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Dieta y selectividad: cómo alimentar la concentración y la memoria

Juan Luis Recio 21 May 2025 - 07:58 CET
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La selectividad o prueba de acceso a la universidad (PAU) es un momento decisivo en la vida de los estudiantes. En este sentido, es necesario tener en cuenta que la alimentación desempeña un papel crucial en el rendimiento académico, especialmente durante la época de exámenes. Una dieta rica en nutrientes específicos puede potenciar la concentración, la memoria y el rendimiento cognitivo en este periodo. Según Patricia Martínez, profesora colaboradora de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y dietista-nutricionista, una dieta adecuada debe comenzar a implantarse meses antes de las pruebas. «No podemos pensar que existe una dieta especial para que de pronto nuestro cerebro se active: realmente esto debe formar parte de los hábitos», afirma la experta en este artículo de Marga Zambrana.

La alimentación es fundamental en época de exámenes, cuando el cansancio y la falta de sueño son frecuentes. Para un mejor rendimiento cognitivo, la experta recomienda alimentos ricos en ácidos grasos y vitamina B12. «El objetivo es que tengan todos los nutrientes», afirma. Además, «es esencial no saltarse comidas», añade Martínez.

– Ácidos grasos omega-3 y omega-6. Estos nutrientes mejoran la memoria y la velocidad mental, y son esenciales para el funcionamiento del cerebro. El omega-3 se encuentra en el pescado azul, mientras que el omega-6 está presente en frutos secos y semillas como la chía o el lino.

– Vitamina B12. Presente en quesos y carnes, sostiene la velocidad de procesamiento mental y previene la fatiga cerebral.

– Flavonoides. Presentes en frutos rojos o chocolate negro de alta pureza (sin mezclas excesivas de leche), han demostrado beneficios en la activación de áreas como la corteza prefrontal, pues mantienen la mente más despierta y reducen el daño oxidativo.

– Proteínas y carbohidratos. Es el caso de los huevos y los cereales integrales, que aportan nutrientes complejos. Cuando hablamos de cereales, no hay que pensar solo en la avena: pueden incorporarse también espelta, quinoa o pan de cereales, que aportan energía al cerebro.

Diversas investigaciones respaldan estas recomendaciones. Según una investigación de la Universidad de California, los ácidos grasos omega-3 —en particular, el ácido docosahexaenoico (DHA)— desempeñan un papel fundamental en la función sináptica y la plasticidad cerebral, y mejoran la memoria y la atención en jóvenes sanos. Asimismo, los omega-6, aunque en menor medida, también contribuye a mantener la integridad de las membranas neuronales.

En cuanto a la vitamina B12, su deficiencia está vinculada a un deterioro cognitivo, a una la fatiga y a falta de concentración. Los niveles adecuados de esta vitamina son esenciales para la síntesis de neurotransmisores y para prevenir alteraciones en la memoria a corto plazo. Un estudio británico indica que la ingesta de flavonoides mejora las funciones cognitivas.

Además, la Academia Española de Nutrición y Dietética destaca que los hidratos de carbono complejos deben representar entre el 45 % y el 65 % de la ingesta diaria en estudiantes. En este sentido, es necesario priorizar fuentes de bajo índice glucémico para mantener niveles de energía estables.

Los buenos hábitos deben consolidarse de forma cotidiana. Sin embargo, para quienes busquen un impacto real de cara a los exámenes, Patricia Martínez recomienda incorporar estos alimentos a su dieta al menos tres meses antes.

La evidencia científica sugiere que ciertos nutrientes requieren semanas de consumo regular para mostrar mejoras significativas en la función cognitiva. Por ejemplo, los estudios sobre suplementación con omega-3 muestran beneficios en memoria y velocidad de procesamiento principalmente una vez pasadas entre 8 y 12 semanas de ingesta sostenida, especialmente en personas que antes consumían poco.

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¿Qué bebidas son las más adecuadas?

Además, es necesario evitar bebidas energéticas con altos niveles de taurina, cafeína y azúcar, ya que pueden alterar los niveles de cortisol y perjudicar el descanso. Sobre todo, hay que evitar la taurina, presente en bebidas energéticas e hiperazucaradas. Esta indicación está avalada por estudios recientes, como una investigación publicada en Frontiers, en la que se asocia el consumo de bebidas energéticas en adolescentes con mayores niveles de insomnio, ansiedad y alteraciones del ritmo circadiano.

Más allá de la dieta, Patricia Martínez recalca que existen dos factores igual de importantes para optimizar el rendimiento académico: cuidar el descanso y evitar dietas extremas.

Juan Luis Recio

Blogger gastronómico y de tendencias, crítico de vinos (XL Semanal), letrista, sociólogo, mensista, poeta

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