El bar que se tragó a todos los españoles

El bar que se tragó a todos los españoles

Un título que esconde el contenido, una obra escrita y dirigida por Alfredo Sanzol que hace honor a su irresistible ascenso al podio de nuestro teatro actual, una producción generosa del Centro Dramático Nacional y un exitazo de público programado para siete semanas con la crítica entregada. No va más.

De Sanzol poco podemos decir que no hayamos dicho ya. Les emplazamos a leerlo a propósito de sus sucesivas notables entregas: ‘Sí, pero no lo soy’ en 2008, ‘Días estupendos’ en 2010, ‘Delicadas’ en 2011, ‘En la luna’ ese mismo año, ‘La calma mágica’ en 2014 y ‘La respiración’ en 2016.

Con este bar omnipresente en el escenario, movible y desmontable pero más cosmopolita que castizo, nos cuenta la historia de Jorge Arizmendi, un cura navarro que en 1963, con treinta y tres años, cuelga los hábitos, marcha a Estados Unidos, vive en Texas y California, conoce el amor carnal y tiene que asaltar el Vaticano en busca de su dispensa, porque ha dejado a la novia embarazada y se tienen que casar.

‘Desde luego no he contado la realidad tal y como fue. Puede que la realidad siempre supere a la ficción, pero la ficción hace que la realidad tenga significado, y para dar significado me he apoyado en las historias de viajes y aventuras que contaba mi padre: es cierto el viaje a Orange, Tejas. Es inventado que conociera a Martin Luther King. Es cierta la historia de los rancheros. Es inventado que conociera a mi madre en San Francisco. Es cierto el pueblecito de San Martín de Unx. Es inventado que mi madre se quedara embarazada antes de casarse. Es inventado el viaje a Roma. Es inventada la escena con el obispo. Es inventado Patxi Elizondo. Es inventado que perdiera la virginidad con Margaret Miller… En fin, como se puede ver la realidad ofrece oportunidades para el desarrollo de historias pero no las pone en bandeja’.

El trayecto dura tres horas y por supuesto tiene una pausa en medio -mientras el protagonista espera una conferencia telefónica internacional de aquellos lejanos tiempos de la telefonía fija- aunque venga disimulada. En ese inmenso recorrido al estilo y en memoria del inolvidable Robert Lépage, hay grandes aciertos centrados en los aspectos más biográficos de la historia, su conocimiento profundo del mundo clerical navarro especialmente, y en su capacidad de observación de la vida real y de ser fiel a lo observado, sus buenas dotes narrativas y su dominio del diálogo teatral, todo lo que le hace resultar creíble, verídico y auténtico.

También hay frasecitas redichas y erróneas como la de la españa de las tres culturas y las cuatro lenguas, momentos peores, escenas que parecen forzadas para resultar políticamente correcto: el discurso antisegregacionista de Luther King, la proclama antifranquista del amigo Pachi en El Pardo, el estallido antimachista de Carmen Robles en la consulta ginecológica y la cutre alegoría anticlerical de corrupción de la curia vaticana a base de sobornos en metálico. Suprimiéndolas, porque realmente sobran, la obra tendría una duración más propicia.

Sus dos eternos acompañantes en todas o casi todas sus obras -Alejandro Andújar a cargo de la escenografía y el vestuario, y Fernando Velázquez a cargo de la banda sonora- colaboran a hacer de la pieza una superproducción, aunque el trajín del bar troceado en que se basa el escenario sea excesivo y aparezcan un par de retretes que no vienen muy a cuento. La caracterización de Chema Noci y el movimiento escénico de Amaya Galeote resultan esenciales aportes a la brillantez escénica. La iluminación de Pedro Yagüe y el espacio sonoro de Sandra Vicente contribuyen al acentuado realismo del montaje.

Sanzol ha dirigido con gran acierto la puesta en escena pero nos resulta más destacable aún su dirección actoral donde los acentos y dejes de los personajes, sus modales y comportamientos, contribuyen notablemente al buen humor que respira la pieza, a su irónica mirada al mundo y sus pompas de hace medio siglo, su mirar al ayer sin prejuicios de hoy a través de esta idealizada historieta de un cura rebotado con final feliz y algunas destacables reflexiones sobre la vida como nuestra humilde, incompleta y fallida obra de arte, sobre el enamoramiento y el amor como el misterio insondable, y sobre las propiedades benéficas del humor, de la risa, de la alegría y del optimismo, tan necesarias y tan difíciles de obtener.

Francesco Carril resulta enternecedor en sus peripecias existenciales, simpático por su forma de hablar, pintoresco en sus ademanes. Natalia Huerta es una pefecta jovencita de aquellos años, y David Lorente, Nuria Mencía, Jesús Noguero, Albert Ribalta y Jimmy Roca se ventilan 38 personajes en una exhibición espléndida de su difícil oficio. Uno recuerda a ese tramposo de Alan Rodrigues o al cura carlista Chistorro, a la valiente Margaret Miller y al exitoso Claus Sluter, al maqueado Bruno Zanella, a la pareja de rancheros, a los polis y a los obispos, y aún sonríe y se emociona con sus irrupciones en la pieza. ¿Da una vida para tener dos vidas? se antetitula, sin esperar más respuesta que la de un público entregado al final de la representación de este viernes, a mitad de su larga presencia programada en el templete teatrero de la plaza de Lavapiés.

Aproximación al espectáculo (valoración del 1 al 10)
Interés: 10
Texto: 9
Dramaturgia: 9
Dirección: 9
Interpretación: 9
Escenografía: 8
Música: 8
Producción: 9
Información a los medios: 8
Programa de mano: n/h

Teatro Valle-Inclán | Sala Valle-Inclán
El bar que se tragó a todos los españoles
escrita y dirigida por Alfredo Sanzol
12 FEB – 04 ABR 2021

Reparto

Francesco Carril (Jorge Arizmendi),

Elena González (Ranchera, Angelines, Mujer que baila con tocado de estrellas, Telefonista 4, Mujer con maleta que llora y Gina Zanella),

Natalia Huarte (Carmen Robles),

David Lorente (Cura del pueblo, Tipo de la barra – Alan Rodrigues-, Hombre que baila con sombrero mejicano, Camarero del Pardo, Hombre con maleta y Txistorro),

Nuria Mencía (Madre de Jorge, Mujer de la revista – Margaret Miller-, Mujer que baila con disfraz de china, Telefonista 1, Telefonista 3, Camarera filósofa, Enfermera, Mujer con maleta y Dolores),

Jesús Noguero (Evaristo, Camarero del Blue Moon -Bob Martino-, Claus Sluter, Francisco Elizondo, Camarero de un bar en Dinamarca, Hombre con maletín, Padre Lazzaroni y Bruno Zanella),

Albert Ribalta (Padre de Jorge, Ranchero, Policía Lion Knife, Padre anarquista, Hombre que baila con disfraz de turco, Obispo, Cura con maletín, Crisóstomo Carlucci y Andreas Locher),

Jimmy Roca (Padre Robert, Policía Matt Laguarda, Pájaro, Martin Luther King, Médico, Hombre con periódico y Marcel van Gal)

y Camila Viyuela (Nagore, Rachel Sluter, Telefonista 2 y Monja de rodillas).

Escenografía y vestuario Alejandro Andújar
Iluminación Pedro Yagüe
Música Fernando Velázquez
Espacio sonoro Sandra Vicente
Caracterización Chema Noci
Movimiento escénico Amaya Galeote
Ayudante de dirección Raquel Alarcón y Beatriz Jaén
Ayudante de escenografía Carlos Brayda
Ayudante de iluminación Antonio Serrano
Ayudante de vestuario María Albadalejo
Asistente de escenografía y vestuario Lola Rosales
Alumna en prácticas de la RESAD Iria Ortega

Realizaciones
Pascualin Estructures, Mambo Decorados y Jorba Miró (escenografía), Sfumato (Ambientación escenográfica), Hijos de Jesús Mateos y May Servicios para el espectáculo (Utilería) y Maribel Rodríguez Hernández (Vestuario)

Tráiler Bárbara Sánchez Palomero
Fotografía Luz Soria
Producción del Centro Dramático Nacional

De martes a domingo, a las 19h. | duración: 03:00h. aprox.
Encuentro con el equipo artístico: 21 MAR a las 12h..

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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