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La salida fue tensa. Desde el calentamiento, la afición dejó clara su frustración: pitos, pañoladas y cánticos contra Florentino Pérez, aprendiendo a vivir con este nuevo destino del club. Bellingham y Vinícius tocaron su primer balón entre silbidos, y el estadio, dividido entre el deseo de apoyo y la exigencia de resultados, dejó una señal inequívoca: el rédito de la eliminación copera frente al Albacete se había agotado.
El ritmo del primer tiempo confirmó las dudas. El Madrid buscó la cara de un ataque que no encontraba su mejor versión: Mbappé intentaba desmarques de ruptura, Vinícius hizo lo que pudo por la banda, y el conjunto blanco, con once titulares y apenas presencia de canteranos, se aferró a disparos lejanos que no encontraron portería. El Levante escoltó la franja de medio campo, cerró líneas y salió a la contra con rapidez, avisando más de lo que el Madrid quiso reconocer.
Las protestas no cayeron en saco roto. En la segunda parte, Güler dio un cambio de timón: el turco se mostró más activo, se acercó a Mbappé y encontró espacios para combinar. El gol llegó tras una jugada que comenzó con la conexión entre Mbappé y Güler y terminó en Asencio, que aprovechó la cobertura defensiva para sentenciar. Con el marcador a favor, el Madrid encontró una dosis de sosiego.
El tramo final tuvo más nervio que brillo. El Levante empujó con orden y el Madrid respondió con una presión alta y rápidas transiciones, aunque siguió dejando dudas en la salida de balón y en la consistencia defensiva. Un gol anulado, un penalti claro que Mbappé convirtió desde la derecha y un último empuje de los de Arborleo para evitar cualquier atisbo de relajación.
En la versión final, el Bernabéu convirtió la victoria en una epopeya discreta: la afición, pese al disgusto, terminó aplaudiendo a los suyos, mientras Vinícius, en particular, recibió una ovación cansada pero necesaria. El brasileño tuvo momentos de lucidez y otros de frustración; la grada, que pide no solo esfuerzo sino identidad, dejó clara su postura: el Madrid debe volver a ser grande, y eso pasa por liderar con constancia y claridad.
Así jugaron:
Real Madrid: Mbappé fue el motor de ataque en la primera mitad, con Vinícius buscando desequilibrar en los costados; Güler, tras el descanso, mostró más decisión y efectividad, y Asencio cerró la sentencia tras una buena asistencia del turco.
Levante: planteó un partido correcto, ordenado y práctico, buscando aprovechar pérdidas y contragolpes para negociar el resultado.
Claves: la reacción de la afición, la apuesta de Arbeloa por la reacción tras el descanso y la finalización de Asencio para asegurar los tres puntos.
Reflexión final
El Madrid respondió, sí; pero la crónica de este encuentro muestra que queda mucho por hacer para recuperar credibilidad y rendimiento sostenido. La hinchada dejó claro que el Bernabéu exige, al menos, compromiso y claridad táctica. El equipo sabe que cada noche de casa es una prueba de fe y de hambre por volver a brillar.
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