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La misión de Artemis II a la luna ha traído la vuelta de experiencias previas, grandes hazañas y auténticas odiseas en los distintos viajes de la humanidad por alcanzar el único satélite natural de la Tierra. Pero además, nos permite recordar anécdotas curiosas como la de Dennis Hope, que levantó la mirada hacia el cielo en 1980 y vio un océano de posibilidades económicas. Tras un divorcio que le dejó sin un céntimo, este exventrílocuo californiano tuvo una idea disparatada: reclamar la Luna como suya.
Envió documentos al registro de propiedades y a la ONU. Así nació Lunar Embassy, su empresa que comercializa acres lunares a partir de 30 dólares.
Hope sostiene que el Tratado del Espacio Exterior de 1967 prohíbe a los países reclamar cuerpos celestes, pero no a individuos.
«Era tierra sin dueño», asegura. Su estrategia recuerda a la de los colonos europeos en América.
Ha dividido la Luna, Marte, Venus y Mercurio en parcelas.
Hasta la fecha, ha vendido 611 millones de acres lunares, 325 en Marte y 125 en otros planetas.
Compradores de estrella
Varias celebridades cayeron en su trampa. Entre ellas se encuentran:
- Clint Eastwood
- Tom Cruise
- Tom Hanks
- George Lucas
- John Travolta
Exmandatarios como Ronald Reagan, Jimmy Carter y George Bush también se hicieron con terrenos. Grandes cadenas hoteleras como Hilton y Marriott adquirieron propiedades para futuros proyectos. Hope afirma haber recaudado 12 millones de dólares desde 1995. Es su única fuente de ingresos.
Comenzó vendiendo sus lotes en bares de San Francisco. «Vendo la Luna», decía para romper el hielo. La táctica funcionó. Hoy, grandes corporaciones desembolsan dinero por lotes que alcanzan hasta 1.800 acres.
Si quieres profundizar en su historia, puedes leer esta entrevista reveladora con Dennis Hope.
Escándalos y polémicas
Sin embargo, no todo es brillante en el universo de Hope. La ONU y varios expertos lo acusan de fraude. El Tratado de la Luna de 1979 intenta cerrar estos vacíos legales, aunque pocos países lo han ratificado. La NASA ignora sus títulos; quienes compran reciben documentos atractivos pero sin valor legal alguno. Hope lo reconoce: «No es científico, pero es divertido».
Las controversias aumentan con las celebridades implicadas. ¿Estaban al tanto Tom Cruise o Clint Eastwood de que no poseen realmente nada? Hope afirma que regala la Luna como una curiosidad. Sus críticos lo ven como un timo moderno, aunque él continúa vendiendo.
Como la Torre Eiffel y grandes estafas
Hope menciona fraudes históricos para ilustrar su punto. Recuerda a Victor Lustig, quien en 1925 «vendió» la Torre Eiffel dos veces como chatarra tras convencer al gobierno francés que sería desmantelada. Se llevó una fortuna.
Otras estafas memorables incluyen:
- Charles Ponzi, cuyo esquema piramidal dio nombre al fraude.
- Anna Sorokin, una falsa heredera que engañó a Nueva York.
A diferencia de ellos, Hope no roba; cobra por sueños e ilusiones. Sin embargo, el paralelismo inquieta: todos juegan con la credulidad humana. Su negocio ha perdurado durante 45 años, acumulando millones.
Las celebridades han sido su mejor publicidad; por ejemplo, John Travolta exhibió su acre lunar públicamente, atrayendo así más compradores potenciales. Hope depende completamente de esta actividad comercial; las polémicas no parecen afectar sus ventas.
En un mundo repleto de deepfakes y timos digitales, Hope parece un anacronismo viviente. Pero sigue obteniendo ganancias mientras su oferta lunar permanece vigente. ¿Quién será el próximo en adquirir una parcela?
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