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El Peugeot 407 diésel del año 2010. Valorado hoy en unos 3.000 euros.
Cuatro hombres recorriendo España durmiendo en sedes del partido, custodiando sobres con avales, compartiendo la austeridad de quien lucha contra el aparato desde abajo.
Esa es la leyenda.
La que Pedro Sánchez inmortalizó en su Manual de Resistencia.
La que el sanchismo convirtió en el mito fundacional de un movimiento político.
La épica del outsider que se planta ante los barones con un coche prestado y la fuerza de la militancia.
Era mentira.
Lo que revela el libro de Ketty Garat
La periodista Ketty Garat publica el 29 de abril Todos los hombres de Sánchez, y The Objective ha adelantado uno de sus capítulos más explosivos.
Lo que describe desmonta la leyenda pieza a pieza.
Sánchez no viajaba en el Peugeot. Se movía en un Mercedes valorado en 70.000 euros.
El Peugeot era un atrezo, un vehículo prestado para las fotos y los actos simbólicos, un elemento de comunicación política diseñado para proyectar una imagen de austeridad que no se correspondía con la realidad del operativo.
La logística del viaje era profesional y costosa. La imagen que se vendió a la militancia era la de cuatro compañeros apretados en un utilitario viejo. La realidad era otra.
El Peugeot 407 en cuestión no era propiedad de Sánchez. Ni él viajaba en él de forma habitual junto a ese trío. Ni era el vehículo principal de la campaña interna. Era, en palabras de fuentes cercanas a la reconstrucción que hace Garat, «una imagen propagandística».
Los cuatro y lo que les ha pasado
La ironía del mito del Peugeot es que sus protagonistas llevan dos años siendo devorados por la realidad que intentaron ocultar detrás de esa imagen.
José Luis Ábalos, el número dos que acompañaba a Sánchez en esa épica, está en prisión provisional desde noviembre de 2025. Imputado en el caso Koldo por irregularidades en contratos de mascarillas y obras públicas. La Fiscalía Anticorrupción le pide hasta 24 años.
Santos Cerdán, el organizador que sucedió a Ábalos como secretario del partido, dimitió cuando la UCO publicó informes que lo vinculaban a adjudicaciones irregulares con empresas como Acciona y Sacyr y a pagos en sobres. Los investigadores le atribuyen siete millones de euros en comisiones. La UCO investiga también el Audi y el Volvo de la familia.
Koldo García, el «guardián de los avales» que Sánchez inmortalizó en su libro como el fiel custodio de las 57.000 firmas, está grabado confesando mordidas y amaños. Fue quien cobró 10.000 euros mensuales en efectivo de Aldama. Fue el engranaje de toda la trama.
Tres de los cuatro ocupantes del Peugeot están entre rejas, dimitidos o investigados. El cuarto es el presidente del Gobierno que dice no saber nada de lo que hacían los hombres con quienes recorrió España durmiendo en sedes del partido.
El mito que sirvió para ganar y el lastre que no para de crecer
La leyenda del Peugeot cumplió su función. En las primarias de 2017 contra Susana Díaz, la imagen de los cuatro recorriendo el país en un coche modesto frente al aparato del partido fue uno de los argumentos más eficaces del relato sanchista. David contra Goliat. La militancia contra los barones. La autenticidad contra el establishment.
Sánchez ganó esas primarias. Y con ellas, el control del PSOE y posteriormente La Moncloa.
El problema es que la autenticidad era una construcción. Y las personas que protagonizaban esa construcción estaban, al mismo tiempo, construyendo otra cosa: una red de comisiones, contratos amañados y dinero en efectivo que la UCO ha ido documentando con una paciencia que los implicados no esperaban.
En su comparecencia ante el Senado relacionada con el caso Koldo, Sánchez evitó profundizar en los orígenes del grupo. El libro de Garat sugiere que hay razones para esa incomodidad que van más allá de la lealtad a los compañeros caídos.
La parodia que se escribe sola
Las redes ya han hecho su trabajo. Versiones de El auto de papá con Sánchez al volante del Mercedes y el Peugeot de atrezo aparcado en la puerta llevan días circulando. Es el tipo de imagen que se instala en la memoria colectiva y que ningún comunicado oficial puede borrar.
Un Peugeot 407 de 3.000 euros como símbolo de la austeridad del candidato que viajaba en un Mercedes de 70.000.
Tres de sus cuatro ocupantes mitológicos en el banquillo, dimitidos o investigados.
Y el presidente que lo inició todo diciendo que no sabía nada.
La banda del Peugeot tiene todos los ingredientes de un timo de película de serie B. Con la diferencia de que lo que robaron era real. Y que el dinero de las comisiones lo ponían los contribuyentes.
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