Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

En el Etihad entre milagros de portero y goles de Vinicius

Champions: El Real Madrid se carga otra vez al Manchester City de un cabreado Guardiola (5-1)

Doblete del crack brasileño y exhibición compartida de Courtois y Lunin en una noche de Champions que deja al City con diez y al Bayern asomando en el horizonte

Paul Monzón 18 Mar 2026 - 01:05 CET
Archivado en:

Más información

Argentina se asusta y dinamita la Finalissima: sus negativas a jugar obligan a cancelar el duelo con España

Joan Laporta arrasa en las elecciones del Barça y extenderá su mandato hasta 2031

El Etihad rugía como en las grandes noches europeas cuando el Madrid, consciente de que traía la faena medio hecha del Bernabéu, saltó al césped con la serenidad de quien sabe que el verdadero peligro no está en el marcador, sino en dejar respirar a un City herido. Arbeloa no se complicó: repitió el once que había pasado por encima de Guardiola seis días antes, con la única novedad de Fran García por el eterno lesionado Mendy en el lateral izquierdo. Courtois, Trent, Rüdiger, Huijsen, Fran García, Tchouaméni, Güler, Thiago Pitarch, Valverde, Brahim y Vinicius formaban una alineación tan reconocible como la idea: resistir el arreón inicial y golpear cuando el Etihad bajara el volumen.​

El guion, sin embargo, arrancó en modo asedio. El City salió a vida o muerte, con un once mucho más lógico que el del Bernabéu y el 4-3-3 de Guardiola funcionando como rodillo: Doku y Cherki abiertos, Rodri suelto, Reijnders y Bernardo sumando por dentro y Haaland amenazando cada centros lateral. Courtois, que llevaba meses acumulando óxido, se sacó el óxido a manotazos: primero le negó el gol a Rodri con una parada de volea a bocajarro, luego repelió otro intento citizen con reflejos de voleibol. El Madrid no olía la pelota y achicaba agua como podía, hasta que la primera escapada limpia de Brahim y Vinicius le recordó al Etihad que los blancos también habían viajado con cuchillos en la maleta.​

La noche cambió en una jugada que será repetida en las salas de vídeo del club durante años. Vinicius trazó la diagonal que lleva su nombre, rompió por dentro y estampó la pelota en el poste, recogió el rechace y se encontró con un Bernardo Silva que, en plena desesperación, sacó el brazo para repeler el tiro casi sobre la línea en una zamorana de manual. El asistente levantó el banderín, pero el VAR corrigió y llamó a Turpin al monitor: no había fuera de juego, sí había penalti y sí había roja. Ejecutó el francés la sentencia: penal y expulsión del portugués. Desde los once metros, Vini repitió liturgia, pasitos cortos y paradiña mínima, pero esta vez eligió bien y batió a Donnarumma, que se lanzó al lado equivocado. El Madrid, tras sobrevivir al chaparrón inicial, se ponía 0-1 y jugaba con uno más, mientras el Etihad pasaba del rugido al silencio.

El gol desató el orgullo del City, que lejos de desfigurarse con diez, apretó aún más los dientes. Haaland, que hasta entonces había sido más amenaza que realidad, empezó a aparecer donde duele: primero estrelló un remate a bocajarro contra un Courtois inmenso, luego obligó al gigante belga a sacar otro disparo con el pie, en una especie de duelo personal que teñía de épica cada balón al área. Entre medias, el Madrid pudo matar la eliminatoria: Valverde habilitó a Vinicius en carrera, el brasileño quebró a Rúben Dias, sentó a Donnarumma y, con todo para marcar, mandó la pelota alta en una definición impropia de su noche goleadora. El intercambio de golpes se volvió frenético, pero el desgaste empezó a pasar factura al City y la posesión se tiñó de blanco. Güler, siempre limpio, estiró posesiones, Valverde se soltó como falso nueve y Brahim, sacrificado en los dos partidos, obligó a Donnarumma a lucirse con otra parada de reflejos.​

Cuando el partido parecía bajo control, apareció Doku para recordar por qué los extremos se pagan a precio de oro.

En una acción casi de futsal, encaró en la esquina del área, sentó a Thiago con una pisada y colgó un balón envenenado al área pequeña. Trent no llegó a despejar limpio, el rechace se convirtió en asistencia y Haaland, que golpeó la pelota peor de lo que acostumbra, vio cómo su tiro mordido se convertía en un empate tan feo que ni siquiera celebró. El 1-1 devolvía el aliento a un Etihad que había quedado congelado tras la roja y servía de recordatorio al Madrid: en Europa no hay partido muerto, aunque lleves cuatro goles de ventaja en el global. La primera parte se cerró con alguna que otra patada, un par de amarillas y una mala noticia para los blancos: Courtois sentía molestias musculares y se marchaba al vestuario señalando el aductor.

Tras el descanso, el relato cambió de protagonista bajo palos. Courtois se quedó en la caseta por una sobrecarga en el abductor derecho y en su lugar reapareció Lunin, el portero que ya había convertido el Etihad en su jardín particular en aquella tanda de penaltis de 2024. Guardiola movió piezas, rearmó la zaga con Guéhi y Aké, y lanzó a su equipo hacia adelante, encontrando en Haaland la primera vía de agua para el Madrid. El noruego probó al ucraniano con un disparo seco y raso que Lunin sacó con una mano firme que olía a déjà vu. Poco después, el guardameta salió del área para despejar de cabeza una incursión citizen, como si quisiera dejar claro que, aunque hubiera entrado por lesión, no pensaba limitarse a ser un actor secundario.

El Madrid, quizá convencido de que el marcador global le protegía, bajó un punto la tensión y jugó con el reloj, un juego peligroso cuando enfrente hay tanta calidad. Doku siguió destrozando tobillos, Semenyo y Marmoush aportaron piernas frescas y el City creyó hasta el final, marcando incluso un gol que el fuera de juego anuló y otro, de Aït-Nouri, que corrió la misma suerte. Lunin multiplicó intervenciones, convirtiéndose en un seguro casi tan providencial como Courtois en la primera mitad, mientras Vinicius alternaba carreras imparables con decisiones precipitadas en los últimos metros. El brasileño no encontraba el último pase ni la definición, y el equipo lo notaba: el Madrid amagaba, pero no pegaba, y cada contra perdida era una invitación al arreón citizen.

Arbeloa entendió que, si no había fútbol, al menos debía haber amenaza. En el 66 llamó a Mbappé, que entró por Brahim con el partido roto y el Etihad a medio rugido. El francés apareció pronto: tras un cabezazo a bocajarro de Tchouaméni que sacaron entre Donnarumma y el larguero, Kylian rozó el 1-2 con un disparo cruzado que se marchó por centímetros. Más tarde, sufrió un penalti clamoroso de Aït-Nouri que Turpin ignoró y que el VAR obvió incomprensiblemente, una acción que debió ser pena máxima y expulsión y que dejó al francés mascullando entre dientes, consciente de que cualquier protesta extra le podía costar la segunda amarilla.​

Los minutos finales se jugaron a ritmo de cronómetro, con el City lanzado al área de Lunin y el Madrid encontrando espacios a la espalda. Doku, incansable, tuvo su gol pero arrancó en fuera de juego; el Etihad, resignado, veía cómo la remontada se escapaba entre interrupciones y banderines levantados. En el añadido, Vinicius encontró por fin la jugada que buscaba toda la noche: primero vio cómo le anulaban un tanto por offside tras un desmarque prematuro, y acto seguido, ya en el 93, atacó el espacio a la espalda de Guéhi, controló el envío preciso de Tchouaméni y definió con calma para poner el 1-2 definitivo, su segundo gol de la noche y el que cerraba una eliminatoria incontestable en el marcador global.

El pitido final certificó lo que la calle blanca llevaba días oliendo: el Madrid fue mejor que el City en el global de la eliminatoria, gestionó la ida con brillantez y la vuelta con oficio, y vuelve a plantarse en unos cuartos de final de Champions con la sensación de que aún no ha mostrado su techo. Arbeloa sale reforzadísimo de su primer gran examen europeo, Vinicius se marcha del Etihad con un doblete que vale una clasificación y Courtois y Lunin se reparten una noche en la que los porteros volvieron a ser protagonistas. En el horizonte, salvo giro inesperado, espera un Bayern que promete unos cuartos de vértigo, de esos que hacen que en Chamartín el mes de abril siga oliendo, un año más, a Champions.

Más en Fútbol

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

CONTRIBUYE

Mobile Version Powered by