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EL CAMPO, EN PIE DE GUERRA

El pulso del campo contra los burócratas de Bruselas: por qué la UE se aferra al pacto con Mercosur pese al clamor rural

El acuerdo UE–Mercosur abre el mayor mercado de libre comercio del mundo, pero los agricultores europeos lo ven como una condena a la ruina y una entrega a la burocracia de Bruselas

Periodista Digital 11 Ene 2026 - 17:01 CET
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La imagen de tractores bloqueando carreteras en Francia, España y Alemania ilustra perfectamente el conflicto actual: mientras el sector agrario habla de ruina y competencia desleal, las instituciones europeas presentan el pacto con Mercosur como una estrategia para fortalecer a la Unión Europea en un contexto global cada vez más complejo.

En medio de este clamor, Bruselas avanza. Después de más de 25 años de negociaciones, los Veintisiete han dado luz verde para la firma del acuerdo, que creará la mayor zona de libre comercio del mundo entre la UE y Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.

La fecha ya está establecida: la firma tendrá lugar en Asunción, capital de Paraguay, con la presencia de Ursula von der Leyen y António Costa. Para la Comisión, se trata de un “paso histórico”; para gran parte del sector agrario europeo, un error que podría llevar al cierre de miles de explotaciones.

Un acuerdo que va mucho más allá de aranceles

El pacto UE–Mercosur no se limita a eliminar aranceles y facilitar exportaciones. Es, ante todo, una pieza clave en el tablero geopolítico.

Algunos datos relevantes ayudan a comprender por qué la UE lo considera esencial:

Con estos datos sobre la mesa, el mensaje desde Bruselas es claro: consolidar a la UE como potencia comercial en medio de una “batalla” económica con Estados Unidos y bajo la presión creciente de China, asegurando así materias primas, minerales críticos y nuevos mercados para las industrias europeas.

En este marco también encaja el discurso sobre “autonomía estratégica”: reducir dependencias, asegurar aliados en América Latina y demostrar que Europa sigue siendo capaz de cerrar importantes acuerdos comerciales frente a otros bloques.

La otra cara del pacto: el campo como moneda de cambio

Por su parte, muchos en el mundo rural sienten exactamente lo contrario. Organizaciones agrarias y sindicatos denuncian abiertamente que la agricultura europea está siendo utilizada como moneda de cambio para garantizar beneficios a las industrias y grandes empresas exportadoras.

Las críticas se centran en varios aspectos:

En el ámbito agrícola español prevalece una mezcla entre preocupación y agotamiento. Los productores cerealistas ya compiten con importaciones procedentes de Ucrania o Rusia, pero ahora se sumarán cereales provenientes de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, lo que afectará los precios en los puertos nacionales arrastrando aún más hacia abajo las rentas agrícolas. Quien trabaja aquí resume su situación así: normativa “súper exigente” y costosa frente a productos importados que no cumplen esas mismas exigencias pero acaban ocupando estantes en los supermercados.

Agenda verde, 2030 y la brecha entre discurso y realidad

El descontento del sector agrario no surge únicamente por Mercosur. Este acuerdo se suma a años de adaptación forzosa a la Agenda 2030, al Pacto Verde Europeo y nuevas exigencias relacionadas con sostenibilidad, reducción de emisiones o protección de biodiversidad.

Desde las instituciones europeas se sostiene que este pacto va alineado con esa agenda:

Sin embargo, sindicatos y organizaciones agrarias ven otro panorama:

La percepción entre muchos agricultores es que se les exige sacrificios bajo el pretexto del clima mientras se abre paso a importaciones que no respetan las mismas reglas. Esta disparidad alimenta un discurso según el cual tanto la Agenda 2030 como el Pacto Verde son implementados rigurosamente dentro de Europa pero con mucha más flexibilidad cuando entran en juego intereses geopolíticos.

Burocracia, “burbuja de Bruselas” y tractoradas

La fractura entre el mundo rural y las instituciones europeas ha quedado patente en las últimas semanas con tractoradas llevadas a cabo en varios países miembros. En el fondo subyace una crítica recurrente: decisiones tomadas por tecnócratas desconectados del día a día agrícola.

El descontento se manifiesta en diferentes frentes:

¿Y ahora qué? Una batalla que se traslada a Estrasburgo

A pesar del visto bueno otorgado por los Estados miembros , aún queda pendiente ratificación por parte del Parlamento Europeo. ,,, Es allí donde organizaciones tales como ASAJA , Unión De Uniones u otros colectivos agrarios concentrarán su presión durante las próximas semanas . ,,,,.

Sus metas son precisas:

Por otro lado , tanto Comisión gobiernos favorables al trato no quieren renunciar pacto consideran clave posicionamiento global UE frente Estados Unidos , China otros actores llevan años firmando acuerdos preferenciales América Latina . ,,,.

Entre estas dos fuerzas tendrán moverse eurodiputados quienes deberán votar teniendo presente tanto geopolítica también zonas rurales cada vez movilizadas menos paciencia ante decisiones percibidas diseñadas desde despachos sin barro botas.

El desenlace esta confrontación determinará si Mercosur se convierte gran triunfo comercial Bruselas o símbolo definitivo ruptura política europea quienes continúan trabajando tierra.

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