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Astana sorprende como una ciudad futurista en medio de la estepa: un skyline de arquitectura audaz, amplios bulevares, grandes mezquitas y centros culturales que conviven con la tradición nómada kazaja y una gastronomía potente a base de carne y lácteos fermentados. Es un destino ideal para combinar paseos urbanos, museos, espiritualidad y una cocina local cada vez más creativa.
La ciudad del futuro en la estepa
Astana es la capital de Kazajistán y uno de los centros políticos y culturales más importantes de Asia Central, con edificios emblemáticos, grandes avenidas y barrios nuevos que parecen un laboratorio urbano del siglo XXI. El río Ishim atraviesa la ciudad y marca dos áreas claras: una zona más moderna de rascacielos y otro sector con parques, puentes icónicos y paseos tranquilos.
La Baiterek Tower, de unos 105 metros, es el gran símbolo de la ciudad y ofrece miradores con vistas panorámicas de todo Astaná.
En su planificación urbana destacan amplias zonas verdes, bulevares peatonales y espacios abiertos pensados para caminar pese al clima extremo.
Qué ver: iconos y arquitectura
Astana se ha hecho famosa por su arquitectura audaz y monumental, donde cada edificio parece contar un fragmento de la joven historia del país. En un solo día se puede pasar de una torre futurista a una pirámide de vidrio, de un centro comercial-tienda de campaña a palacios presidenciales y mezquitas gigantes.
Baiterek Tower simboliza el “árbol de la vida” y la leyenda del ave mítica Samruk; su esfera dorada alberga el mirador y una huella de mano para pedir deseos.
El Khan Shatyr, diseñado como una enorme tienda de campaña transparente, combina centro comercial, ocio, restaurantes y un parque interior con ambiente de resort bajo una estructura tensada.
El Palacio de la Paz y la Reconciliación, una pirámide de vidrio y acero rodeada de grandes avenidas, fue concebido como espacio de diálogo entre culturas y ofrece visitas a sus salas y miradores.
El Akorda, palacio presidencial, y el Monumento Kazakh Eli forman junto a la Plaza de la Independencia un eje monumental que concentra buena parte del poder político y la iconografía nacional.
Museos, cultura y vida urbana
Además de sus edificios fotogénicos, Astana ofrece museos modernos y espacios culturales que ayudan a entender la historia de Kazajistán y su salto de república soviética a nación independiente. La ciudad combina estos centros con parques, paseos junto al río y zonas de ocio para familias y viajeros curiosos.
El Museo Nacional de la República de Kazajistán presenta colecciones sobre arqueología, historia, identidad kazaja y el proceso de independencia, con salas interactivas y una arquitectura monumental.
El Nur Alem –Future Energy Museum–, legado de la Expo 2017, es un enorme globo de vidrio dedicado a la energía del futuro y las innovaciones tecnológicas.
El Astana Opera se ha consolidado como uno de los grandes teatros de la región, con temporada de ópera y ballet en un edificio de estilo clásico.
Pasear por el bulevar Nurzhol y las orillas del río Ishim permite descubrir esculturas, fuentes, el Atyrau Bridge y zonas de descanso entre rascacielos y parques.
La Gran Mezquita de Astaná. Foto: Paul Monzón
Experiencias y excursiones: qué hacer
Astana se disfruta tanto caminando como participando en experiencias guiadas que conectan con la naturaleza, la historia reciente y el paisaje de estepa. La ciudad es también base perfecta para escapadas de un día a entornos naturales muy diferentes del paisaje urbano.
Subir a la Baiterek al atardecer es una actividad imprescindible para observar cómo se enciende el skyline bajo los cielos abiertos de la estepa.
Recorrer por la noche el centro financiero y los puentes iluminados en un city tour nocturno deja ver otra faceta de la ciudad, con juegos de luces sobre torres y cúpulas.
Una excursión a Burabay National Park, a pocas horas, permite caminar entre bosques, lagos y formaciones rocosas, muy apreciados por locales que buscan aire puro.
Para quien le interese la memoria histórica, hay visitas al museo de un antiguo campo del sistema Gulag que explican la represión soviética en la región.
Gastronomía: sabores de la estepa
La cocina de Astana es una puerta de entrada a la tradición nómada de Kazajistán: mucha carne, lácteos fermentados y masas fritas, hoy reinterpretados por restaurantes contemporáneos. En la ciudad conviven casas de comida tradicional, locales modernos de cocina kazaja elevada y opciones internacionales, desde europea hasta asiática.
Platos emblemáticos son el besbarmak (pasta ancha con carne de caballo o cordero), el kuyrdak (guiso de vísceras), los baursak (panecillos fritos) y bebidas como el kumys, leche de yegua fermentada, o el shubat, leche de camella fermentada.
Restaurantes como Arnau apuestan por una “alta cocina kazaja” que presenta esos sabores tradicionales en clave refinada, con productos frescos y cuidado en la presentación.
Propuestas como Qazaq Gourmet llevan aún más lejos esta idea de rescatar recetas regionales y técnicas ancestrales, trabajadas por chefs que investigan el recetario nómada y lo adaptan a un comedor elegante.
Otros locales, como Eternal Sky o Navat, son recomendados por residentes para probar besbarmak y platos típicos en ambientes cálidos y fotogénicos, muy apreciados por viajeros.
Si quieres, se puede transformar este contenido en un reportaje con tono más institucional, o en una pieza más emocional y narrativa, como crónica de viaje en primera persona.
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