Borussia y Bayern dirimirán esta noche la gran final de la Champions League en Wembley, Londres. Excepcional: una final entre alemanes. Todo un reflejo de la pujanza germánica en el fútbol y en otros ámbitos.
Mi corazón está con el Bayern de Munich, que representa la ciudad que me acogerá en pocas semanas. Pero no oculto mi admiración por el buen hacer del más modesto Borussia.
En cualquier caso, Jupp Heynkes, entrenador del Bayern, merece una rúbrica de oro a su extraordinaria campaña. Le escucho a menudo en la televisión alemana vía Internet y, a mi juicio, destila una gran honestidad.
(No tengo la misma percepción de algunos dirigentes del Bayern; la prepotencia es un defecto muy alemán).