La singularidad de la vendimia actual, severamente castigada por la sequía y las temperaturas extremas que se mantuvieron durante semanas a lo largo del último verano, no ha impedido que Bodegas La Rioja Alta vuelva a centrar el foco en los viñedos más emblemáticos de su propiedad. En el puñado de fincas que posee en los términos municipales de Briñas, Haro y Fuenmayor han vuelto a cosecharse las uvas con las que se elabora, cuando el fruto cumple las condiciones de calidad que se necesitan para ello, su Gran Reserva 890, limitado a no más de 20.000 botellas después de permanecer en los calados de la firma del Barrio de la Estación no menos de doce años, seis años en barrica y otros tantos en botella.
Es el reto que se marca a largo plazo el equipo liderado por Julio Sáenz, director técnico de la bodega jarrera, consciente de que maneja uva producida tras un año «tremendamente complicado» por el exceso de calor que se mantuvo en niveles totalmente desconocidos y contraproducentes hasta el pasado mes de septiembre.
El resultado, hasta la fecha, es una cosecha «muy heterogénea, no sólo en un mismo viñedo, sino también en los propios racimos porque en uno sólo se han visto «uvas totalmente pasificadas, otras maduras y algunas incluso verdes», lo que no impide que el director técnico siga de cerca la evolución de las más selectas para decidir la suerte de una marca, el Gran Reserva 890, que en el mejor de los casos saldrá a los mercados en 2036.
Home