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El sonido de explosiones en pleno centro de Doha sorprendió a residentes y autoridades este martes, 9 de septiembre de 2025.
La capital catarí, hasta ahora refugio diplomático y centro de mediación para Oriente Medio, fue escenario de un ataque israelí dirigido contra líderes de Hamás, según confirmaron fuentes oficiales israelíes y palestinas.
El suceso marca un antes y un después en la política de la región, pues por primera vez Israel lleva su ofensiva más allá de las fronteras de Gaza y de los territorios tradicionalmente conflictivos.
La ofensiva israelí en Doha podría cambiar las reglas del juego. Por un lado, supone un mensaje claro a Hamás y a otros grupos hostiles de que ningún refugio es completamente seguro. Por otro, debilita el papel de Catar como mediador, justo cuando más necesario es un canal de diálogo eficaz.
En este contexto, la posibilidad de un alto el fuego se complica aún más. Hamás ha tachado la propuesta estadounidense de “documento de rendición humillante” y la acción israelí puede reforzar esa percepción dentro del grupo y entre sus aliados. La presión internacional para evitar una escalada será intensa en los próximos días, pero la confianza en los mecanismos diplomáticos ha quedado seriamente dañada.
La jornada termina con la región en vilo, mientras diplomáticos y observadores intentan evaluar hasta dónde llegarán las represalias y si la ventana para la paz sigue abierta tras un día que ya es histórico en la crónica de Oriente Medio.
Un ataque quirúrgico en pleno corazón de Catar
La operación se centró en un edificio que albergaba la sede política de Hamás, donde se encontraban altos responsables del grupo, incluido Khalil al-Hayya, principal negociador y figura clave del exilio gazatí. Imágenes difundidas tras la explosión muestran la estructura seriamente dañada, con humo negro ascendiendo sobre el perfil de Doha. Las autoridades locales, rápidamente, confirmaron el ataque, aunque no reportaron víctimas mortales ni heridos entre los negociadores, que al parecer lograron sobrevivir.
El portavoz militar israelí señaló a la Fuerza Aérea como ejecutora del ataque, realizado, según el primer ministro Benjamin Netanyahu, de manera “totalmente independiente” y asumiendo “toda la responsabilidad” por la acción. Netanyahu subrayó que el objetivo era la cúpula de Hamás, a la que responsabiliza de orquestar tanto la masacre del 7 de octubre de 2023 como la guerra actual.
Catar y la comunidad internacional, en estado de alerta
La reacción de Catar fue inmediata. Su Ministerio de Asuntos Exteriores condenó lo que calificó de “cobarde ataque israelí” y denunció una “violación flagrante de todas las leyes y normas internacionales”. El portavoz Majed al-Ansari declaró que Catar no tolerará “este comportamiento temerario ni ningún acto que atente contra su seguridad y soberanía”.
Las repercusiones diplomáticas no se hicieron esperar. El ataque coincide con un momento crítico: negociadores de Hamás discutían en Doha una propuesta estadounidense de alto el fuego en Gaza. Diversas fuentes señalan que la acción israelí podría descarrilar las ya delicadas negociaciones para poner fin a la guerra y lograr la liberación de rehenes israelíes. Egipto, actor clave en la mediación, confirmó que el ataque tuvo lugar justo cuando estaba prevista una reunión crucial sobre la propuesta de alto el fuego.
El Papa León XIV expresó su “profunda preocupación” y calificó la situación de “muy grave”, instando a la comunidad internacional a trabajar activamente por la paz. La Casa Blanca, por su parte, confirmó que fue informada previamente del ataque, pero evitó condenar explícitamente la operación.
Contexto: Hamás en Catar y la evolución del conflicto
Desde hace años, Doha se ha convertido en sede de la dirección política de Hamás, ofreciendo un espacio seguro para sus líderes y facilitando canales de diálogo entre las partes enfrentadas. Catar, junto con Egipto, ha sido fundamental en las negociaciones de tregua y en la entrega de ayuda humanitaria a Gaza.
El ataque israelí en territorio catarí supone un giro en la estrategia de Tel Aviv. Hasta ahora, Israel había limitado sus acciones directas a Gaza, Cisjordania y, esporádicamente, a Siria y Líbano. Al trasladar la ofensiva a un país del Golfo con fuerte presencia diplomática y militar internacional (la base de Al Udeid alberga el Mando Central de EE UU), Israel desafía abiertamente a una potencia mediadora y pone en entredicho la inviolabilidad de sus fronteras.
A día de hoy, 9 de septiembre de 2025, Oriente Medio vive un momento de máxima tensión. El ejército israelí ha ordenado la evacuación total e inmediata de la ciudad de Gaza, anticipando una ofensiva de gran envergadura. La operación en Doha podría interpretarse como un intento de presionar a Hamás para que acepte las condiciones de alto el fuego, pero también puede ser vista como una provocación que dificulte cualquier tipo de acuerdo.
El ataque ha generado una ola de solidaridad hacia Catar desde varios países árabes, que lo ven como un ataque a la soberanía regional. Al mismo tiempo, se teme que la acción israelí siente un peligroso precedente y anime a otros actores a cruzar líneas rojas en el futuro.
La continuidad de los vuelos comerciales y la rápida patrulla aérea catarí indican que las autoridades buscan contener el pánico y evitar una escalada mayor. Sin embargo, la situación es volátil: Irán ya atacó anteriormente la base de Al Udeid durante la guerra con Israel, demostrando lo rápido que pueden escalar las hostilidades en la zona.
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