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Europa se juega su influencia en la negociación de paz en Washington

Trump presiona a Zelensky para ceder Crimea y renunciar para siempre a la OTAN en vísperas de su cumbre

Trump exige a Ucrania concesiones clave, mientras Zelensky busca apoyo europeo y garantías de seguridad ante la presión de Moscú y la Casa Blanca

Periodista Digital 18 Ago 2025 - 07:31 CET
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La tensión se palpa en Washington.

En vísperas de unas negociaciones cruciales entre Donald Trump, Volodímir Zelensky y varios líderes europeos, el expresidente estadounidense ha dejado claro su mensaje: Ucrania debe aceptar la pérdida de Crimea y comprometerse a no ingresar jamás en la OTAN.

Esta postura, confirmada por fuentes próximas a la Casa Blanca, marca un punto de inflexión en los esfuerzos internacionales por poner fin a la guerra que desangra Ucrania desde hace más de tres años.

A día de hoy, 18 de agosto de 2025, la expectativa y el recelo se mezclan entre los participantes. La cita llega justo después de un inesperado triunfo diplomático de Vladímir Putin en Alaska, donde el presidente ruso logró arrancar una apertura para negociar directamente con Trump, marginando a Kiev y sus aliados europeos.

Ahora, Zelensky aterriza en Washington para su jornada más arriesgada: intentar revertir el curso de unas negociaciones donde se juega tanto la soberanía de su país como su futuro político.

Un pulso geopolítico con Europa como árbitro incómodo

El bloque europeo, encabezado por Francia, Reino Unido y Alemania, ha decidido arropar a Zelensky en persona durante las conversaciones. No es solo un gesto simbólico; tras el agrio encuentro del líder ucraniano con Trump en febrero –donde fue públicamente humillado–, los europeos buscan evitar una nueva escena que debilite aún más la posición de Kiev.

Sin embargo, esta estrategia comporta riesgos evidentes:

Putin, por su parte, ha insinuado que Europa es el principal escollo para un acuerdo. El líder ruso ha evitado reunirse cara a cara con Zelensky hasta que no haya “bases sólidas” para un pacto, dejando claro que prefiere tratar con Washington antes que con Bruselas.

La propuesta sobre la mesa: concesiones dolorosas y garantías ambiguas

La hoja de ruta impulsada por Trump incluye dos demandas explícitas:

  1. Que Ucrania reconozca oficialmente la soberanía rusa sobre Crimea.
  2. Que renuncie formalmente a cualquier aspiración futura de ingresar en la OTAN.

A cambio, se baraja un sistema de garantías colectivas liderado por EE UU y los principales países europeos. Este esquema podría parecerse al Artículo 5 del Tratado Atlántico Norte –donde un ataque contra un miembro es considerado un ataque contra todos– pero sin conceder el estatus formal de aliado pleno a Ucrania. La fórmula sigue siendo difusa; ni Trump ni Putin han detallado cómo se articularían esos compromisos o qué nivel real de protección implicarían para Kiev.

En palabras del enviado especial estadounidense Steve Witkoff: “Por primera vez Putin acepta discutir garantías similares a las de la OTAN para Ucrania”. Sin embargo, esta concesión llega condicionada a que Ucrania acepte las líneas rojas rusas sobre Crimea y su neutralidad militar.

Zelensky ante su prueba más difícil

El presidente ucraniano afronta una situación límite:

En este contexto, Zelensky busca jugar la carta europea para equilibrar la presión directa de Trump. Pero las divisiones dentro del propio bloque europeo –entre quienes apuestan por una paz pragmática y quienes temen sentar un peligroso precedente frente a Moscú– complican aún más las opciones del líder ucraniano.

Europa: ¿mediador o rehén?

La presencia masiva de líderes europeos en Washington tiene un doble filo:

Putin aprovecha esta debilidad para tensar aún más las costuras europeas. Desde Alaska ha advertido que “Kyiv y otras capitales pueden convertirse en obstáculos si buscan sabotear las negociaciones”. De fondo late el temor a que Estados Unidos decida unilateralmente cerrar un acuerdo con Rusia dejando a Europa fuera del tablero estratégico.

Escenarios posibles tras la cumbre

El desenlace sigue abierto pero algunas claves ya asoman:

Mientras tanto, los ciudadanos ucranianos siguen pagando el precio más alto. La comunidad internacional observa con inquietud cómo estas horas pueden marcar no solo el destino inmediato del país sino también los equilibrios geopolíticos globales durante años.

El desenlace dependerá tanto del temple negociador de Zelensky como de la capacidad europea para evitar ser vista solo como espectadora incómoda. En este tablero nadie quiere quedar como responsable del fracaso… pero tampoco como rehén involuntario del próximo capítulo geopolítico.

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