azúcares que podemos consumir», explica Gemma del Caño, farmacéutica y divulgadora especializada en seguridad alimentaria.
También añade que «Cuando estos llegan al organismo no preguntan: ‘¿Usted es refinado?’. Así que desde ese punto de vista no hay diferencia».
Entre las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), figura que los azúcares libres no deben suponer más del 10% de la ingesta calórica total de un adulto debido a su estrecha relación con el sobrepeso, la obesidad y la caries.
Así, según el organismo internacional, en una dieta de 2.000 calorías diarias no se deberían tomar más de 50 gramos de azúcar (25 gramos -un 5%- en el caso de que se deseen obtener beneficios para la salud). Pues bien, tal y como ilustran desde Sinazucar.org, una simple cucharada de miel (30 gramos) contiene unos 24 gramos de azúcar.
La miel cura los catarros
Pese a que existen algunos indicios de que la miel ayude a aliviar los catarros, no existe ninguna prueba concluyente que lo certifique.
En reseñas publicadas en Food Quality and Safety y en Clinical Otolaryngology, explican cómo la miel ayuda a regular la flora intestinal o a regular problemas respiratorios, como la tos.
No obstante, la cantidad de néctar que debería consumirse para alcanzar estos beneficios no compensa en cuestiones de salud nutricional.
Los azúcares que contiene la miel son demasiados: además de la glucosa y la fructosa, a este porcentaje hay que añadir la presencia de la sacarosa y la maltosa. Existen, por tanto, maneras más sanas de resolver estos problemas sanitarios menores.
La miel ayuda a reducir el colesterol
Esta afirmación también es falsa. El producto en sí no contiene colesterol, pero no quiere decir que contribuya a su reducción cuando su nivel en sangre es alto.
No obstante, para ayudar a reducir el colesterol es necesario llevar una dieta saludable, y la miel es un alimento óptimo para conseguirlo.
La miel ayuda a conciliar el sueño
Es totalmente falto, por el contrario. Debido al alto aporte energético de este producto, es mejor incluirlo en los desayunos para estar activos durante todo el día y llenos de energía.
La miel no tiene muchas calorías
En su composición aparecen azúcares como la glucosa y la fructosa, que tienen un alto aporte calórico.
La miel tiene alrededor de 300 kcal por cada 100 gramos. Sin embargo, siempre que no se exceda en su consumo, sigue siendo una alternativa muy saludable.
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