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Cuando el viento del norte sopla en St. James’ Park, más de un visitante siente el vértigo de la Premier. Anoche lo sufrió el Barcelona, que llegó a Newcastle con el alivio de haber esquivado al PSG en el sorteo y con el dulce recuerdo de aquel 1-2 de septiembre. Pero el fútbol no repite capítulos por capricho, y lo que entonces fue una sinfonía de control y pegada, hoy derivó en un ejercicio de resistencia con tintes de milagro.
El arranque tuvo tono inglés: presión, músculo y un rugido constante en las grados. A los cuatro minutos, Joan García dejó escapar un balón que Cubarsí salvó sobre la línea, en una de esas jugadas que congelan los corazones. Flick lo había advertido: “Resistir el primer asalto” . Y resistieron. Con más sufrimiento que el fútbol, el Barça sobrevivió al vendaval inicial, aunque sin lograr sacudirse la niebla de la imprecisión.
El balón no duraba, los ataques se apagaban antes de empezar y las transiciones verticales no hallaban fin. Pedri intentó tejer algo de sentido, y Lamine Yamal —valiente y rebelde— atacó una y otra vez la banda derecha. Pero su empuje se estrellaba ante la muralla inglesa. Con Raphinha errático y Lewandowski ausente, el empate al descanso era casi un premio al orden y la paciencia.
El segundo tiempo calcó el guion del primero: Newcastle empujando, Barcelona aguantando. Hasta que el encuentro tomó un aire de corredera que no favorecía a los azulgranas. Gordon estrelló un disparo en el palo y los de Howe parecían más cerca del premio. Los cambios locales renovaron la presión, y el castigo llegó a cuatro minutos del final. Barnes, libre de marca dentro del área, culminó el asedio con un zurdazo que hizo temblar las esperanzas culés.
Pero el Barça, ya con la vida en descuento, aún guardaba una última pulsación. Dani Olmo, recién ingresado, provocó un penalti cuando el reloj rozaba la medianoche. Lamine Yamal, la joya de 17 años, tomó el balón, respiró y engañó a Ramsdale con una frialdad impropia de su edad. 1-1. Final. Sin siquiera tiempo para sacar de centro.
El empate no borra las dudas, pero otorga oxígeno. Barcelona se marchó de Newcastle con el alma intacta, sabiendo que algunos puntos se ganan con juego… y otros, simplemente, con coraje.
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