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Athletic 0 - FC. Barcelona 1

Un golazo de Lamine Yamal silencia la Catedral

Un Barcelona sufrido, sostenido por Joan García y encendido por la magia de Pedri, doblega a un Athletic competitivo pero lastrado por las bajas y la polémica arbitral

Paul Monzón 08 Mar 2026 - 00:02 CET
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San Mamés se encendió desde el pitido inicial con un Athletic desatado, dispuesto a morder al líder y a discutirle cada metro de hierba a un Barcelona que salió frío, casi sonámbulo, a una de las plazas más hostiles de LaLiga. A los veinte segundos, Cancelo rozó el drama con un despeje envenenado que se estrelló en el larguero propio y dibujó la primera bocanada de vértigo en la noche bilbaína.

Valverde agitó su pizarra tras la decepción copera: Iñaki como referencia, laterales nuevos, el joven Selton ocupando la zona de Sancet y, pronto, la obligada entrada de Robert Navarro por un Unai Gómez que abandonó el césped con la rodilla tocada y mala cara, dejando el murmullo preocupado en la grada. El Barça, mientras, gobernaba la posesión sin veneno; Lamine y Rashford apenas aparecían, y las mejores noticias ofensivas eran un intento alto y una internada de Cancelo que Laporte desactivó al límite, mientras los leones, sólidos y compactos, se sentían sorprendentemente cómodos sin apenas pisar el área de Joan García.

Athletic aguanta, Joan García responde

El partido, con el paso de los minutos, se convirtió en una pulseada de nervios, más táctica que eléctrica, en la que cada error podía costar media Liga. Joan García firmó su primera gran parada de la noche tras un mal envío atrás de Gerard Martín que Selton cazó sin la convicción que pedía la jugada, intimidado por la salida del meta culé. La respuesta azulgrana llegó en el añadido, con Ferran rozando la obra de arte: remate de tacón, de espaldas, a un córner botado por Rashford que se fue por centímetros y dejó a San Mamés congelado por un instante.

El descanso encontró al líder desnudo en estadísticas: ni un solo remate a puerta, sometido al plan de contención de un Athletic que, sin sus dos banderas —Sancet y Nico Williams—, se agarraba al partido con oficio, sacrificio y ese punto de orgullo que nunca negocia su afición. El bajón de esta temporada tras la euforia de la Copa y la Champions parecía aparcado por una noche, con los rojiblancos peleando de tú a tú ante un Barcelona obligado a mirar de reojo a Newcastle y a la Champions, pero incapaz de relajarse ante semejante examen.

Pedri cambia el guion

La segunda parte arrancó con olor a partido grande: Flick y Valverde tiraron de peso pesado y soltaron al césped a Pedri y Sancet, dos de las brújulas creativas más finas del campeonato. Con el canario en el campo, el Barça encontró al fin el primer disparo a puerta, una volea de Rashford que Unai Simón escupió con seguridad, al tiempo que Sancet probaba la firmeza de Joan García al otro lado.

El duelo entró en zona de turbulencias con una acción que incendió la Catedral: Cubarsí derribó a Iñaki cuando enfilaba solo la portería y Munuera Montero se quedó en la amarilla, desatando pañuelos, bronca y la sensación en la grada de que al Athletic le escamoteaban una oportunidad de oro. San Mamés se vino arriba, Joan García respondió a otra ocasión clara de Sancet y el partido se abrió como un melón, convertido por momentos en un intercambio de golpes a campo abierto.

La firma de Lamine en la escuadra

Con media hora por delante, Flick decidió que era momento de bajar el martillo y soltó a toda su artillería: Lewandowski, Raphinha y Fermín al césped para empujar un encuentro que se le hacía cuesta arriba al líder. A Lamine, discreto hasta entonces, nadie se atrevió a tocarlo, quizá porque los genios siempre merecen un voto de confianza, incluso en sus noches más silenciosas.

En el 68, la lógica del talento se impuso en San Mamés: Fermín arrastró a la zaga, Pedri clavó un pase cruzado que cambió el sentido del juego y encontró a Lamine libre en el vértice derecho del área, con un segundo de eternidad por delante. El ’10’ provocó el resbalón de Adama Boiro con un solo gesto, abrió el pie izquierdo y mandó la pelota a la escuadra de Unai Simón, un disparo imposible que se coló limpiamente y silenció el rugido de la Catedral antes de hacerlo estallar en una mezcla de admiración y rabia.

Un Athletic digno que no se rinde

El gol no tumbó al Athletic, lo encabritó; Valverde metió más energía arriba con Guruzeta y los rojiblancos adelantaron líneas, buscando robar alto y lanzarse a un empate que su fe y su despliegue parecían merecer. Robert Navarro rozó la épica con una volea preciosa en el descuento que se marchó desviada, último rugido de unos leones que cayeron de pie, entre honores… y silbidos dirigidos al cuarteto arbitral camino del túnel de vestuarios.

La temporada rojiblanca, que pasó de la borrachera de la Copa y la Champions a un bajón acentuado por las lesiones de Sancet y Nico Williams, aún guarda margen para la esperanza: están a cinco puntos de Europa y tienen once jornadas para reescribir su historia, con los brotes verdes de noches como esta como punto de partida. La versión mostrada ante el líder demuestra que, con sus dos referentes sanos y el empuje de San Mamés, el Athletic sigue siendo un rival incómodo para cualquiera y un candidato legítimo a engancharse de nuevo al tren continental.

Tres puntos de oro y un nuevo tótem

Barça, que no logró jamás someter el partido a su dominio clásico del balón, se refugió en la solidez de Joan García, la jerarquía de un Pedri decisivo desde el banquillo y la puntería quirúrgica de Lamine para sostener un liderato que se mantiene con cuatro puntos de ventaja sobre el Real Madrid. Flick leyó bien el peligro al retirar a Cubarsí por Araujo tras la amarilla y cerró un triunfo sufrido, de esos que el vestuario suele marcar en rojo cuando, en mayo, se explican las ligas ganadas por un detalle.​

Siete días después de su hat trick al Villarreal, Lamine volvió a demostrar que las estrellas no necesitan firmar un partido perfecto para decidirlo: basta una jugada, un disparo, un ángulo imposible, para alimentar la sensación de que España ha encontrado en él a la referencia que la guiará en el próximo Mundial. En San Mamés quedó oficialmente declarado el estado de ilusión: el Barça mira a Newcastle y al futuro con su nuevo ídolo al frente, y LaLiga toma nota de que, mientras Lamine esté sobre el césped, ningún 0-0 es definitivo.​

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