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El ridículo es antológico, casi tanto como la juyerga.
La travesía de la llamada Global Sumud Flotilla, liderada por figuras como Ada Colau y Greta Thunberg, ha generado una oleada de titulares tras su paso por Menorca.
A día de hoy, 5 de septiembre de 2025, los barcos —que buscan romper el bloqueo israelí a Gaza— se han visto ‘forzados’ a retornar dos veces a Barcelona, porque la cuadrilla no paraba de vomitar, y a detenerse en las Baleares para celebrar una fiesta.
Lo que debía ser un trayecto directo hacia el Mediterráneo oriental se transformó en una inesperada parada con tintes festivos en una cala menorquina, donde los activistas aflojan a la mínima y se dedican -sobre todo- a la juerga y los selfies.
El ambiente festivo y lúdico contrasta con la tensión política que rodea la misión.
La presencia de drones sobrevolando las embarcaciones ha añadido incertidumbre, aunque los organizadores insisten en que “no hubo ningún problema de seguridad”.
Según relataron, aprovecharon el incidente para ensayar protocolos ante un eventual acercamiento israelí.
Problemas técnicos, mal tiempo y logística bajo lupa
Las condiciones meteorológicas adversas han puesto a prueba la logística del convoy. Tras zarpar desde Barcelona el lunes —tras un primer intento fallido por el temporal— cinco barcos pequeños tuvieron que regresar a puerto por seguridad, quedando unas quince embarcaciones en ruta. Las fallas mecánicas obligaron a parte de la flota a recalar en Menorca para reparaciones, mientras otros barcos prosiguieron rumbo a Mallorca o esperaron instrucciones.
- La organización prevé llegar a Gaza en unas dos semanas, aunque la hoja de ruta es incierta y dependerá de nuevos incidentes o retrasos.
- El plan inicial contempla que unos veinte barcos adicionales se unan en los próximos días, algunos desde puertos italianos o tunecinos.
- Los activistas han solicitado públicamente protección al Gobierno español e instituciones internacionales para evitar incidentes diplomáticos o militares.
Esta parada no solo responde a necesidades técnicas. El propio ambiente festivo —criticado desde ciertos sectores— ha suscitado debate sobre el verdadero alcance y profesionalidad del operativo, así como sobre la solidez del plan logístico.
¿Quién financia la flotilla? Transparencia, apoyos y sospechas
Uno de los interrogantes recurrentes gira en torno a la financiación del proyecto.
La suma necesaria para movilizar decenas de embarcaciones, organizar escalas logísticas y mantener operativos a centenares de activistas no es menor. Aunque los organizadores aseguran que las aportaciones proceden principalmente de redes ciudadanas internacionales y ONG afines, no han trascendido detalles claros ni auditorías independientes sobre la procedencia exacta de los fondos.
Diversos analistas se preguntan cómo es posible sostener este despliegue humano y técnico durante semanas. La implicación directa o indirecta de partidos políticos europeos —y algún respaldo explícito por parte del presidente colombiano Gustavo Petro— alimenta suspicacias sobre posibles apoyos institucionales o estatales encubiertos. Por otro lado, voces críticas advierten del riesgo de instrumentalización mediática: “¿Y todo esto quién lo paga?” es ya una pregunta recurrente entre los comentaristas nacionales.
¿Una expedición viable? Fracaso técnico y desafío político
El hecho de que parte significativa de la flotilla tuviera que regresar a puerto pocas horas después de zarpar pone en cuestión la viabilidad técnica del proyecto. Algunos analistas subrayan que este tipo de incidentes demuestra las limitaciones materiales frente al poderío naval israelí. A pesar del simbolismo internacional, muchos expertos dudan que consigan alcanzar las costas gazatíes sin ser interceptados o sufrir nuevas averías.
- Desde 2010 ninguna flotilla ha logrado superar el cerco marítimo israelí sin detenciones o decomisos.
- El contexto actual es aún más delicado tras los últimos episodios bélicos en Gaza y las advertencias explícitas desde Tel Aviv.
- La organización denuncia que los gobiernos occidentales “no hacen lo suficiente” para romper el bloqueo ni facilitar corredores humanitarios.
No obstante, los activistas mantienen su objetivo: visibilizar el sufrimiento civil gazatí e incrementar la presión diplomática internacional. Insisten en que el valor mediático del viaje —más allá de su éxito material— puede contribuir a reabrir el debate global sobre el embargo.
Entre Túnez y Gaza: próximos pasos bajo vigilancia internacional
Tras reagruparse en las Baleares, el siguiente destino es Túnez, donde está previsto unirse con otras embarcaciones procedentes del Magreb e Italia antes de intentar cruzar hacia aguas controladas por Israel. Las autoridades tunecinas han mostrado cierto respaldo simbólico pero sin compromisos formales sobre protección naval. Mientras tanto, Israel ha reiterado su intención de impedir cualquier llegada no autorizada a Gaza.
En paralelo:
- Drones no identificados han seguido monitorizando la expedición.
- Los participantes han reforzado entrenamientos ante posibles interceptaciones.
- El calendario previsto podría alterarse si surgen nuevos contratiempos técnicos o políticos.
La travesía sigue bajo escrutinio mediático internacional. Los organizadores apuestan por sumar más apoyos sociales y políticos conforme avance la expedición. Por ahora, el futuro inmediato se escribe entre paradas forzosas, fiestas improvisadas y un mar lleno de interrogantes diplomáticos y logísticos.
La imagen final es la de una misión tan mediática como incierta: mezcla de activismo festivo, reivindicación política y desafíos reales ante uno de los bloques más férreos del Mediterráneo oriental. Un trayecto cuyo desenlace sigue abierto —y cuya repercusión política ya resuena mucho más allá del puerto menorquín.
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