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Dos genialidades inclinaron la balanza a favor de un Madrid lúgrubre y soso.
El Real Madrid ya está en octavos de la Champions, pero la forma de llegar explica mucho más que el simple 2-1 del marcador y el 3-1 global de la eliminatoria. Frente a un Benfica valiente y bien trabajado, el equipo de Arbeloa necesitó otra noche de inspiración de Vinicius para compensar sus lagunas de juego y sus ausencias en ataque.
La noche empezó torcida para los blancos. El contexto, sin Mbappé, Bellingham ni Rodrygo, ya rebajaba el techo ofensivo de un Madrid que repetía el 4-4-2, con Courtois; Trent, Asencio, Rüdiger, Carreras; Tchouaméni, Camavinga, Valverde, Güler; Vinicius y Gonzalo. El Benfica de Jose Mourinho interpretó mejor el arranque, apretó arriba y encontró premio pronto: a los 14 minutos, Rafa Silva aprovechó un desajuste defensivo tras un centro desde la izquierda para firmar el 0-1 y nivelar la eliminatoria.
La respuesta del Madrid fue tan inmediata como poco acorde al juego que ofrecía. Apenas dos minutos después, Valverde encontró a Tchouaméni en la frontal y el francés conectó un disparo seco y ajustado para el 1-1, devolviendo la ventaja global a los blancos y rebajando la ansiedad del Bernabéu. Sin embargo, el empate no corrigió los problemas: el equipo sufría a la espalda de Trent, Schjelderup encontraba espacios y Courtois tuvo que aparecer con varias intervenciones de mérito para evitar el segundo tanto visitante.
Tras el descanso, el Madrid intentó imponer más control con balón, apoyándose en Valverde y Güler entre líneas, pero sin continuidad ni colmillo en los últimos metros. La lesión de Asencio, tras un fuerte golpe, obligó a reestructurar la zaga y acentuó la sensación de fragilidad local durante unos minutos, que el Benfica trató de explotar con transiciones rápidas y llegadas de Rafa Silva.
El tramo final devolvió el foco al hombre del momento. Con el partido abierto y el Benfica obligado a arriesgar, el Madrid encontró el espacio que tanto había echado en falta. En torno al minuto 80, una recuperación de Valverde en campo propio dio origen a la jugada determinante: pase al espacio y carrera de Vinicius, que atacó el hueco, encaró y definió cruzado ante Trubin para el 2-1. El brasileño celebró de nuevo junto al banderín con su ya característico baile, gesto que subraya su rol de líder ofensivo en una eliminatoria en la que ha sido decisivo en la ida y en la vuelta.
A partir de ahí, el Madrid gestionó la ventaja con más oficio que brillo, cerrando líneas y reduciendo riesgos ante un Benfica que, aun así, nunca renunció a atacar. El pase no oculta las carencias: el equipo sufre sin balón, se desordena con facilidad y depende en exceso de acciones individuales de Vinicius, Valverde o Tchouaméni para inclinar partidos de máximo nivel. Pero en Champions, y en febrero, lo que queda escrito es que el Real Madrid sigue vivo y que Vinicius, con seis tantos en cinco partidos europeos este curso, se comporta ya como un auténtico líder competitivo.
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