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El FC. Barcelona revalida el título de Campeón de la Supercopa de España tras vencer al Real Madrid por 3-2.
En el calor abrasador de Riad, el Real Madrid de Xabi Alonso se presentó con un planteamiento que rozaba lo quimérico. La alineación, marcada por las ausencias y los lesionados, priorizó la contención sobre la fluidez, pero pronto reveló sus fisuras estructurales. La defensa, improvisada con Valverde, Asencio, Huijsen y Carreras, carecía de cohesión, y el dúo Tchouameni-Camavinga en el eje se vio superado por la posesión abrumadora del Barcelona.
El partido se convirtió en un ejercicio de supervivencia para los blancos, que resistieron los embates iniciales de un equipo culé dueño del balón. Vinicius, en un destello de su talento individual, falló una clara ocasión en el 17, presagiando las carencias colectivas que Xabi Alonso no supo corregir.
La grieta defensiva
La desconexión entre Tchouameni y Huijsen se hizo patente en los momentos clave. En el primer gol de Raphinha (34′), una pérdida de Rodrygo dejó expuesta esa fractura en el centro del campo, permitiendo al brasileño regatear con facilidad al francés y batir a Courtois. La zaga madridista, sin referencias claras, navegaba a la deriva, como un barco sin timón en medio de la tormenta blaugrana.
Al filo del descanso, Vinicius igualó con un golazo (45+), pero el respiro duró poco. En el 48′, Pedri y Lewandowski explotaron el vacío entre Huijsen y Tchouameni para firmar el 2-1. Gonzalo García empató en el 51′ con oportunismo raulista, pero el daño estaba hecho: el planteamiento de Alonso, híbrido entre audacia y absurdo, había dejado al Madrid vulnerable.
El agotamiento y la sentencia
La segunda mitad aceleró el desgaste físico y táctico del Real Madrid. Vinicius multiplicó esfuerzos, pero las ocasiones se evaporaron ante Joan García. Alonso recurrió a cambios desesperados –Mbappé y Alaba por agotados Gonzalo y Huijsen–, pero el equipo ya no respondía. Raphinha selló el 3-2 en el 73′, desviado en Asencio, y De Jong vio roja en el 80′ por una entrada sobre Mbappé.
El Barcelona de Hansi Flick, con Lewandowski y Lamine Yamal como pilares, supo gestionar la superioridad. En esta Supercopa, el fútbol reveló su crudeza: la precisión vence al coraje desorganizado. Alonso regresa con honor, pero con lecciones pendientes sobre la frontera entre innovación y disparate.
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