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Joan Vila, el celador de Olot que en 2013 fue sentenciado a 127 años por el asesinato de once ancianos en la residencia La Caritat de Olot (Gerona), está viviendo un inesperado cambio entre rejas.
Hace más de un año, expresó su deseo de cambiar de sexo y, tras ser sometido a evaluaciones médicas y psicológicas, ha comenzado el tratamiento hormonal.
Según fuentes del sistema penitenciario, ya se encuentra alojado en el módulo de mujeres del centro penitenciario Puig de les Basses, donde se le conoce con nombres como Aída o Aura, según su registro.
Durante el juicio que tuvo lugar en 2013, Vila afirmó sentirse “una mujer atrapada en un cuerpo de hombre”. Presentó informes periciales que vinculaban su angustia interna con esa identidad. Ahora, con 61 años y casi 16 años en prisión sin haber disfrutado de un solo permiso —ni siquiera para asistir al funeral de su padre—, avanza en su proceso de transición.
El equipo compuesto por psicólogos, educadores y trabajadores sociales del módulo ha ratificado su voluntad tras múltiples conversaciones. Además, cuenta con el apoyo de entidades feministas y ha pasado por la Unidad de Intervención Compensatoria (UIC) para personas vulnerables antes de integrarse con una treintena de reclusas, mayormente jóvenes. Hasta el momento, no se han reportado problemas en la convivencia.
Este proceso no modifica su condena ni su régimen cerrado. Tanto los juzgados como la Audiencia de Girona han denegado su solicitud para obtener el tercer grado y permisos. Deberá cumplir un total de 40 años efectivos, hasta alcanzar los 85. La cirugía para la reasignación sexual, que será cubierta por la sanidad pública, aún debe esperar su turno y requerirá traslados hospitalarios con cuidados adicionales. Instituciones Penitenciarias está adaptando los espacios y rutinas para garantizar la seguridad de todas las internas.
No es un caso aislado
El cambio experimentado por Joan Vila se inscribe dentro de una tendencia observada en las prisiones catalanas. Al menos otros dos presos están siguiendo caminos similares, según informan las fuentes penitenciarias.
- Pedro Jiménez: Este violador múltiple y asesino torturó y mató a dos policías durante un permiso en 2004 en Hospitalet de Llobregat. Cumplía condena en Quatre Camins, pero solicitó un traslado a Brians por motivos de seguridad tras la emisión de un documental sobre él. Ahora ha pedido iniciar tratamiento hormonal, aunque aún no ha comenzado.
- Otro caso: Un maltratador que fue condenado a 9 años en Sevilla en 2022 ya se encuentra hormonado y solicita traslado al módulo femenino alegando sentirse “intimidada y acosada”. Todo ello financiado con fondos públicos.
Estos casos plantean interrogantes sobre la ley de identidad de género. Algunos expertos juristas consideran que hay “tramposos del sexo” que aprovechan esta normativa para obtener beneficios, aunque esto no afecta a sus condenas. El Departamento de Justicia posiciona a los internos según la identidad que ellos mismos declaran, contando con personal especializado en temas de género.
Perfil de Joan Vila, el asesino en serie más prolífico del siglo XXI
Joan Vila Dilmé, nacido en 1965, se desempeñaba como auxiliar en La Caritat. Entre agosto de 2009 y octubre de 2010 asesinó a once ancianos vulnerables inyectándoles aire o fármacos letales. Este criminal ocupa el cuarto puesto entre los asesinos en serie más notorios del último medio siglo en España.
Anécdotas y curiosidades:
- Desde joven siempre afirmó sufrir disforia, pero utilizó este aspecto como atenuante durante su juicio sin éxito.
- Ingresó el 18 de octubre de 2010; lleva ya 16 años sin salidas, estableciendo así un récord en aislamiento.
- En prisión ha cambiado su imagen: ahora luce pelo largo y viste ropa femenina.
- Su defensa califica los 40 años obligatorios como una “cadena perpetua encubierta”.
- Fuentes indican que se integra adecuadamente al módulo femenino sin incidentes.
La normativa exige adaptaciones dentro del sistema penitenciario, pero también suscita debates sobre la convivencia entre reclusos y los costes derivados para el Estado. Situaciones como la vivida por Vila reavivan preguntas sobre los límites dentro del ámbito carcelario.
Este traslado al módulo femenino representa un nuevo capítulo para el celador de Olot, quien continúa cumpliendo con sus penas mientras redefine quién es realmente.
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