Estamos ante la esencia del repertorio de ballet, en una versión que hizo época y sigue representándose un cuarto de siglo después de su estreno. Esta visita del Ballet de la Ópera de Múnich al Teatro Real es uno de los grandes acontecimientos del género en los escenarios españoles de las últimas temporadas.
Bailarina y cantora de la India, nos dice el diccionario que significa esta rara palabra derivada del francés. ‘La Bayadera’ es un ballet creado por el coreógrafo francés Marius Petipa con la música de Ludwig Minkus sobre un libreto basado en textos del poeta indio Kālidāsa. Es una de las obras fundamentales del repertorio de las compañías de danza clásica y se estrenó en el Bolshói de San Petersburgo en 1877. Esta coreografía ha reconstruido el acto final que no se incluía desde 2019 y ha completado partes que faltaban en la música y la coreografía para estructurarla en dos actos en seis escenas.
En un Oriente fantasioso, desarrolla un triángulo sentimental en el que la bailarina del templo, Nikiya, y su rival Gamzati, hija del Rajá, se disputan el amor de Solor, un apuesto guerrero. El Rajá ha decidido casar a su hija con Solor, que accede pero aún duda entre ambas, y el Gran Brahman despechado por Nikiya la denuncia al Rajá, que con la ayuda del aya consigue envenenarla con una sofisticada treta. En el segundo acto, Solor con la ayuda del opio viajará al reino de las sombras y el reencuentro con Nikiya reaviva su amor por ella. De vuelta a la realidad, la danza sagrada del ídolo de bronce da inicio a la ceremonia nupcial, pero el espectro de Nikiya se interpone entre los novios y pide venganza desatando el castigo divino sobre los presentes y consiguiendo que las almas de Solor y Nikiya se unan en la eternidad.
La coreografía de Patrice Bart, inspirada en la original de Marius Petipa, es el muestrario más completo que los tiempos vieron de la variedad, brillantez, espectacularidad y depuración de movimientos que el ballet clásico en su variante rusa abarca, y las puntas femeninas y las cabriolas masculinas alcanzan altas cimas en cantidad y calidad. La escena del Reino de las Sombras está considerada un cénit del género, con la entrada pausada de 24 bailarinas, interpretando los espectros de las bayaderas por una gran rampa interpretando una serie de arabesques en los que el cuerpo de baile despliega toda su calidad técnica. Y psicológica, porque cuentan que abordan el momento en estado meditativo.
La extensa y compleja trama ha resultado siempre difícil de representar, y el Bayerisches Staatsballett ha optado por una visión fantasiosa de base hindú, aportes chinos y tono general japonés a cargo de una escenografía y un vestuario del artista Tomio Mohri, aplicados ambos por Kumiko Sakurai. El espacio escénico es convencionalmente orientalista en el primer acto, pero muy notable en el segundo, especialmente en el uso del sedoso telón rojo que precede a la última escena; logra un efecto tan sobrecogedor combinado con la iluminación de Maurizio Montobbio que parte del público lo confunde con un apoteósico final. También destaca el uso sutil de velaturas entre escenas. Pero lo realmente espléndido es el vestuario, en un despliegue de variedad inusual y exotismo atrayente.
La dirección artística consigue una claridad en el desarrollo de la pieza pocas veces vista en el ballet y menos aún en la danza contemporánea: todos los elementos se coordinan a la perfección y la inevitable gestualidad que ayuda a seguir la trama no tiene excesos. Es de resaltar en este sentido la dramaturgia de Wolfgang Oberender, que lidia acertadamente con el movimiento de grandes grupos de figurantes ataviados con ropajes diferentes. En cuanto a la dirección musical, Kevin Rhodes consigue un gran resultado con la orquesta titular, identificados con una partitura excelente, ‘prechaikoskiana’, pero que no tiene mucho que envidiar a las de los tres inmortales ballets (El cascanueces, El lago de los cisnes y La bella durmiente) de Piotr Ilich Chaikovski. Minkus tuvo la mala suerte de ser su contemporáneo y de ser un emigrado austriaco en la corte del zar, y eso le ha eclipsado para siempre. En fin, perfecta conjunción de las dos direcciones del espectáculo, la artística y la musical.
La coreografía de Petipa emulada por Bart es de una elevada dificultad técnica para el trío protagonista y necesita un cuerpo de baile bien conformado y numeroso que resuelva con solvencia las continuadas escenas corales, algo que el Bayerisches Staatsballett ha resuelto definitivamente. En el reparto de la segunda sesión de este sábado Ksenia Shevtsova y Carollina Bastos rivalizaron a gran altura, supieron dotar a sus personajes de las particularidades de sus diferentes caracteres. Shevtsova fue sin duda una ‘devadasi’, una joven consagrada al culto que descubre el amor terreno y lucha por él incluso después de muerta, mientras que Bastos se hizo con su personaje altivo y principesco. Ambas dotaron a su baile de ese preciso condimento psicológico para que no resulte simple perfecta técnica. Junto a ellas dos, las intervenciones solistas de las tres sombras -Maria Chiara Bono, Margarita Fernandes y Elvina Ibraimova- fueron muy vistosas.
El despliegue de piruetas y cabriolas, las vueltas dobles y triples en el aire de Julian MacKay como este Solor atrapado en su dilema amoroso resultó simplemente asombroso para los neófitos y sobresaliente para los entendidos. Y la intervención tan breve como fulminante de António Casalinho en ese ídolo dorado que cobra vida, antológica. El brahmán y el rajá estuvieron correctos en su solemnidad y el aya, en su oscuro deambular. Y no olvidemos a las ocho niñas bailarinas.
Con un lleno total a pesar de la final de Champions, el público se mantuvo atento y no hubo deserciones aprovechando el intermedio, a pesar de la algo excesiva duración del espectáculo. Notable presencia juvenil, y algún espectador con reincidencia incansable empeñado en aplaudirlo todo antes de tiempo.
VALORACIÓN DEL ESPECTÁCULO (del 1 al 10)
Interés: 9
Coreografía: 9
Partitura: 8
Libreto: 8
Dirección musical: 8
Dirección artística: 9
Orquesta: 8
Escenografía: 8
Vestuario: 9
Producción: 9
Programa de mano: 8
Documentación a los medios: 7
TEATRO REAL
‘La bayadera’.
Coreografía de Patrice Bart sobre la original de Marius Petipa)
Música L. Minkus
Ballet de la Ópera de Múnich
Cinco funciones del 30 de mayo al 2 de junio de 2024
Director artístico: Laurent Hilaire
Director musical Kevin Rhodes
Escenografía y vestuario Tomio Mohri
Realización del diseño escénico y vestuario Kumiko Sakurai
Iluminación Maurizio Montobbio
Dramaturgia Wolfgang Oberender
Reparto:
Solor Osiel Gouneo (30 may / 1 jun, 17:00h)
Jinhao Zhang (31 may / 2 jun)
Julian MacKay (1 jun, 21:30h)
Nikiya Madison Young (30 may / 1 jun, 17:00h)
Laurretta Summerscales (31 may / 2 jun)
Ksenia Shevtsova (1 jun, 21:30h)
Gamzatti Maria Baranova (30 may / 1 jun, 17:00h)
Bianca Teixeira (31 may / 2 jun)
Carollina Bastos (1 jun, 21:30h)
Ídolo Dorado António Casalinho (30 may / 1 jun, 21:30h)
Shale Wagman (31 may / 2 jun)
Ariel Merkuri (1 jun, 17:00h)
Gran Brahmán Norbert Graf
Rajá Dugmanta Krzysztof Zawadzki
Aya Anna Beke
Primera sombra Margarita Grechanaia (30 may / 1 jun, 17:00h / 2 jun)
Maria Chiara Bono (31 may / 1 jun, 21:30h)
Segunda sombra Margarita Fernandes (30, 31 may / 1 jun, 21:30h / 2 jun)
Bianca Teixeira (1 jun, 17:00h / 2 jun
Tercera sombra Elvina Ibraimova (30 may / 1 jun, 21:30h / 2 jun)
Carollina Bastos (31 may)
Zhanna Gubanova (1 jun, 17:00h / 2 jun)
Duración aproximada 2 horas y 35 minutos
Acto I: 1 hora y 10 minutos
Pausa de 30 minutos
Acto II: 55 minutos.