Una comedia urbana de altura, una reflexión sincera, bien escrita y mejor dirigida, un reparto que está colosal para una pieza que se alarga sin motivo, con media hora de prólogo innecesario, pero con un final feliz en los dos sentidos. Dice nuestro diccionario que farsante, farsanta es: 1. adj. coloq. Que finge lo que no es o no siente. 2. m. y f. desus. Actor de teatro, especialmente de comedias. En ambos sentidos, esta propuesta tiene miga, en un tiempo en el que el marketing ha sido incorporado a la expresión personal y los que trabajan en la industria del espectáculo son primeras e inconscientes víctimas de la farsa que crean.
Pablo Remón, que ya había demostrado su valía con ‘Los Mariachis’ en 2018 (ver nuestra reseña) retorna con energías renovadas tras el paréntesis de la pandemia, en el que sufrió desafortunados embates profesionales. Nos dice que la obra cuenta la historia de dos personajes relacionados con el mundo del cine y del teatro. Ana Velasco es una actriz cuya carrera está estancada. Después de actuar en pequeños montajes de obras clásicas, ahora trabaja de profesora de Pilates y los fines de semana hace infantiles. Entre culebrones de televisión y obras alternativas, Ana busca el gran personaje que la haga, finalmente, triunfar. El otro personaje, Diego Fontana, es un director de películas comerciales, de mucho éxito, que ahora está embarcado en una gran producción: una serie que se rodará en todo el mundo, con estrellas internacionales. Un accidente hará que se enfrente a una crisis personal y que se replantee su carrera. Estos dos personajes están conectados por la figura del padre de Ana, Eusebio Velasco, un director de cine de culto en los 80, que acaba de morir apartado del mundo. Y por último hay, a modo de ruptura o de paréntesis, una autoficción en la que el autor de la obra que estamos viendo se defiende de unas
acusaciones de plagio.
Y añade: ‘Estas historias se cuentan en paralelo, se alimentan las unas a las otras, son espejos de los mismos temas. El conjunto está construido con capítulos que son, en alguna medida, independientes, formando una estructura más próxima a la novela que al teatro. La intención es que «Los farsantes» sea una narración eminentemente teatral, pero de aspiración novelesca y cinematográfica. Una comedia donde solo cuatro actores viajan por decenas de personajes, espacios y tiempos. Una sátira sobre el mundo del teatro y del audiovisual, a la vez que una reflexión sobre el éxito, el fracaso y los papeles que encarnamos, en la ficción y fuera de ella’.
Con el mismo equipo artístico de ‘Los Mariachis’, presenta una escenografía brillante, a dos alturas, con cubículos que se iluminan conforme se representan en ellos sucesivos capítulos -cabina de avión, habitación de hospital, bar, alternándose con un escenario que es consecutivamente auditorio de entrega de los premios goya de cine, gimnasio, consulta psicológica y muchas cosas más. Mónica Boromello hace un gran trabajo y lo completan a la perfección la iluminación de David Picazo, el vestuario de Ana López Cobos y el espacio sonoro de Sandra Vicente.
Lo que hace sumar puntos decisivos a esta propuesta es la actuación de su corto pero versátil reparto. Hay algo en su interpretación que probablemente sea mérito del director y que la dota de un aire original y de una verosimilitud muy particular: cómo explicarlo. Los actores se sitúan a mitad de camino entre la inmersión y el distanciamiento, en ese justo punto que es el misterio del teatro, el gran mérito de la farsa válida, que sabes que no es verdad, pero sientes que es verdad al mismo tiempo. Empezaríamos citando a un Javier Cámara de presencia tan discreta como poderosa; a un Francesco Carril en derroche absoluto de facultades; a una Bárbara Lennie que comienza muy fría y termina emocionándonos y a Nuria Mencía, versátil a más no poder en sus once personajes, con una presentadora de gala y una dorothy de comedia infantil absolutamente de campeonato.
El problema de Los Farsantes es que comienza irritando, con un cuarto de hora de nada absoluta, mientras se proyectan gracietas a modo de subtítulos en plena oscuridad; seguido de otro cuarto de hora de explicación de un eclipse solar visto por una adolescente, que nada explica y nada añade a lo que ocurra posteriormente. Suprimida esta doblemente penosa entradilla, la obra tendría una extensión correcta de 120 minutos, no necesitaría intermedio y quedaría redonda.
El acierto quizás mayor de Los Farsantes, por el contrario, es esa intromisión del autor de ficción en la pieza que nos está ofreciendo, para -primero- defenderse de las acusaciones de plagio que casi le impiden estrenar, y a continuación verse obligado a aceptarlas, aunque justificándolas en que todos nos plagiamos unos a otros tanto en la creación artística como en la simple vida cotidiana.
Una propuesta sobresaliente en la que te partes de risa sin necesidad de esos graciosos y de esas gracias que arruinan tantas piezas. El espectador es invitado a reírse de sí mismo, de la farsa general y de todas las farsas que conoce y en las que ha participado, participa y probablemente participará ¿inevitablemente?; y así la risa libera, despeja y desintoxica. Pablo Remón se sitúa en la línea dramática de Alfredo Sanzol; su ‘Los Farsantes’ se parece bastante a ‘El bar que se tragó a los españoles’ que este nos ofreciera en 2021 (ver nuestra reseña), y en ambas piezas se nota la influencia decisiva de uno de los grandes teatreros internacionales, Robert Lepage: el inventor de este estilo de retazos vitales entremezclados en un escenario multifacético; baste citar como ejemplos ‘Playng cards‘, ‘The blue dragon‘, ‘Needles and Opium’… (ver nuestras reseñas).
Siendo ‘Los Farsantes’ una farsa, es también un apunte crítico y sagaz, especialmente de ese mundo narcisista, alienado, bastante corrupto y muy prevaricador que es el de la cultura y el arte, con minúsculas ganadas a pulso. Por eso nos pusimos de pie ( como buena parte de los espectadores de este domingo) a aplaudirla muy, muy merecidamente.
VALORACIÓN DEL ESPECTÁCULO (del 1 al 10)
Interés: 10
Texto: 8
Dirección: 9
Puesta en escena: 8
Interpretación: 9
Producción: 9
CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL
Teatro Valle-Inclán
LOS FARSANTES
Escrita y dirigida por Pablo Remón
Del 29 de abril al 12 de junio de 2022
Reparto (por orden alfabético)
Javier Cámara – Diego, Eusebio, Gonzalo, CDN 1, Padre de Rebeca, Hermano del autor, Abuelo del autor, José Luis y Arman
Francesco Carril – Narrador, Autor, Alumno pilates, Alex Ávila y Fernando
Bárbara Lennie – Ana, Violeta y Verónica del Rey
Nuria Mencía – Lucía, Otro alumno pilates, Olga, Narradora, Dorothy, CDN 2, Rebeca, Mujer del autor, Merche, Teresa y Angelines
Equipo artístico
Escenografía Monica Boromello
Iluminación David Picazo
Vestuario Ana López Cobos
Espacio sonoro Sandra Vicente
Fotografía (CDN) Luz Soria
Coproducción Centro Dramático Nacional y Buxman Producciones
Duración, dos horas y media con intermedio de diez minutos
De martes a domingo a las 20:00 h.
Encuentro con el equipo artístico, Jueves 5 de mayo de 2022
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